# Historia Militar

EL FRENTE DE CHINA DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

El Frente de China fue abierto mucho antes de iniciarse la Segunda Guerra Mundial en Europa. Cubrió todo el territorio de las actuales República Popular de China, las dos Coreas y parte de Mongolia. Fue abierto por el Imperio de Japón al invadir Manchuria y luego el resto de China en la Segunda Guerra Sino-Japonesa. Fue cerrado por las fuerzas conjuntas de la Unión Soviética y la República de China en 1945. La guerra librada en China antes y durante la Segunda Guerra Mundial puede dividirse en cuatro campañas:

Invasión japonesa de Manchuria: Incidente de Mukden

Invasión japonesa de China: Segunda Guerra Sino-Japomesa

Choques entre soviéticos y japoneses en Mongolia: Batalla de Khalkhin Gol

Captura de Hong-Kong: Batalla de Hong Kong

Expulsión japonesa de China y Manchuria: Operación Tormenta de Agosto

 

Los países que enviaron cantidades importantes de sus ejércitos a este frente fueron: China, Gran Bretaña, Japón, Mongolia y la Unión Soviética. Tropas de los Estados Unidos y de la Mancomunidad de Naciones también participaron. Las tropas del Partido Comunista Chino se enfrentaron a los japoneses en sus posiciones en el norte de China, y al finalizar la guerra ayudaron a expulsar a los nipones, ocupando espacios importantes.

Primeras Guerras con China y Rusia

Las transformaciones tecnológicas y comerciales de la Era Meiji catapultarían a Japón a pasar de una nación feudal a convertirse en un estado moderno en pocas décadas, aunque el sistema político no evolucionaría tan rápido. En búsqueda de recursos, Japón luchó en la Primera Guerra Sino-Japonesa[1] que terminó con la derrota china y con el control nipón de Corea. Esta victoria fue una sorpresa para las naciones europeas, y Rusia, deseando arrebatar Manchuria la cada vez más débil China, empezó a considerar a Japón como a un rival. Debido a esto, la presión occidental obligó a Japón a devolver, en abril de 1895, parte de los territorios que había ganado a China, incluyendo Taiwán y Port Arthur. Este último puerto era deseado por Rusia, ya que no sus aguas no se congelaban en el invierno, por lo que después de haber participado ayudando a sofocar la rebelión de los Boxers[2], Rusia arrendó, en 1896, Port Arthur por 25 años e inició la construcción del Transiberiano. Gran Bretaña se percató del fortalecimiento ruso en la región y forjó una alianza con Japón en 1902, que incluía la venta de buques de guerra y entrenamiento de infantes de marina. Japón, harta de la intromisión rusa en Manchuria y Corea, atacó a la flota rusa en Port Arthur, sin previa declaración de guerra, el 8 de febrero de 1904. Luego, fuerzas niponas desembarcaron en Corea y para finales de abril llegaron a Manchuria. Posteriores desembarcos nipones en las costas de Manchuria en mayo, obligaron a los rusos a refugiarse en Port Arthur, en espera de refuerzos desde el Transiberiano. La caída de Port Arthur, la destrucción de la flota rusa en el Lejano Oriente y la posterior destrucción de otra flota rusa recién llegada, debilitaron al gobierno del Zar Nicolás II, que solicitó un armisticio. Japón, debilitada económicamente e incapaz de conseguir recursos para expulsar a los refuerzos rusos en el norte de Manchuria, accedió, pero saca la mejor parte. Japón obtuvo Corea, Liadong junto con Port Arthur, la mitad sur de la isla de Sajalin, e incrementó su influencia en Manchuria. De esta manera, el Imperio nipón adquirió un prestigio militar y naval que duraría hasta la Segunda Guerra Mundial. La Primera Guerra Sino-Japonesa (1894-1895) enfrentó a Japón y China, principalmente por el control de Corea. En chino, para distinguirla de la Segunda Guerra Sino-Japonesa, se la conoce como «Guerra Jiawu», ya que ocurrió en el año chino que lleva ese nombre. En marzo de 1895 los dos países firman el tratado de Shimonoseki y China acepta la cesión de Taiwán, las Islas Pescadores y Liadong a Japón. Sin embargo, ese mismo año Rusia, que veía cómo la expansión de Japón ponía en peligro sus intereses geopolíticos en la zona, apoyada por Francia y el Reino Unido presionaron al gobierno japonés para que amistosamente reconsiderara la ventajas obtenidas por el Tratado de Shimonoseki. Japón, que se veía incapaz por el momento de enfrentarse a Rusia, sobre todo por estar respaldada por franceses y británicos, cedió y tuvo que renunciar, en favor de Rusia, a los derechos adquiridos sobre la península de Liaodong y su codiciada plaza estratégica de Port Arthur. Este hecho, pese a conservar el resto de ganancias territoriales y la influencia sobre Corea, crearía un considerable ánimo de revancha en los nipones; diez años más tarde no perderían la oportunidad de desquitarse mediante la Guerra Ruso-Japonesa

Ocupación de Manchuria
La Primera Guerra Mundial se convirtió en una oportunidad única para que Japón consolidara su posición de potencia mundial y fuese reconocida como primera potencia asiática. Japón protegió el Pacífico y el Índico de la Kaiserliche Marina Alemana[3], por lo que recibió las posesiones alemanas en China y las Marianas, las Marshall y las Carolinas. Además, Japón obtuvo un puesto en el Tratado de Versalles y en la Sociedad de Naciones. No obstante, durante el decenio de 1920 y 1930, surgieron problemas derivados del atrasado sistema político japonés. Por un lado, los grupos más conservadores como el ejército empezaron a protestar por la aparente debilidad del gobierno japonés en China, que según ellos, no hacía lo suficiente para proteger el interés nipón en la región. Por el otro lado, el auge comercial que había alcanzado luego de la Primera Guerra Mundial disminuyó cuando, en 1921, Europa comenzó su recuperación. Las nefastas consecuencias de la Gran Depresión, aumentó las tarifas de los países extranjeros para los productos japoneses, y la peor pobreza se vio reflejada en el norte, donde los humildes campesinos culparon al gobierno nipón de sus desdichas. La suma de estos problemas y la actitud de los señores de la guerra chinos y del Kuomintang, tratando de desplazar los negocios japoneses, derivó en la invasión a Manchuria en septiembre de 1931. Esta invasión se produjo cuando oficiales nacionalistas japoneses colocaron una bomba en las vías del ferrocarril manchuriano, y luego culparon a nacionalistas chinos. La invasión se produjó sin la autorización del gobierno deTokyo, lo que fue una muestra de que el gobierno civil había perdido el control de los militares. El general chino Zhang Xueliang decidió no ofrecer resistencia, en vista de la clara superioridad tecnológica de Japón, y el gobierno de la República de China sufrió la primera de las muchas derrotas que minarían su popularidad. El incidente de Mukden (18 de septiembre de 1931), también conocido como el incidente de Manchuria, tuvo lugar en el norte de Manchuria, cerca de Mukden (hoy Shenyang), en donde un tramo del Ferrocarril del Sur de Manchuria, compañía de propiedad japonesa, fue dinamitado. El ejército japonés responsabilizó a los disidentes chinos del ataque, proporcionando un cassus belli que justificaba así la anexión de la región china de Manchuria por parte de Japón. En ocasiones se ha comparado este episodio con el incendio del Reichstag en Alemania. En chino se conoce como el «Incidente del 18-9». Tras la guerra ruso-japonesa (1904–1905)[4] Japón había relevado a Rusia como la potencia extranjera dominante en el sur de Manchuria. El coronel Seishiro Itagaki y el teniente coronel Kanji Ishiwara presuntamente habrían planeado el incidente en el cual oficiales del Regimiento Shimamoto, que protegían el Ferrocarril del Sur de Manchuria, hicieron que sus zapadores colocaran los explosivos en las vías. Después de la explosión los japoneses rodearon a los soldados chinos acantonados en las cercanías y los atacaron bajo la justificación de que las propiedades japonesas debían ser defendidas de los ataques de los chinos. Aunque el gobierno japonés se opuso a la estratagema y sus dirigentes se comprometieron con la Sociedad de Naciones a retirarse, el ejército establecería posteriormente el estado títere de Manchukuo en febrero de 1932. Japón posteriormente se retiró de la Sociedad de Naciones en 1934. El gobierno de la República Popular China inauguró el Museo del Incidente del 18-9 en Shenyang (actual nombre de Mukden) el (18 de septiembre de 1991. El Primer Ministro japonés Ryutaro Hashimoto fue una de las personalidades que visitaron el museo en 1997. El incidente de Mukden aparece en la historia de Tintín titulada El loto azul (1936, 1946). Aún no está claro quién voló el ferrocarril japonés en Mukden. Algunos afirman que se trataba de disidentes chinos, otros que no es posible llegar a ninguna certeza debido a la falta de pruebas históricas. Sin embargo, gran parte de la historiografía sobre el tema sostiene que fue obra de los militares japoneses que buscaban un casus belli justificativo de sus ansias expansionistas a un doble nivel; frente a su propio gobierno y el Emperador Hirohito, que como se ha dicho no habían autorizado la operación, y frente a la comunidad internacional. El Museo del Incidente del 18-9 en Shenyang, abierto por la República Popular China, sostiene que los explosivos fueron colocados por Japón. El museo anexo al santuario Yasukuri en Japón culpa a los terroristas chinos. La enciclopedia Columbia sostiene que el origen de las bombas es incierto. Sin embargo, sólidas pruebas apuntan a una conspiración del Ejército Kwantung para causar la explosión. Aunque una mayoría de militares japoneses negó haber colocado las bombas, el mayor Hanaya ha confesado que la bomba fue colocada y el incidente promovido por ellos.

