# Historia Militar

DAS HEER: UN EJÉRCITO CON SUS PUNTOS FUERTES Y DÉBILES I Parte

Cuando se le presentaron a Alemania, para que la aceptase, las cláusulas del Tratado de Versalles, las potencias victoriosas pretendían que Alemania no volviera a tener un ejército capaz de emprender una guerra ofensiva. La fuerza numérica del ejército alemán de la posguerra –el Reichwehr—no tenía que sobrepasar los 100.000 hombres: diez divisiones, de ellas tres de caballería, y siete de infantería. No podía reclutar ni instruir en el servicio militar obligatorio. No podía tener artillería pesada ni tanques. Ni podía importar ninguna clase de armas. Pero lo que el tratado no podía hacer era impedir la aceptación generalizada de la leyenda de que la derrota de 1918 no había sido por culpa del ejército alemán, ni disipar el orgullo por las gestas de aquel ejército entre los años 1914-1918. La irritación que estalló contra el ejército después del armisticio de 1918 –se insultaba y hasta se golpeaba a los oficiales y soldados por el uniforme que vestían—pertenecía al período de indignada desilusión que se extendió de 1918 a 1920.  El Estado Mayor del Ejército sobrevivió y, bajo la dirección del general Hans von Seeckt, el Reichwehr comenzó un período de consolidación y adiestramiento. A los oficiales y soldados del “Ejército de los Cien Mil” se les enseña a considerarse como profesionales: una irreducible fuerza de expertos; un núcleo funcional, trabajando para el futuro. Casi desde el momento de la firma del Tratado, las restricciones de Versalles se fueron quebrantando silenciosa y sucesivamente. Los clubes de tiro entrenaban a los jóvenes civiles como tiradores selectos. Los departamentos de desmovilización y de bienestar social mantenían vivos los órganos de movilización. Y se enviaban a algunos oficiales a visitar otros países para que se mantuvieran al día en las técnicas militares más modernas. Posiblemente los más importantes de estas visitas fueron los que hicieron los oficiales alemanes “entusiastas de los tanques” –como Heinz Guderain—al centro de instrucción soviético de carros de combate en Kazán, Rusia. Puede ponerse un ejemplo de cómo los alemanes infligían las restricciones sobre armas. En la década de 1920, un grupo de ingenieros de la casa Krupp fueron agregados a la compañía de cañones Bofors, en Suecia. Regresaron en 1931 con el diseño “en funcionamiento” de una de las armas alemanas más famosas de la guerra: los cañones antiaéreo de 88 mm, conocido por sus devastadores efectos como arma anticarro. Pero lo que más influyo a largo plazo durante el período del Reichwehr fue el adiestramiento de un “Ejército de líderes”. Esto supuso una desviación cada vez mayor de la antigua rigidez de la disciplina Junker del Ejército Imperial Alemán. Había un acuerdo generalizado sobre el hecho de que lo que hacía falta era un nuevo tipo de combatiente, un soldado que pudiese pensar por sí mismo. En 1920 se fundó el Instituto de Investigaciones Psicológicas Profesionales. Tuvieron una difícil tarea para convencer a los soldados de la “vieja guardia” de que sus novedosas doctrinas eran merecedoras de respeto. Pero siguió habiendo un ambiente de experimentación; y las directivas alemanas para la Instrucción del Ejército para 1931 anunciaban que “cada soldado debe ser instruido para que sea capaz de cumplir con su deber en el combate. Debe ser que sólo él es responsable de sus éxitos y sus fracasos” El adiestramiento de los mandos llegó a estar al mismo nivel de las prioridades más urgentes y en los Comités de Selección del Ejército se aplicaron criterios psicológicos. Antes de que se volviese a instaurar el servicio militar obligatorio, en 1935, los candidatos a alistarse en el ejército eran sometidos a unas pruebas rigurosas, en grupos de cuatro o cinco, supervisadas por tres psicólogos, un oficial médico y un coronel del ejército. En vísperas a la ascensión al poder de Hitler, la media anual de candidatos examinados en cada región era de 2.500 a 3.000. Y, sin embargo, había mucha resistencia a las nuevas ideas. Había un “evidente perjuicio de clase”, contra un exceso de ascensos procedentes de las filas. Lo peor de todo era la “mentalidad de caballería” que es, quizás, la menor de las críticas que se dirige al ejército alemán. La aceptación del empleo masivo de los tanques como una nueva arma revolucionaria en el campo de batalla, estuvo pendiente de un hilo. Después de 1945, un “virtuoso” de los Panzer –el general Guderain—recordaba sus dificultades para conseguir instalaciones y materiales para sus experiencias con carros de combate. En 1935, el Inspector de Transportes del Ejército le dijo: “Créame, ninguno de nosotros verá en toda su vida los tanques alemanes en una operación”; que equivocado estaba. El general Beck, y otro de los grandes cerebros militares de los que disponía Alemania en ese momento; el general Ulrich Oldemburg von Wierstertein, era un brillante militar y estratega, muy habituado a las técnicas de combate de la Primera Guerra Mundial, era un militar muy tradicional y conservador pero incapaz de ver el futuro de las nuevas armas de combate, como el Panzer. Wierstertein le dijo a Guderian “No, no quiero saber nada de ustedes, van demasiado deprisa para mí”.

