# Asia - Pacífico, Terrorismo

Cooperación antiterrorista entre China y el Sudeste Asiático

SUMARIO

La cooperación en materia antiterrorista reviste una importancia capital para la República Popular China en su enérgica lucha contra el islamismo radical, el terrorismo yihadista y el separatismo étnico en la Región Autónoma Uigur de Xinjiang.

En este sentido, la cooperación con los países del Sudeste Asiático es una de las más fructíferas. Prueba de ello son los datos revelados por el vice primer ministro malasio, Ahmad Zahid Hamidi, durante su reciente visita oficial a Pekín, el pasado 10 de enero.

Desde 2013 y hasta la fecha, Kuala Lumpur ha extraditado a China a un total de 28 presuntos radicales islamistas que, transitando por Malasia, pretendían unirse a grupos yihadistas en Oriente Medio. Su objetivo era volar desde Malasia a Turquía para, posteriormente, infiltrarse en territorio sirio o iraquí y unirse al Estado Islámico, las filiales locales de al-Qaeda y otros grupos salafistas.

La cooperación bilateral entre China y los países de la región no se reduce a la lucha antiterrorista, sino que también abarca el tráfico de estupefacientes y personas, el crimen organizado y los delitos financieros e informáticos.

Para el gobierno chino, empero, la lucha contra el terrorismo yihadista cobra una importancia creciente porque no solo pone en peligro la estabilidad política y social en el interior del país, sino que amenaza también con trabar el desarrollo de su proyecto internacional más ambicioso hasta el momento, la iniciativa Una Franja, Una Ruta, comúnmente conocida como la Nueva Ruta de la Seda.

Malasia no es el único país del Sudeste Asiático que ha extraditado ciudadanos chinos sospechosos de vinculación con el terrorismo. Tailandia, gobernada desde 2014 por una junta militar, procedió en 2015 a la deportación de 109 uigures a China.

Deportados desde Tailandia.

ANÁLISIS

La detención de presuntos terroristas chinos por parte de la policía malasia se realiza en estrecha colaboración con las autoridades chinas, quienes facilitan a sus colegas del Sudeste Asiático toda la información necesaria sobre la identidad de los sospechosos. Los datos aportados por el vice primer ministro malasio no indican el origen étnico de los deportados, pero es presumible que en su mayoría pertenezcan a la etnia uigur y sean originarios de Xinjiang.

Según fuentes policiales chinas y malasias, en Turquía, Siria e Irak residen ciudadanos chinos vinculados directa o indirectamente con actividades terroristas de carácter yihadista. La presencia de combatientes yihadistas chinos en Oriente Medio ha sido reconocida por Pekín mediante su enviado especial para la región, Wu Sike.

Según este diplomático, islamistas radicales uigures reciben entrenamiento en Oriente Medio desde el año 2012. Desde 2014 operan en territorio sirio e iraquí bajo los auspicios del autodenominado Estado Islámico y participan en los combates que allí se libran.

Yihadista chino abatido en Irak.

Según datos de 2014, el número de yihadistas chinos en aquella región ascendería a los 300 efectivos, aunque informaciones no confirmadas indican que la ciudad siria de Raqa, capital del Estado Islámico, habría contado (al menos hasta fines de 2015) con un barrio entero poblado exclusivamente por musulmanes chinos venidos a participar en la yihad.

Tras viajar de China a un país de Asia Central, por lo general Uzbekistán o Kirguistán, o cruzar por las montañas hasta Afganistán y Pakistán, los yihadistas chinos se dirigen a países del Sudeste Asiático como Malasia, Tailandia, Camboya o Indonesia, desde donde transitan, con pasaporte falso, a Turquía para finalmente introducirse en territorio sirio o iraquí.

Se sospecha que su traslado se realizaría en coordinación con los servicios de inteligencia de Turquía. Prueba de que Pekín no toma a la ligera dichas sospechas es el acuerdo rubricado en julio de 2014 entre el ministerio chino de la Seguridad del Estado y el General Intelligence Directorate de Jordania (GID) para el intercambio de información sobre los ciudadanos chinos presentes en Siria y en Irak.

Pekín considera que el Milli Istihbarat Teskilati (MIT, el servicio de inteligencia turco) está movilizando uigures de habla turca, los forma para que se unan a la yihad en Siria y en Irak y los envía a cometer atentados terroristas en China.

Casualidad o no, los 109 ciudadanos chinos de etnia uigur que Tailandia deportó a China en 2015 por vinculación con el terrorismo, suplicaron su extradición a Turquía ante el tribunal militar que se ocupó del caso. Dios los cría y ellos se juntan…

A continuación exponemos una lista no exhaustiva de los atentados más sangrientos cometidos en China por yihadistas uigures y de otras minorías musulmanas chinas tras su vuelta de Siria e Irak:

1. Ataque suicida con coche en la plaza de Tiananmen (28 octubre de 2013; 5 fallecidos y unos 40 heridos);

2. Dos atentados suicidas en Urumchi, uno en la estación de tren y otro en una calle mercado (30 de abril y 22 de mayo de 2014, respectivamente; 33 víctimas mortales y más de un centenar de heridos entre los dos ataques);

3. Matanza (apuñalamiento múltiple) en la estación de tren de Kunming (1 de marzo de 2014; 29 muertos y 143 heridos);

4. Matanza en la estación ferroviaria de Cantón, del mismo tipo que la anterior (6 de mayo de 2014; una decena de heridos);

5. Ataque a la sede central de la policía de Kargilik, Yecheng en chino (21 de junio de 2014; 13 muertos [todos los atacantes] y 3 heridos);

6. Ataque a la sede central de la policía de Yarkand, Shache en chino (28 de julio de 2014; 96 víctimas mortales y gran número de heridos).

CONCLUSIÓN

Al contrario que algunos países de cuyo nombre no quiero acordarme, China es uno de los pocos estados en el mundo, junto con Rusia, totalmente resuelto a combatir y a erradicar la lacra del yihadismo y la ideología fundamentalista que lo impulsa.

El salafismo y el yihadismo son un problema aparentemente menor para el gigante asiático, pero Pekín no lo considera así. China es consciente del peligro real y potencial que este fenómeno puede suponer en su frontera con los países de Asia Central, amenazando su estabilidad interna, su soberanía territorial y dificultando, cuando no desbaratando, los planes para la materialización de su iniciativa euroasiática Una Franja, Una Ruta.

Por todos esos motivos, la cooperación antiterrorista es una prioridad en el marco de las relaciones diplomáticas bilaterales que Pekín teje por todo el mundo y, especialmente, con sus vecinos regionales, ya sea en el Sudeste Asiático o en Asia Central.

No en vano, la amenaza es real. En octubre de 2014, en el primer número de su revista en inglés Resurgence, al-Qaeda publicó un artículo sobre el Turquestán Oriental —actual Xinjiang— en el que la organización fundada por Osama bin Laden instaba a cometer ataques contra los intereses y las vías de suministro de China en territorio del islam.

Puede que el islamismo radical crea que todos son tan débiles e irresolutos como Occidente en la lucha contra ellos, pero en el caso de que la intervención rusa en Siria no les haya dejado ver claro cuál es su destino, el impacto contra la sólida estructura de la Gran Muralla sí lo hará.