 

Invasión de China 1937-1938

Después de haber cedido terreno entre 1931 y 1937, el cada vez menos popular gobierno nacionalista chino de Chiang Kai-sheck permitió que los japoneses establecieran guarniciones en las principales ciudades gubernamentales: Beiping (actual Pekín) y Shanghái. En Manchuria se había establecido un estado títere llamado Manchukuo, gobernado nominalmente por el Emperador Puyi. Esta agresión japonesa sería condenada en la Liga de Naciones, y Japón se retiraría del organismo, desafiándolo. Finalmente, en julio de 1937, tras el incidente del puente de Marco Polo, los nacionalistas chinos por fin decidirían hacerle frente a Japón, y se llevaría a cabo una cruenta guerra no declarada que duraría hasta 1945. Después de haber ocupado Pekín y Shangai, las tropas japonesas se aproximarían a la entonces capital de China, Nanjing, tomándola en diciembre de 1937. Lo que siguió a continuación fue uno de los episodios más oscuros de la guerra, ya que las tropas niponas se entregaron a una orgía de matanzas y violaciones por seis semanas. De acuerdo al Tribunal de Guerra de Tokyo, murieron unas 100.000 personas a manos de las tropas comandadas por el general Iwane Matsui, pero distintas fuentes hacen llegar la cifra hasta 200 mil. La ofensiva japonesa continuaría hasta octubre de 1938, cuando se agotaría por sí misma. El gobierno nacionalista se refugiaría en Chongqing, donde pasaría el resto de la guerra, mientras que los sobrevivientes del Partido Comunista Chino, al mando de Mao Zedong, se fortalecerían en Yan’an. Una inundación provocada del río amarillo y la persistencia china a no rendirse a pesar de las derrotas, frustaron a los generales japoneses, que regresarían a Manchuria, con el objetivo de acabar con la influencia rusa en la región de una vez por todas. La Segunda Guerra Chino-Japonesa[5], transcurrió entre los años 1937 y 1945, en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Comenzó cuando el ejército japonés, que ya controlaba Manchuria, inició la invasión del norte y el este de China. La invasión concluyó con la rendición de Japón en 1945. En chino, esta guerra es conocida como Guerra de Resistencia anti-japonesa del Pueblo de China. La Segunda Guerra Sino-Japonesa supuso la culminación de la tensión creciente entre China y Japón, que se remontaba a la anterior guerra entre los dos países. Tras la Primera Guerra Sino-Japonesa, Japón había incorporado ya Taiwán a su territorio, y los planes expansionistas de este país continuarían durante el principio del siglo XX. Al final de la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Versalles (1919) había concedido a Japón numerosos privilegios comerciales en China, que causaron un gran resentimiento entre la población china, que desembocó en las protestas populares del Movimiento del Cuatro de Mayo en ese día del año 1919. A partir de 1931, Japón establecía el estado títere de Manchukuo en Manchuria, ante la impotencia de la República de China, gobernada por el partido nacionalista Kuomingtang (KMT), que parecía incapaz de garantizar la integridad territorial del país.

La Invasión Japonesa

Esta tensión creciente se convertiría en una guerra abierta el 7 de julio de 1937, tras el incidente del Puente de Marco Polo, cuando tropas japonesas estacionadas en Manchuria se enfrentaron al ejército de la República de China en las cercanías del Puente de Marco Polo, unos veinte kilómetros al oeste de Pekín. Esta batalla comenzó porque las tropas japonesas creían erróneamente que uno de sus hombres había sido hecho prisionero por los chinos. Japón exigió disculpas formales a China, lo cual fue rechazado por el hombre fuerte de China en aquellos momentos, el Generalísimo Chinag Kai-Shek, quien ordenó al ejército luchar contra los japoneses en el norte y el 14 de agosto mandó a la fuerza aérea del ejército chino a bombardear los barcos de la marina japonesa anclados frente a las costas de Shanghai. La violenta reacción china provocó la movilización del Ejército Imperial Japonés, que en poco tiempo había logrado hacerse con el control de la región de Pekín y Tianjin en el norte, y que luego atacó a la bahía de Hangzhou en el sur. La guerra abierta con Japón puso fin a los intentos de Chiang Kai-shek de unificar el país. Ante el avance japonés, el gobierno del Kuomintang se vio obligado a abandonar la capital Nanjing, replegándose hacia el interior, primero a la ciudad de Wuhan y, después, a la ciudad interior de Chongqing, lugar remoto desde el cual parecía difícil llevar a cabo una contraofensiva. El ejército japonés ocupó la mayor parte de la franja costera oriental de China, controlando los principales centros de producción económica. Al régimen títere de Manchukuo se sumaron otros tres regímenes títeres, uno en Mongolia Interior, que los japoneses querían separar de China como habían hecho con Taiwán y Manchuria, y otros dos regímenes títeres en Pekín y Nanjing. En esta última ciudad las tropas japonesas entraron el 13 de diciembre de 1937 desencadenando una campaña de extraordinaria violencia contra la población civil, la llamada masacre de Nanjing, en la que murieron miles de personas (las estimaciones varían desde unas 20.000 a 200.000 víctimas, según las fuentes). La invasión japonesa supuso también el final de la persecución a la que el gobierno del KMT había sometido al Partido Comunista de China. El estado de crisis nacional forzó la colaboración entre el KMT y el Partido Comunista. Aunque Chiang Kai-shek[6] era al principio reacio a esta colaboración con el Partido Comunista, tuvo que aceptarla a raíz del incidente de Xi’an, cuando el mariscal Zhang Xueliang, militar favorable a una alianza entre el KMT y el Partido Comunista que controlaba la región de Shaanxi, detuvo a Chiang Kai-shek en Xi’an, manteniéndolo prisionero hasta que aceptó el establecimiento de un frente común entre el KMT y los comunistas para defenderse frente a la agresión japonesa. La invasión japonesa permitió así al Partido Comunista reagruparse en su base norteña de Yan’an, ciudad desde la cual controlaban una parte de Shaanxi y de Mongolia Interior, así como la totalidad de Gansu y Ningxia. Muchos intelectuales afines al Partido Comunista, como la escritora Ding Ling, se unieron a los comunistas en Yan’an, mientras el régimen debilitado de Chiang Kai-shek mantenía un control tenue sobre el sur de China desde la capital provisional de Chonqqing. A finales de 1938, Japón controlaba el norte y una sección importante del centro de China. No obstante, la negativa de los gobernantes chinos a rendirse, a pesar de los desastres militares, frustraron las esperanzas japonesas de una victoria rápida. En efecto, a inicios de 1939, la política expansionista japonesa empezó a buscar territorios menos «problemáticos» al territorio chino, quedando relegado este frente a un segundo plano militar para los gobernantes japoneses. Esto no significó ningún alivio para las tropas chinas, ya que aunque el avance japonés fue más lento, los chinos no pudieron organizar ningún contraataque coherente. La entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial a finales de 1941 frenó el avance japonés en China. Al igual que en China, la esperanza japonesa de una victoria rápida sobre los Estados Unidos no se concretó, y la llegada al Océano Pacífico de tropas estadounidenses convirtió a la guerra con China en una carga para Japón. Si bien la presencia de tropas japonesas en China limitó el alcance de los bombardeos estadounidenses, se tuvo que mantener una gran guarnición de soldados para controlar a la incontable población china, soldados que sin ninguna duda hubieran sido de ayuda en Birmania o Guadalcanal. No fue hasta 1944 cuando los líderes japoneses mostraron interés en China de nuevo. Debido a la presencia de bases aéreas estadounidenses en China, Japón lanzó la Operación Ichi Go[7], cuyo objetivo era eliminar estas bases, con lo que detendría los bombardeos en las islas japonesas. Además, se formaría un enlace terrestre con la guarnición japonesa en la Indochina francesa. La operación fue un éxito, pero las bases estadounidenses fueron trasladadas a las recién capturadas Islas Marianas, y los bombardeos sobre Japón continuaron. La rendición de Alemania en mayo de 1945 selló finalmente el destino de Japón, ya que permitió al victorioso Ejército Rojo soviético intervenir en Manchuria el 8 de agosto de ese año, dos días después de que la bomba atómica fuese lanzada por los Estados Unidos sobre la ciudad japonesa de Hiroshima y un día antes de que otra bomba fuese lanzada sobre Nagasaki. Estos hechos forzarían la rendición japonesa y su retirada de Asia continental. El final de la guerra supuso la salida definitiva de Japón del territorio chino. Todo el territorio ocupado, así como Manchuria y Taiwán, volvían a estar bajo soberanía nominal china, y Chiang Kai-shek restablecía el gobierno de Nanjing. Sin embargo, las fuerzas comunistas de Yan’an, muy fortalecidas por los años de guerra y por la intervención soviética en Manchuria, aumentaban su control sobre numerosas zonas de la China rural. La salida de los japoneses daba paso así a una guerra civil abierta entre el KMT de Chiang Kai-shek y los comunistas de Mao Zedong.