Por consiguiente, la época del Reichwehr fue una mezcla de lo viejo y de lo nuevo, con predominio de esto último. Fue un período constructivo en el que se miraba el futuro. El brigadier británico Desmond Young lo ha remitido llamando así al ejército alemán del período de 1920-1922: “el armazón, la armadura de acero en la que podía verter con rapidez el hormigón de los reclutas, si era posible, y cuando fuese posible volver a establecer el servicio militar obligatorio”. Cortando injuriosamente su ropa con arreglo al paño que daban las odiosas limitaciones de Versalles, los jefes del ejército alemán trabajaban concienzudamente en el molde de lo que habría de venir. El ejército alemán, que se enorgullecía con su obsesión de mantenerse alejado de la política, en realidad estuvo muy involucrado en el acceso de Hitler al poder en enero de 1933. El presidente que invistió a Hitler como Canciller del Reich era la viva tradición de las tradiciones del ejército; el mariscal de campo Von Hindemburg[1]. El hijo del presidente, que era coronel del ejército, fue captado por Hitler y respaldo la causa del advenedizo. Un general del ejército Werner von Blomberg[2], fue especialmente nombrado ministro de Defensa para procurar que el ejército respaldase a Hitler. Incluso el general Schleiser, el hombre que sustituyo Hitler fundamentalmente porque sus jefes podían encontrar muy poco apoyo en otra parte. Nadie más parecía capaz de satisfacerles.

Lo que los comandantes del ejército querían de Hitler por encima de todo era que se confiara en ellos. Y esto lo obtuvieron en grado superlativo. Hitler les halagaba una y otra vez garantizándoles que, desde luego, eran el brazo armado del Reich y que no se permitiría a ningún ejército privado usurpar tal función. Tanto el Ejército como la Marina miraron hacia otro lado cuando Hitler aplastó su mayor preocupación –los SA, las camisas pardas de Röhm[3]—después de haber suspendido las garantías constitucionales de la República alemana en nombre de la “Seguridad Nacional”. Ninguno de los dos tuvo que esperar mucho el premio por esta convivencia. Hitler se proclamó Canciller el 30 de enero de 1933. Las siete garantías de las libertades individuales y civiles fueron suspendidas el 28 de febrero –el 14 de julio de proclamó al partido nazi como el único partido político de Alemania. La purga de las SA –“La noche de los cuchillos largos”—tuvo lugar el 30 de junio de 1934. Hindemburg murió el 2 de agosto de ese año y ese mismo día Hitler se autoproclamó “Führer” –Presidente y Canciller del Reich – de Alemania. El tradicional juramento de fidelidad al Jefe del Estado se transformó en un juramento de fidelidad a la persona de Adolf Hitler y se empezó a tomar o recibir inmediatamente. El 16 de marzo de 1935 Hitler rompió el Tratado de Versalles y anunció el reclutamiento obligatorio y la creación de la nueva Fuerza Aérea alemana: Blomberg, que era el verdadero jefe del Ejército, cayó literalmente de rodillas para dar gracias al Führer. El Ejército quedó asombrado ante el anuncio de Hitler de un nuevo Ejército de reclutamiento obligatorio de 36 divisiones: los militares profesionales ni en sus más locos sueños habían esperado nunca más de 21. Y el 2 de mayo de 1935, los oficiales de planes de Estado Mayor empezaron a trabajar en el primer movimiento internacional de Hitler; la ocupación militar de Renania, desmilitarizada desde la ignominia de 1918. En marzo de 1935, en los días de la denuncia del Tratado de Versalles, se habían hecho experiencias con tanques de imitación con resultados impresionantes, de los que Hitler tomo buena nota. Con el Führer apoyando las nuevas ideas sobre la guerra mecanizada, la expansión de las fuerzas Panzer (acorazadas) alemanas empezó con la creación, en el mismo año, de las tres primeras divisiones Panzer.  