La Batalla de Shangai

La Batalla de Shanghái[8] fue el primer enfrentamiento importante entre las fuerzas del Ejército Nacional Revolucionario de China y las fuerzas imperiales del Japón durante la Segunda Guerra Sino-Japonesa. Fue el primer intento serio de detener el avance japonés en China de 1937, imparable desde el incidente del Puente de Marco Polo. Después de observar impotente como el territorio chino era anexado poco a poco por Japón, el Generalísimo Chiang Kai Shenk[9] inició la retirada organizada de sus fuerzas hacia el interior de China después de que las hostilidades con Japón se reiniciaran en julio de 1937. En un intento de ganar tiempo y levantar la baja moral de sus tropas, Chiang Kai-shek envió a sus mejores tropas a Shanghái, permitiendo la evacuación de muchas industrias hacia otras regiones. Durante los próximos tres meses, el centro de Shanghái, sus suburbios y la costa de Jiangsu fueron escenarios de una de las más brutales batallas del siglo XX. Con poco apoyo aéreo y de artillería, el Ejército de la China perdió a sus mejores tropas en esta batalla, sin lograr conseguir apoyo internacional. Por otro lado, las tropas japonesas sufrieron una impactante sorpresa al encontrarse con una inesperada resistencia china, ya que se había pronosticado que Shanghái caería en menos de una semana. Esta batalla representaría el inicio de la obstinada resistencia que el expansionismo japonés encontraría en China, y entre otras cosas, llevaría a los militares japoneses a ocupar las colonias europeas en el sudeste de Asia. Si bien la guerra no declarada entre Japón y China había sido iniciada en 1931 con el incidente de Mukden, no fue hasta el incidente del Puente de Marco Polo que los combates entre las fuerzas del Kuomintang y las fuerzas japonesas estacionadas en Manchuria se encrudecieron, no obstante, ninguno de los dos países se declaró la guerra por miedo a la alienación europea y estaodunidense. Los jefes militares chinos se dieron cuenta que debido a la carencia de tropas estacionadas en el norte de China, la falta de transportes suficientes para llevar tropas del sur al norte, y el retraso en la construcción de puntos fuertes en el norte, era imposible proteger las provincias alrededor de Pekín. Sin fuerzas organizadas para detener el avance japonés del norte al sur de China, se decidió que para evitar que las fuerzas chinas en Shanghái y Nankín quedaran aisladas, lo mejor sería atraer a las fuerzas japonesas hacia Shanghái, al este, con el objetivo de permitir que se evacuase al gobierno y a la industria. No obstante, estaba claro que finalmente Shanghái, Nankín y Wuhan serían entregadas a Japón. Esta política china aprovechaba el gran territorio chino y fue llamada «espacio por tiempo». La provincia de Jiangsu era muy importante para la facción nacionalista del Kuomintang, ya que otras regiones de China estaban controladas por los señores de la guerra o por el partido comunista chino. Los japoneses estaban confiados respecto a la victoria sobre China. De hecho, el Almirante japonés Mitsumasa Yonai tuvo que presionar a los generales del ejército Kanji Ishiwara y Yoshijijro Umezu para que accedieran a enviar tropas del ejército a Shanghái, ya que estos generales consideraban que sólo la Armada Imperial japonesa podía tomar la ciudad. Debido a un acuerdo firmado en 1932 entre China y Japón, en la ciudad existían varias guarniciones japonesas, y no estaba permitido la entrada de tropas chinas a Shanghái. Cuando se iniciaron los combates, los soldados japoneses se atrincheraron en sus casi 80 bunkers en la ciudad y las patrullas japonesas empezaron a navegar por los ríos que atravesaban la ciudad, manteniéndola en su rango de ataque. La tensión que existía en Shanghái en esta guerra no declarada alcanzó su punto máximo cuando el 9 de agosto el Primer Teniente japonés Isao Oyama intentó entrar al aeropuerto Hungchiao, violando acuerdos firmados, que prohibían la entrada de soldados japoneses a dicho aeropuerto. Oyama fue asesinado en el lugar y aunque Japón pidió disculpas por las acciones de Oyama, envió más tropas a Shanghái el 10 de agosto. Al día siguiente, Chiang Kai-shek envió soldados a la región de Shanghái, violando los acuerdos firmados en 1932. El 12 de agosto las autoridades japonesas exigieron la retirada de las tropas chinas desplegadas a las afueras de Shanghái, así como de las fuerzas policiales en la ciudad. Las autoridades chinas se negaron, argumentando que con ambos países en guerra en el norte, no podían retirar sus tropas en el centro y el este, aunque aseguraron que sus fuerzas sólo actuarían si eran atacadas. Japón suspendió el diálogo y la guerra en el norte de China se trasladó también al este.

La Batalla

En la mañana del 13 de agosto las fuerzas policiales especiales chinas de Shanghái abrieron fuego contra las tropas japonesas ubicadas en Shanghái, lo que motivó que mayores unidades militares se involucraran. En la tarde, la flota japonesa ubicada en los ríos Huangpu y Yangzi abrió fuego contra las posiciones chinas en la ciudad. Esa noche, Chiang Kai-shek ordenó al General Zhang Zhizhong iniciar la ofensiva hacia Shanghái al día siguiente. El 14 de agosto, la fuerza aérea china bombardeó diversas regiones controladas por los japoneses, limpiando el camino para las fuerzas terrestres chinas, que empezaron a avanzar a las 3:00 pm. Ese mismo día, el gobierno chino realizó la Proclama de la Auto-Defensa y la Guerra de Resistencia, iniciándose oficialmente el asalto hacia Shanghái. El plan original de Zhang Zhizhong era utilizar su superioridad numérica para empujar a los japoneses al Huangpu, los puertos de este río deberían ser bloqueados para evitar la llegada de refuerzos. La 88ª División china se dirigiría al distrito de Zhabei, donde estaban los cuarteles generales japoneses, mientras que la 87ª División china se dirigiría a los cuarteles generales navales japoneses. Zhang Zhizhong pensaba que con el factor sorpresa tomaría sus objetivos en una semana, pero las fuertes fortificaciones japonesas retrasaron de manera alarmante el avance chino. En efecto, los obuses de 150 mm chinos no penetraban las defensas japonesas, y los soldados chinos debían avanzar hasta los puntos fuertes japoneses con granadas para dejar fuera de combate a los defensores. El 16 de agosto, con el factor sorpresa perdido, Zhang Zhizhong ordena rodear los puntos fuertes japoneses, en lugar de atacarlos de frente. Esta táctica fue exitosa, y muchas posiciones japonesas fueron completamente rodeadas, y luego fueron exterminadas en un día. No obstante, la llegada de los tanques japoneses desarticuló los cercos chinos, y el 18 de agosto se canceló el ataque. Ese mismo día el general Chen Cheng llegó a Shanghái y después de discutir con Zhang Zhizhong, enviaron a la recién llegada 36ª División a tomar los puertos de Hueishan, en el río Huangpu. El 22 de agosto, la 36ª División llegó a sus objetivos, pero la falta de coordinación entre sus tanques y la infantería ocasionó que los tanques llegaran primero, siendo presa fácil de las armas anti-tanque. La infantería que fue llegando fue aniquilada con lanzallamas y ametralladoras. Aunque los japoneses habían retrocedido al Huangpu, unos mil soldados de la 36ª División fueron asesinados junto con más de 90 oficiales.

El 22 de agosto, tres divisiones japonesas desembarcaron a unos 50 km al noreste del centro de Shanghái, lo que obligó al Alto Mando Chino a enviar tropas a los distritos al norte de la ciudad, para hacerle frente a las tropas japonesas. Debido a esto, el desplazamiento del frente en el centro de la ciudad se detuvo, y durante tres meses ambos bandos estuvieron manteniendo sus posiciones, sin que ninguno lograra ganar terreno. Durante toda la campaña, las fuerzas aéreas chinas y japonesas estuvieron enfrentándose, sufriendo cada bando un número similar de bajas, no obstante, China estaba utilizando casi toda su flota aérea en los enfrentamientos, incapaz de producir aviones nuevos, mientras que Japón estaba produciendo aviones nuevos continuamente. Los continuos bombardeos japoneses empezaron a causar estragos en la población, y las bajas civiles fueron elevadas. El 23 de agosto, desembarcó en Liuhe, Wusong, y Chuanshakou, al noreste de Shanghái, la Fuerza Expedicionaria Japonesa de Shanghái, comandada por Iwane Matsui. A pesar de que Chiang Kai-shek y Chen Cheng habían previsto desembarcos en la costa y las habían fortificado, los trabajos de defensa chinos no resistieron el serio bombardeo naval y aéreo que sufrió la costa antes del desembarco. No obstante, los soldados chinos que sobrevivieron a los bombardeos continuaron resistiendo a las mejor equipadas tropas japonesas, aprovechando la noche para contraatacar. Durante las próximas dos semanas los pueblos de la costa frente a Shaghai fueron escenario de fuertes combates sino-japoneses, donde el 18º Ejército intentó detener los desembarcos con poco apoyo aéreo y sin apoyo naval. Los apurados trabajos de fortificación chinos los obligaron a construir en terrenos poco firmes, y en muchos casos, la lluvia era suficiente para derribar las defensas costeras. La falta de materiales obligó a los soldados chinos a buscar ladrillos en casas destruidas. A finales de agosto, la inminente caída de Baoshan, un pueblo costero estratégico, marcó el fin de la contención china. Un batallón fue enviado a defender el pueblo, casi completamente rodeado por japoneses. El 5 de septiembre, el batallón chino, comandado por Yao Zqing, fue rodeado, no obstante, los soldados chinos no se rindieron y el mismo Yao murió en combate. El pueblo fue tomado al día siguiente, siendo capturado vivo un soldado chino. Al haberse perdido Baoshan, el 11 de septiembre el Ejército chino pasó a la defensiva en el pueblo de Luodian, que servía de enlace entre varias pueblos. La caída de Luodian abriría las puertas a Shanghái y a Suzhou. Chiang Kai-shek ya había previsto la defensa de este pueblo, aconsejado por su amigo Alexander von Falkenhausen, y había destinado 300 mil soldados para la defensa de Luodian, mientras que los japoneses habían amasado 100 mil tropas, junto con tanques, aviones y barcos. La carnicería que se llevó a cabo en la defensa de Luodian le valió el nombre de la «moleadora de carne y sangre». Con apoyo aéreo y con puestos de observación en globos, los japoneses empezaron a neutralizar los cañones de artillería chinos, atacando usualmente en el día. Cubiertos por cortinas de humo y escoltados por tanques, la infantería japonesa buscaba unidades de infantería china aislada, sobreviviente a los bombardeos casi diarios. La superioridad de fuego japonés convenció a las fuerzas chinas de la inutilidad de un ataque directo. De esta manera, los soldados chinos atacaban en la noche, sembrando minas terrestres en los caminos, para luego replegarse en la madrugada a posiciones defensivas, donde soportaban los bombardeos. La ineficiencia china de montar ofensivas organizadas ocasionó fuertes bajas, un 50%, y para finales de septiembre se determinó que era inútil continuar con la defensa de Luodian, ya que el ejército chino estaba empezando a sufrir más bajas de las que podía soportar. El 1 de octubre, molestos por la obstinación china, los generales japoneses presionaron al Primer Ministro Fumimaro Konoe para que accediera a incrementar el número de efectivos en el norte y centro de China, con el objetivo de forzar un cese de hostilidades. En este punto, 200 mil soldados japoneses se encontraban luchando al noreste de Shanghái, acercándose peligrosamente al pueblo de Dachang, lo que comprometía las posiciones chinas en Shanghái, ya que corrían el riesgo de ser atrapadas. Por este motivo, Chiang Kai-shek movilizó todo lo que tenía como reserva hacia Dachang, con el objetivo de evitar ser rodeado o tener que entregar Shanghái. Hasta el 20 de octubre, el frente en Dachang se mantuvo casi sin cambios, avanzando los japoneses menos de 5 km, y aunque ganaban terreno en el día, poco después lo perdían. La llegada del ejército de Guangxi, al mando de los señores de la guerra Li Zongren y Bai Chongxi mejoró los pronósticos chinos. No obstante, un contraataque chino con estas tropas fue desbaratado por la superior artillería japonesa, que también terminó por destruir Dachang. La mala coordinación de las fuerzas chinas también fue un factor importante del fracaso chino. El 25 de octubre las ruinas de Dachang cayeron en manos japonesas y Chiang Kai-shek empezó a preparar el retiro de sus tropas de Shanghái, que había resistido por casi tres meses.

Últimos combates y retirada

En la noche del 26 de octubre los chinos empezaron a retirarse del centro de Shanghái. Como el cinturón defensivo del norte de la ciudad había caído, Chiang Kai-shek ordenó una retirada general de Shanghái, incluso de los poblados en los suburbios que no habían sufrido el combate. No obstante, un batallón fue dejado para que defendiera el almacén Sihang, ubicado en el banco norte del río Suzhou. En este edificio se llevaron fuertes combates, que fueron observados por diplomáticos europeos, que se encontraban al otro lado. Chiang Kai-shek sugirió que las tropas chinas se fortalecieran alrededor del Suzhou, donde causarían fuertes bajas a los japoneses. No obstante, los generales Li Zongren, Bai Chongxi y Chang Fa-ku más conscientes de lo que tres meses de combate habían causado, intentaron convencerlo de que ordenara una retirada a las líneas defensivas entre Wufu y Xicheng, que protegían Nankín. Chiang Kai-shek insistió en su plan y el 28 de octubre viajó al frente para intentar mejorar la moral y apreciar la situación personalmente. El 30 de octubre los japoneses cruzaron el río y al no poder proteger sus flancos, los chinos quedaron en una situación peligrosa ya que también tuvieron que enfrentar un ataque inesperado desde el sureste.