Se tuvo cuidado de seleccionar una serie de famosos regimientos de caballería para constituir la espina dorsal de las nuevas formaciones, una forma inteligente de preservar la mejor de las tradiciones del ejército y, aunque el crecimiento del Ejército fue muy rápido, seguía siendo minúsculo en relación con las fuerzas de los vecinos de Alemania cuando Hitler lanzó el envite de volver a ocupar la zona alemana del Rhin en marzo de 1936. Ésta era la jugada que ponía el broche de oro al repudio alemán del Tratado de Versalles y los jefes del Ejército estaban convencidos de que los vecinos de Alemania no iban a dejar que Hitler se saliese con la suya. Éste pensaba de distinta manera, pero, en realidad, no estaba haciendo un envite completo; ya había visto a Mussolini salir del paso cuando la invasión de Abisinia frente a las débiles protestas de la Sociedad de Naciones, mientras que Francia estaba obsesionada tomando la decisión de firmar el pacto de asistencia mutua con Stalin.

El movimiento sobre Renania se hizo al atardecer del 7 de marzo de 1936. Los generales estaban preocupados y al borde de un ataque de nervios, especialmente Blomberg; las tropas tenían orden de retroceder enseguida si los franceses se movían contra ellos. Después de 48 horas de nerviosa espera, quedaba claro que no iba a ocurrir nada. Hitler había sacado del sombrero la primera de sus estratagemas o “milagrosas” y se había demostrado que sus generales se habían equivocado por completo. Durante todo el año 1937 continuó la expansión del Ejército, la Marina y la Luftwaffe; las tres ramas de la Wehrmacht o “Fuerzas Armadas” como se denominaba ahora el antiguo Reichwehr. A finales de año ocurrió un incidente que dio a Hitler la oportunidad de reforzar su control sobre la Wehrmacht. El 5 de noviembre informó a los comandantes en jefe de las fuerzas armadas de que su política expansionista se dirigía tanto a Austria como a Checoslovaquia y que había que considerar que la guerra era inevitable. Tanto Blomberg como el comandante en jefe del Ejército Fritsch[4] protestaron: no por razones morales, sino ante la perspectiva de una guerra prematura antes de que la Wehrmacht fuese lo bastante fuerte. Hitler reaccionó cesándolos con acusaciones inventadas. (Blomberg había cavado su propia tumba profesional casándose con una antigua prostituta de 25 años, cuarenta años mayor que ella). La acusación de homosexualidad lanzada contra Fritsch causó una conmoción en el cuerpo de Oficiales alemanes. Pidieron y obtuvieron una audiencia militar para limpiar el nombre de su antiguo jefe. Lo consiguieron, pero Fritsch no fue repuesto en su cargo. En vez de esto, Hitler estableció el Alto Mando de las Fuerzas Armadas”, con él como jefe y Keitel[5] como jefe del Estado Mayor y, más tarde, nombró al general Jodl [6]como Jefe de Operaciones del Estado Mayor. Pero toda la cólera quedó eclipsada por la oportunista decisión de Hitler de anexionarse Austria. El Ejército recibió una orden repentina para entrar en Austria el 12 de marzo: A los militares les cogió completamente desprevenidos y hubo necesidad de una frenética improvisación, especialmente en las divisiones Panzer, donde el principal problema era el suministro de carburante. Afortunadamente para el Ejército alemán, no hubo resistencia. Austria quedó incorporada al “Gran Reich Alemán” con el pretexto de que se la había salvado de la anarquía interna de inspiración comunista. Y el Ejército alemán aprendió las lecciones de la crisis: la necesidad de un despliegue más equilibrado y unos suministros adecuados y más rápidos.