El 12 de octubre los comandantes japoneses habían planeado un desembarco al norte de la bahía de Hanzhou, desde donde avanzarían hasta Shanghái desde el sur, creando dos frentes. Chiang Kai-shek había ordenado la protección de aquel flanco, pero la caída de Dachang lo había obligado a desviar recursos hacia el norte. De esta manera, el 5 de noviembre, los japoneses desembarcaron al sur, a sólo 40 km de Shanghái, superando rápidamente las defensas costeras chinas. Obligado por los nuevos desembarcos al sur, Chiang Kai-shek tuvo que acceder a abandonar Shanghái, contrariado ya que tenía la esperanza de recibir apoyo internacional de las reuniones que las potencias europeas y los Estados Unidos celebraban en ese momento en Bruselas. Por esta razón, no fue sino hasta el 8 de noviembre que Chiang Kai-shek ordenó la retirada hacia la línea defensiva de Nankín. Exhaustos, y cortos de suministros y municiones, los chinos se empezaron a replegar hacia su capital, entregando fácilmente sus posiciones. El 19 de noviembre la línea defensiva Wufu cayó y el 26 de noviembre la línea Xicheng fue tomada. De esta manera, la principal línea defensiva china, construida a costos privativos, cayó en menos de dos semanas. Los atacantes japoneses, frustados por la resistencia china, se dirigieron a Nankín, y después de tomarla se entregaron a una orgía de violaciones y asesinatos conocida como la masacre de Nankín[10]

Consecuencias

La decisión de Chiang Kai-shek de apostar sus mejores tropas a la defensa de Shanghái continua siendo motivo de controversia. El ejército chino, 1.7 millones de hombres, contaba solamente con menos de 300 mil soldados con un entrenamiento equiparable al del típico soldado japonés. De estos soldados, 80.000 habían sido entrenados por consejeros alemanes y constituían las tropas élite chinas, pero sufrieron 60% de bajas en Shanghái. El Grupo de Ejércitos Central chino jamás se recupero de estas fuertes bajas, y las divisiones que eran consideradas élite al inicio de los combates, tuvieron que abrir sus filas a tropas poco entrenadas, con el objetivo de recuperar sus números. No sólo el ejército sufrió por la costosa derrota, Chiang Kai-shek perdió la confianza de muchos de sus generales, además, tuvo que aliarse con líderes de fuerzas provinciales, de lealtad dudosa. De esta manera, el sueño de Chiang Kai-shek, de construir un ejército chino nacionalista unido, se vio truncado, en parte, por la derrota en Shanghái. Una de las principales razones por las que Chiang Kai-shek no quiso entregar Shanghái fácilmente, se debió a que esperaba ganar la simpatía de los líderes occidentales durante los meses que duró la batalla, y consideraba, que de lograrlo, el terreno no cedido en Shanghái sería crucial para montar una contraofensiva con una hipotética ayuda internacional. Poco después, Chiang Kai-shek descubriría que las naciones europeas estaban más preocupadas por la amenaza que Hitler representaba, y no quería involucrarse en una batalla que consideraban, China ya había perdido. El 12 de septiembre, China llevó su caso a la Sociedad de Naciones, donde no logró obtener alguna medida contra Japón. El 5 de octubre, el Presidente de los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt dio un discurso donde llamó a las naciones a detener a las naciones agresoras, en clara alusión a Japón y a la Italia fascista, respecto a sus invasiones de China y a Etiopía respectivamente. Esta declaración estadounidense trajó esperanzaras a los líderes chinos, y Chiang Kai-shek se empeñó más en no dar la orden de entregar Shanghái. Los diplomáticos europeos y estadounidenses discutieron en Bruselas desde el 3 hasta el 24 de noviembre, sin lograr la participación japonesa. Durante este tiempo, las tropas chinas iniciaron su lenta retirada de Shanghái hacia las líneas defensivas, perdiéndose valiosas tropas por la esperanza de Chiang Kai-shek en las naciones occidentales. Finalmente, el aislacionismo de los estadounidenses y la política de apaciguamiento británica triunfaron en la conferencia, y los diplomáticos se retiraron sin producir ningún resultado concreto. El general Chen Cheng escribió en su reporte final que en Shanghái la estrategia militar había sido suplantada por la estrategia política, y a pesar de que miles de soldados chinos murieron para demostrar a las naciones europeas que China podía ganar la guerra con apoyo, este objetivo no se logró. La resistencia china en Shanghái fue una de las muchas batallas que frustrarían a los comandantes japoneses, deseosos de encontrar territorios para expandir su imperio sin oposición. Los japoneses luego se moverían hacia el norte, hacia Mongolia, de donde serían expulsados en la Batalla de Khalkhin Gol. Eventualmente se moverían hacia la Indochina francesa, y luego hacia las Indias Orientales. Estas últimas acciones afectarían directamente los intereses occidentales, que ya habían desechado la política de apaciguamiento, lo que provocaría que los Estados Unidos impusieran un bloqueo al Imperio de Japón, lo que a su vez provocaría el ataque a Pearl Harbour[11]

Choque entre el Ejército Rojo y el Japonés

Los generales nacionalistas japoneses detendrían en seco su avance en Mongolia, protegida por la Unión Soviética, luego de la Batalla de Khalkhin Gol. Al igual que China, en la frontera de Manchukuo y Mongolia se llevó a cabo una guerra no declarada, con el objetivo de no involucrar a otras potencias en el conflicto. La batalla empezó el 11 de mayo de 1939, cuando unidades de caballería de Mongolia cruzaron la no definida frontera con Manchukuo. Los japoneses los expulsaron, pero dos días después las tropas mongoles regresaron con refuerzos, lo que atrajo más y más tropas de ambos bandos. Stalin ordenó a un joven general, Georgi Zhúkov, que se hiciera cargo de la situación. A mediados de agosto de 1939, Zhukov logró romper las líneas enemigas y rodeó a dos divisiones completas. Ante la negativa japonesa de rendirse, fueron completamente destruidas. Japón solicitó inmediatamente el cese de hostilidades, y dos años después se firmó el Pacto de Neutralidad entre ambas naciones. Desde entonces, la influencia del Ejército Imperial Japonés en el gobierno decayó, y se favoreció a la Armada Imperial, que deseaba una expansión hacia las colonias europeas del sur. Este cambio de curso llevaría a Japón a chocar de frente con la esfera de influencia de otro gigante: Estados Unidos. Estados Unidos asistiría a China con una fuerza aérea secreta (Tigres Voladores)[12] y luego impondría un bloqueo económico a Japón. Esta política estadounidense llevó finalmente a Japón a atacar a los Estados Undios dos años y medio después de la batalla contra la Unión Soviética. La victoria del general Zhukov en Mongolia sería una de las muchas que lo convertirían el principal general del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial.

Operaciones Japonesas en China

Aunque la Segunda Guerra Mundial en Europa inició el 1 de septiembre de 1939, Japón esperó hasta la derrota Aliada en la Batalla de Francia, en junio de 1940, para iniciar la conquista de las colonias europeas. La primera en ser controlada fue la Indochina francesa, y tanto Estados Unidos como los Países Bajos impusieron un bloqueo económico que disparó el ataque a Pearl Harbour a finales de 1941. De esta manera, Japón entró de lleno a la guerra mundial, relegando a China a un segundo plano. El 8 de diciembre de 1941, Japón atacó a la colonia británica de Hong Kong, desatándose un sitio de 18 días. La guarnición británica no pudo defenderse sola y se rindió en la Navidad. Hong Kong continuaría ocupada hasta el fin de la guerra. Desde la entrada de Estados Unidos a la guerra, el país norteamericano pudo seguir asistiendo a China, ahora abiertamente. A cambio de mantener con suministros y armas al gobierno chino nacionalista en Sichuán, Estados Unidos consiguió bases aéreas en el sur y el centro de China, de las cuales partieron mortales escuadrones de los B-29 hacia Japón. Molestos por la intromisión occidental en China, Japón atacó a Birmania en enero de 1942, en aquel entonces colonia británica, y la carretera de Birmania, la principal vía de suministros a China, fue cortada. No satisfechos, los japoneses ejecutaron la Operación Chungking, que implicaba una ofensiva con tres cabezas, norte-centro-sur, hacia la provincia de Sichuán. La ofensiva, que debía acabar rápidamente con el gobierno de Chiang Kai-Shek, fracasó, ya que el avance japonés fue más lento de lo esperado, y algunas unidades implicadas en la batalla fueron requeridas en el Frente del Pacífico, donde los estadounidenses acababan de ganar la Batalla de Guadalcanal. A mediados de 1944, Japón lanzaría otra ofensiva importante, la Operación Ichigo, que implicaba la creación de un enlace terrestre entre Manchukuo y la guarnición japonesa en Indochina. La operación fue un éxito, y las bases aéreas estadounidenses cercanas a la costa fueron capturadas, suspendiéndose temporalmente los bombardeos sobre Japón. No obstante, a inicios de 1945, nuevas bases se establecieron sobre las Islas Marianas, y los bombardeos se reiniciaron. Aunque los chinos jamás pudieron derrotar en una batalla decisiva a Japón hasta 1945, su resistencia mantuvo a casi 1.600.000 soldados nipones fijos soldados que sin duda alguna hubieran sido útiles en otros frentes. La Operación Chungking fue ejecutada por el Ejército Imperial Japonés en China entre 1942 y 1943, durante la Segunda Guerra Sino-Japonesa. El objetivo final, que no fue logrado, implicaba la captura de los Cuartes Generales del Ejército Nacional Revolucionario de China, ubicados en la provincia de Sischuan. Por esta razón, la operación también es conocida como Invasión de Sichuan. La primera fase implicaba la limpieza de las regiones al sur de China, entre las que se encontraba Chungqing. El previo bombardeo de Chungking y la llegada de tropas de reserva japonesas de Japón y Manchukuo alertó a los generales chinos de las intenciones japonesas. La estrategia japonesa implicaba un avance por Shanxi en el norte, Hubei en el centro, y Hunan por el sur, además, barcos de la Armada Imperial Japonesa brindarían apoyo avanzando por el Yangzi. La ofensiva japonesa fracasó debido a la fuerte resistencia china y a la derrota japonesa en la Batalla de Guadalcanal, en el Océano Pacífico, por lo que fue necesario enviar algunas unidades que estaban peleando en China al este. A finales de 1942 se canceló la invasión de Sichuan, y para inicios de marzo de 1943, los chinos habían recuperado gran parte del territorio cedido el año anterior. La Operación Ichi Go fue ejecutada y planificada por el Ejército Imperial Japonés en China Central durante la Segunda Guerra Sino-Japonesa, en la segunda mitad de 1944. El objetivo primario de la operación era la captura de las provincias chinas de Henan, Hunan y Guangxi, en aquel momento bajo control del Ejército Nacional Revolucionario de China. De esta manera se crearía un enlace terrestre entre el grueso de las fuerzas japonesas localizadas en Manchukuo y la guarnición japonesa que ocupaba la Indochina francesa, además, se capturarían las bases aéreas estadounidenses, de las que despegaban escuadrones de B-29 a bombardear Japón.

La operación estaba dividida en dos fases:

En la primera fase se aseguraría el enlace ferroviario entre Penkín y Wuhan.

En la segunda fase se avanzaría hasta Liuzhou, capturándose las bases aéreas estadounidenses en la ofensiva.

Para lograr sus objetivos, los japoneses habían destinado a 17 divisiones, unos 400 mil soldados, a la operación. Por su parte, las fuerzas chinas contaban con 390.000 soldados, comandados por el General Tang Enbo, estacionados en Louyang, Henan. A finales de abril, la 3ª División de Tanques japonesa cruzó el río amarillo a la altura de Zhenzhou, y después de neutralizar a las fuerzas chinas en Xuchang, se dirigió a Luoyang, que fue sitiada el 13 de mayo. Tres divisiones chinas se enfrentaron a los atacantes japoneses, pero el 25 de mayo la ciudad cayó. Después del éxito de la primera fase, los japoneses avanzaron hacia el sur, tomando Changsha, Hengyang, Guilin y Liuzhou en su avance. A inicios de diciembre los japoneses entraron a Indochina y la operación finalizó. Los escuadrones de bombarderos estadounidenses que perdieron sus bases en Ichi Go, se movilizaron al interior del país, donde continuaron atacando a los japoneses en China. Si bien los bombardeos en Japón se suspendieron, fue por poco tiempo, ya que a inicios de 1945 se crearon nuevas bases en las Islas Marianas, desde donde los B-29 pudieron salir de nuevo a arrojar su mortal carga sobre Japón. Debido al fracaso estadounidense, al no poder retener las pistas de aterrizaje en la costa, el General estadounidense Joseph Stilwell fue removido de su cargo y reemplazado por el Mayor General Albert Wedemeyer. Algunos rumores aseguran que el General Stilwell había entrado en contacto con las fuerzas del Partido Comunista Chino, solicitando la coordinación de sus fuerzas, sin consultar a Chiang Kai-Shek. Lo que motivó que éste se enfadará y obligara al Presidente de los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt a relevarlo de su carg[]o

La Batalla de Hong Kong

La Batalla de Hong Kong[13] fue parte de la II Guerra Mundial en Asia. Hong Kong, en aquel entonces colonia británica, fue atacada por el Imperio de Japón el 8 de diciembre de 1941, un día después del ataque a Pearl Harbour, iniciándose abiertamente la guerra entre Japón y las naciones occidentales. La débil guarnición británica no podría hacerle frente a la superior fuerza nipona y se rendiría 18 días después de iniciada la batalla. El plan japonés era atacar sin pérdida de tiempo, respectivamente los territorios de Malasia, Filipinas, Thailandia, las Indias Holandesas y Hong Kong. Al iniciarse la Segunda Guerra Sino-Japonesa, el Reino Unido observó con preocupación como su antiguo aliado Japón, al que había ayudado a armar a inicios del siglo, ocupaba Guangzhou y rodeaba completamente a Hong Kong. El gobierno militarista de Japón era fuertemente nacionalista, y veía con malos ojos cualquier intromisión occidental en su política expansionista. Debido a que los estrategas militares británicos se dieron cuenta que era imposible defender a Hong Kong, se sugirió la retirada de la mayoría de las tropas británicas, dejando a una fuerza simbólica. No obstante, el Mariscal del Aire sir Robert Brooke-Popham se opuso, argumentando que una guarnición británica en Hong Kong demoraría la ofensiva japonesa, y se ganaría tiempo para fortalecer otras colonias asiáticas. En septiembre de 1941, el Primer Ministro Winston Churchill pidió a Canadá que enviara dos batallones a Hong Kong, y aseguró al líder chino Chiang Kai-Shek, que no pensaba entregar la colonia a Japón. El 16 de noviembre los dos batallones de infantería canadienses (1.975 soldados) llegaron a Hong Kong, habiendo perdido su equipo pesado, ya que éste había sido enviado a Manila. Peor aún, luego se descubrió que los batallones canadienses no habían participado en combate todavía, por lo que para muchos soldados esta fue la primera experiencia de combate. La batalla comenzó el 8 de diciembre a las 8 de la mañana, hora local, habiendo ocurrido el ataque a Pearl Harbour hace ocho horas. Tropas británicas, canadienses e hindúes se encontraban bajo el mando del Mayor General Christopher Michel Maltby, y recibían apoyo de las fuerzas voluntarias de Hong Kong, una fuerza paramilitar poco entrenada. Cuatro de los cinco aviones de combate en el aeropuerto de Hong Kong fueron destruidos el primer día por una superior fuerza de 12 bombarderos japoneses, quedando los defensores sin apoyo aéreo. Los navíos británicos recibieron la orden de escapar a Singapur, y las tropas terrestres quedaron por su cuenta, enfrentándose a un enemigo numéricamente en proporción de 3 a 1. Los nipones cargaron a la bayoneta contra las líneas inglesas. Las defensas, preparadas con anterioridad, fueron rebasadas el 10 de diciembre, y Koolow fue evacuada al día siguiente, siendo bombardeada continuamente. Los soldados Raiputs fueron los últimos en abandonar la isla, partiendo el 13 de diciembre, ya que se había ordenado destruir todas las instalaciones militares posibles. El Mayor General Maltby reorganizó sus fuerzas en la isla de Hong Kong y rechazó un ofrecimiento de rendición japonés el 13 de diciembre. Entre el 15 y el 18 de diciembre, la isla de Hong Kong fue bombardeada, y la invasión japonesa de la isla se inició el 18, sufriendo pocas bajas. Para el 20 de diciembre las fuerzas británicas en Hong Kong habían sido divididas, y muchos de los soldados europeos que se rindieron, fueron asesinados. Ese mismo día, los japoneses capturaron las fuentes de agua dulce de la isla, lo que empeoró la situación británica. En la mañana del 24 de diciembre, los nipones entraron a un hospital de campo británico, asesinando a 60 heridos junto con sus doctores. En la tarde del 25 de diciembre, el Gobernador de Hong Kong Sir Mark Aitchinson Young se dirigió al cuartel japonés, el hotel Península, y se rindió, al percatarse de la futilidad de la resistencia.

Rensuke Isogai se convirtió en el primer gobernador japonés de Hong Kong, y continuó en el cargo hasta 1944, cuando se retiró. Después de la guerra, fue arrestado en 1947 y condenado a cadena perpetua por crímenes de guerra, pero fue liberado cinco años después. Los prisioneros de guerra británicos fueron enviados a campos de concentración en Indochina (actual Vietnam) y Japón. Unos 1.528 soldados aliados muertos, la mayoría de la Mancomunidad de Naciones, fueron enterrados eventualmente en el noreste de Hong Kong, en el Cementerio de Guerra Sai Wan. Dos grupos de guerrilas chinas surgieron a los alrededores Hong Kong, lo que motivó que los japoneses arrasaran pequeñas villas como represalia. Posteriormente se construyó un cenotafio en Hong Kong, en honor a los muertos de las dos guerras mundiales. Los japoneses abandonarían Hong Kong el 15 de septiembre de 1945, después de la rendición incondicional de su país.

Derrota japonesa

En 1945, después de haber perdido contacto con muchas de sus colonias, el Imperio del Japón estaba en su ocaso. Finalmente, en China, empezaron a aparecer resultados positivos. El general chino Sun Li-jen tuvo éxito al proteger la carretera de Ledo, en el norte de Birmania, y en la primavera de 1945, Guangxi fue liberada. El General estadounidense Alebert Wedemeyer[14], sucesor del general Joseph Stilwell,[15] empezó a solicitar apoyo para retomar Guangdong, que esparaba, se convirtiera en un puerto vital para la posterior liberación de Shangai. Los estrategas militares favorecían el avance en China, ya que la veían como una base en tierra firme para la posterior invasión de Japón. Todas estas estrategias caducaron cuando los estadounidenses lanzaron una bomba atómica sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945.

En la Conferencia de Yalta, la Unión Soviética había acordado entrar a la guerra con Japón tres meses después de haber derrotada a la Alemania Nazi. Japón no estaba consciente de este arreglo, e ingenuamente solicitó a la Unión Soviética que mediara un armisticio ante los Estados Unidos. Este último país jamás se enteró de esta propuesta, porque la URSS no la transmitió, ya que deseaba ocupar Manchuria y Corea. La destrucción de Hiroshima aceleró los planes soviéticos, y el 8 de agosto, casi un millón y medio de soldados del Ejército Rojo atacaron al Ejército Japonés de Guangdong en Manchuria. El avance soviético fue incontenible, y los generales japoneses no adivinaron la estrategia enemiga, siendo rebasados. El 8 de septiembre, el Ejército Rojo se detuvo en la entrada a Corea, debido a que las líneas de suministros se habían extendido demasiado. Ese mismo día, tropas estadounidenses desembarcaron en Inchon, lo que sería el primer paso a la división de Corea. Al rendirse Japón el 9 de septiembre, China recuperó Manchuria, Taiwán y las Islas Pescadores, como había sido acordado en la Conferencia del Cairo en 1943. El gobierno nacionalista del Kuomintang fue reconocido por las Naciones Unidas y la República de China obtuvo un asiento permanente en el Consejo de Seguridad del organismo internacional. No obstante, los problemas chinos estaban lejos de terminar, ya que durante la guerra, el Partido Comunista de China se había fortalecido, en parte, gracias a la ayuda militar estadounidense. Si bien esta ayuda fue suspendida al finalizar la guerra, los comunistas de Mao Zedong consiguieron un nuevo aliado en la post-guerra: la Unión Soviética. Después de reiniciarse la Guerra Civil China, los nacionalistas chinos tuvieron que escapar a Taiwán en 1949, donde continúan hoy en día. La República Popular China sucedió al gobierno de Chiang Kai-shek, y obtuvo el puesto en el Consejo de Seguridad. La China nacionalista perdió unos 3.22 millones de efectivos en la guerra con Japón y se estima que unos 17.4 millones de civiles murieron en el conflicto, aunque un poco menos de la mitad no murió durante una batalla, sino en asesinatos masivos. No se sabe con seguridad cuantos japoneses murieron en China, pero la cifra oscila entre 1 y 1.7 millones de efectivos. La Unidad 731 japonesa probó armas bacteriológicas y químicas sobre civiles chinos durante la guerra Los soviéticos perdieron menos de 20.000 soldados en Manchuria en 1939 y 1945. La cifra japonesa de bajas en estos encuentros contra la Unión Soviética fue muy superior. El último Emperador de China y el único Emperador de Manchukuo, Puyi, fue arrestado por el Ejército Rojo en 1945 y fue repatriado a la China de Mao Zedong en 1950, donde pasó los siguientes diez años en una escuela de reeducación. Al salir, vivió como un ciudadano normal en Pekín, declarándose un ferviente comunista. Después de la guerra, varios oficiales japoneses fueron juzgados por crímenes de guerra en los Procesos de Tokyo. El general Iwane Matsui, comandante de las fuerzas japonesas en China hasta 1938, fue juzgado por la masacre de Nanjing, siendo declarado culpable y ejecutado. El Príncipe Asaka Yasuhiko, tío del Emperador Hirohito, compartía el mando con el general Matsui en Nanjing, pero no fue juzgado. La falta de detalles concretos a la hora de reunificar Corea, terminó con la creación de Corea del Norte y Corea del Sur. Ambas naciones se enfrentaron en 1950, siendo apoyadas por la Unión Soviética y los Estados Unidos respectivamente.

[1] La primera guerra sino-japonesa se libró entre la dinastía Qing de China y el naciente Imperio del Japón, principalmente por el control de Corea. Después de más de seis meses de victorias ininterrumpidas del Ejército imperial y la Armada japonesa, así como de la toma del puerto chino de Weihai, China solicitó la paz en febrero de 1895. La guerra fue un claro indicio del fracaso del intento de la dinastía Qing de modernizar sus fuerzas armadas y defenderse de las amenazas a su soberanía, sobre todo en comparación con el éxito de Japón posterior a la Restauración Meiji. Por primera vez, el dominio regional en el este de Asia pasó de China a Japón, y el prestigio de la dinastía Qing, junto con la tradición clásica en China, sufrieron un duro golpe. La humillante pérdida de Corea como Estado vasallo de la dinastía Qing provocó una protesta pública sin precedentes. En China, la derrota fue un catalizador para una serie de revoluciones y cambios políticos dirigidos por Sun Yat-Sen y Youwei Kang. Estas tendencias se manifestarían más tarde en la Revolución de 1911, que acabó con la monarquía. En marzo de 1895, se firmó el Tratado de Shimonoseki entre Japón y China por el cual esta cedía Taiwán, las islas Pescadores y Liaodong al Imperio del Japón

[2] El Levantamiento de los bóxers conocido en China como el «Levantamiento Yihétuán», fue un movimiento, iniciado en noviembre de 1899 y finalizado el 7 de septiembre de 1901, surgido en China contra la influencia foránea en el comercio, la política, la religión y la tecnología de los últimos años del siglo XIX. En agosto de 1900, cerca de 230 extranjeros, miles de chinos cristianos, un número desconocido (entre 50 000 y 100 000) de rebeldes, sus simpatizantes y otros chinos habían muerto en la revuelta y su represión.

[3] La Marina Imperial alemana fue la armada alemana creada tras la formación del Imperio alemán en el año 1871. Existió entre 1871 y 1919. La Marina Imperial surgió uniendo la ya existente Marina de guerra del Reino de Prusia y la Norddeutsche Bundesmarine, la Marina de la Confederación Alemana del Norte. El káiser Guillermo I mantuvo a la Marina Imperial como entidad separada del ejército de tierra pero en la práctica se empleó a oficiales del ejército para desempeñar puestos de mando en la marina hasta 1888, cuando tales cargos quedaron en manos exclusivamente de oficiales navales.

La Marina Imperial fue potenciada y sus principales bases eran Kiel en el mar Báltico y Wilhelmshaven en el mar del Norte, siendo ambas unificadas por el canal de Kiel empezado en 1887. Tanto Guillermo I como Otto von Bismarck consideraban que el ejército de tierra era el brazo esencial de las fuerzas armadas alemanas e inicialmente dedicaron a la Marina Imperial sólo a las funciones de defensa costera en el Mar del Norte y en el Mar Báltico, en función de un posible conflicto con Francia o Rusia respectivamente. Desde 1880 los gobiernos alemanes debieron fortalecer a la Marina Imperial debido a la expansión del comercio internacional alemán y la adquisición de colonias ultramarinas alemanas, pese a esto en 1883 la Marina Imperial apenas constaba de siete fragatas y cuatro corbetas (siendo blindadas las once naves) 400 oficiales y 5.000 marineros, pues Bismarck aún tenía escaso interés en la expansión colonial y por ello consideraba necesario reforzar las fuerzas de tierra antes que a una marina de guerra. No fue sino hasta 1887 que el nuevo jefe máximo naval, el conde Leo von Caprivi, requirió construir diez nuevas fragatas blindadas.

[4] La guerra ruso-japonesa fue un conflicto surgido por las ambiciones imperialistas rivales del Imperio ruso y el Imperio del Japón en Manchuria y Corea. Los principales escenarios del conflicto fueron el área alrededor de la península de Liaodong y Mukden, los mares de Corea y Japón y el mar Amarillo

[5] La segunda guerra sino-japonesa o chino-japonesa fue un conflicto militar entre la República de China y el Imperio de Japón que se libró entre el 7 de julio de 1937 y el 9 de septiembre de 1945, en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Comenzó cuando el ejército japonés, que ya controlaba Manchuria, inició la invasión del norte y el este de China. China luchó con el apoyo económico de la Unión Soviética y los Estados Unidos contra Japón cuyo apoyo económico venía de la Alemania Nazi. Después del ataque japonés a Pearl Harbor en 1941, la guerra se fundió en el gran conflicto de la Segunda Guerra Mundial como un frente importante de lo que se conoce como la guerra del Pacífico. La segunda guerra sino-japonesa fue la mayor de Asia en el siglo XX y causó más del 90 % de las víctimas de la guerra del Pacífico. Se calcula que unos veinte millones de personas, la inmensa mayoría civiles, perdieron la vida en ella. La invasión concluyó con la rendición de Japón el 9 de septiembre de 1945.

[6] Chiang Kai-shek o Jiang Jieshi fue un militar y estadista chino. Sucedió a Sun Yat-sen como líder del Partido Nacionalista Chino Kuomintang y fue el líder máximo, bajo diversos cargos, de la República de China fundada en Nankín en 1927. Tras la derrota de los nacionalistas frente a los comunistas en 1949, se refugió con su gobierno en la isla de Taiwán

[7] La Operación Ichi-Go Operación número 1) fue una ofensiva militar japonesa lanzada por el Ejército Imperial en la zona de la China Central durante la Segunda guerra sino-japonesa. Uno de los objetivos japoneses era la toma, o al menos la destrucción, de las bases aéreas de la Fuerza Aérea estadounidense (USAAF) empleadas para lanzar bombardeos estratégicos de los B-29 sobre el archipiélago nipón. Por otro lado, se pretendía conquistar varios enlaces ferroviarios y puntos clave de la retaguardia china, expandiendo así (y, consolidando) el territorio chino bajo control japonés.

[8] La batalla de Shanghái fue el primer enfrentamiento importante entre las fuerzas del Ejército Nacional Revolucionario de China y las fuerzas imperiales del Japón durante la Segunda guerra sino-japonesa. Fue el primer intento serio de detener el avance japonés en China de 1937, imparable desde el incidente del Puente de Marco Polo

[9] Chiang Kai-shek o Jiang Jieshi fue un militar y estadista chino. Sucedió a Sun Yat-sen como líder del Partido Nacionalista Chino Kuomintang y fue el líder máximo, bajo diversos cargos, de la República de China fundada en Nankín en 1927. Tras la derrota de los nacionalistas frente a los comunistas en 1949, se refugió con su gobierno en la isla de Taiwán

[10] La Masacre de Nankín o Nanking conocida también como la Violación de Nankín, se refiere a los crímenes cometidos por el Ejército Imperial Japonés en Nankín (China), y sus alrededores, tras la caída de la capital de la República China frente a las tropas japonesas el 13 de diciembre de 1937

[11] El ataque a Pearl Harbor fue una ofensiva militar sorpresa efectuada por la Armada Imperial Japonesa contra la base naval de los Estados Unidos en Pearl Harbor (Hawái) en la mañana del domingo 7 de diciembre de 1941. El ataque pretendía ser una acción preventiva destinada a evitar la intervención de la Flota del Pacífico de los Estados Unidos en las acciones militares que el Imperio del Japón estaba planeando realizar en el Sureste Asiático contra las posesiones ultramarinas del Reino Unido, Francia, Países Bajos y Estados Unidos. Los japoneses hicieron coincidir esta ofensiva con el ataque a las posesiones del Imperio Británico en Hong Kong, Malasia y Singapur, las cuales estaban ya en su poder a mediados de febrero de 1942.

[12] Los Tigres Voladores fue un grupo de combate aéreo mercenario estadounidense denominado AVG, (American Volunteer Group o 1º Grupo de Voluntarios Americanos) que operó como apoyo a la Fuerza Aérea de la República de China, en la Segunda guerra sino-japonesa, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Su apodo se debió gracias a los diarios chinos que al ver su primer combate contra la fuerza aérea imperial japonesa, decían: -«Volaron como tigres, Volaron como tigres voladores» Este grupo fue aprobado, apertrechado y mantenido en secreto bajo la autorización del presidente de los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt y del generalísimo Chiang Kai-shek

[13] La batalla de Hong Kong fue parte de la II Guerra Mundial en Asia. Hong Kong, en aquel entonces colonia británica, fue atacada por el Imperio de Japón el 8 de diciembre de 1941, un día después del ataque a Pearl Harbor, iniciándose abiertamente la guerra entre Japón y las naciones occidentales. La débil guarnición británica no podría hacerle frente a la superior fuerza nipona y se rendiría 18 días después de iniciada la batalla. El plan japonés era atacar sin pérdida de tiempo, respectivamente los territorios de Malasia, Filipinas, Tailandia, las Indias Holandesas y Hong Kong.

[14] Albert Coady Wedemeyer fue un oficial del ejército estadounidense. Se graduó en West Point y prestó servicio en China, las Filipinas y Europa, hasta la Segunda Guerra Mundial. Como Oficial del Estado Mayor en la división de estrategia bélica del Departamento de Guerra de los Estados Unidos (1941–1943), fue el principal artífice del prospecto de victoria de 1941 para la entrada a la guerra de los EE.UU. y ayudó con los planes de maniobras como la Campaña de Normandía Se volvió Jefe del Estado Mayor por elección del general Chiang Kai-shek y comandante de las fuerzas estadounidenses en China (1944–1946). Se retiró en 1951 y fue promovido al puesto de general en 1954

[15] Joseph Warren Stilwell (1883 – 1946) fue un militar estadounidense, general de cuatro estrellas, conocido por su servicio en China y Birmania durante la Segunda Guerra Mundial. Por su constante preocupación por sus soldados fue apodado «Tío Joe», aunque por su personalidad cáustica también recibió el sobrenombre de «Vinegar Joe”

David Odalric de Caixal i Mata: Historiador Militar, experto en Geoestrategia Internacional y Terrorismo yihadista. Asesor en materia de Seguridad y Defensa en HERTA SECURITY. Director del Área de Terrorismo y Defensa del Instituto Internacional de Estudios en Seguridad Global (INISEG). Director del Observatorio contra la Amenaza Terrorista y la Radicalización Yihadista (OCATRY) de INISEG. Director de OSI Foundation (Occidental Studies Institute)