El siguiente objetivo de Hitler era Checoslovaquia ahora rodeada de territorio alemán por tres partes. La mayor preocupación militar eran las formidables defensas de los Sudetes, los territorios de frontera habitados en un gran porcentaje de alemanes de raza. El pretexto inicial de Hitler fue que Checoslovaquia debía ceder aquellos territorios al Reich, Checoslovaquia se mantuvo firme y el resultado fue la crisis de septiembre de 1938, Cuando Gran Bretaña y Francia decidieron abandonar la causa checa en Munich. Una vez más, el Ejército alemán tuvo una marcha triunfal incruenta. Alemania no era el único vecino de Checoslovaquia con ambiciones territoriales es este país: Polonia y Hungría también se despacharon. Por un momento la guerra parecía inminente. El general Beck jefe del Estado Mayor de Brauchtisch –el sucesor de Fritsch—había tratado de desencadenar una especie de resistencia pasiva en el Ejército. Dimitió en señal de protesta cuando no había ninguna acción a la vista, pero el sentimiento predominante fue de alivio; no solo el Führer se había vuelto a salir con la suya, sino que el Ejército alemán no tendría que volver a preocuparse de las defensas militares de los Sudetes. Los cuartos traseros de Checoslovaquia fueron engullidos en marzo de 1939. Se persuadió a los eslovacos para establecer una Eslovaquia “independiente” bajo la protección alemana; y el Ejército alemán entró en Praga el 15 de marzo, otra vez con el pretexto de que sus víctimas habían perdido la protección alemana. Ahora la situación había cambiado: Las fronteras del Este alemán eran fácilmente defendibles: La digestión de Checoslovaquia había acortado las fronteras del Reich en unos 1.150 km. Fueron puestos a disposición de Alemania las excelentes armas del Ejército checo, junto con sus fábricas de armas; la Wehrmacht recibió la cantidad de tanques checos que fue capaz de empezar la formación de tres nuevas divisiones Panzer. Un resultado menos espectacular pero igualmente importante de los designios agresores de Hitler en Checoslovaquia fue la dimisión de Beck como Jefe del Estado Mayor del Ejército. Aunque proclamado como uno de los mejores cerebros del Ejército, era un hombre vacilante y reaccionario que no llegó a entender nunca las nuevas doctrinas sobre la guerra acorazada de movimientos y conjuntamente con el general von Wierstertein trataron sin éxito de frenar su desarrollo. El general Halder[7] que sucedió a Beck y Fromm que sucedió en el mando a Wierstertein como Jefe del Mando del Ejército de Reserva. Se hicieron respetar por su enfoque práctico de las nuevas ideas y por la técnica para ponerlas en práctica. Los temores del Ejército de que pudiese estallar una guerra prematura con Polonia fueron completamente disipados por el pacto sorpresa de Hitler con Rusia en agosto de 1939 que, en realidad, aislaba prácticamente a Polonia de cualquier ayuda militar. Quedaba alguna preocupación sobre la viabilidad de las defensas del Oeste – la Westwall o Línea Sigfrido[8], de que tan ufano estaba Hitler –, pero no había mucho estímulo para discutir este asunto, porque las costumbres del Führer era montar en cólera siempre que se trataba del tema. En general, fue a la guerra el 1 de septiembre de 1939 con la idea de que el Führer volvería a salirse con la suya. Aunque los franceses e ingleses acudirían en ayuda de Polonia, nada podían hacer antes de que Polonia hubiese sido derrotada. La creencia general como lo probaran los acontecimientos era la de que los aliados occidentales no harían de hecho nada. Cuando sobrevino la guerra en 1939, en términos de material el ejército alemán estaba todavía en el proceso de evolución desde la vieja época del Reichwehr. Predominaban los transportes y la artillería a caballo; el Ejército todavía no había dicho adiós a las últimas unidades de caballería. Las divisiones Panzer incluían las malhadadas “divisiones ligeras”, cuya potencia seguía estando en entredicho; (las primeras campañas de la guerra demostraron que eran inadecuadas y las divisiones ligeras se utilizaron como base para las nuevas divisiones Panzer, de las que Alemania tenía seis en septiembre de 1939). Pero la mejor carta del Ejército alemán era la movilidad; no sólo la de las seis divisiones Panzer y las cuatro ligeras, sino también las de las cuatro divisiones motorizadas que también tenía. El armamento básico de la infantería era bueno y el sistema logístico se había mejorado muchísimo. Otra ventaja vital que tenía el Ejército alemán en septiembre de 1939 era la rapidez de movilización. Fue esto, junto a la ventaja estratégica de comenzar las hostilidades lo que resultó decisivo en los primeros días de la campaña polaca. En términos muy generales basta decir que, desde la llegada de Hitler en enero de 1933, el Ejército alemán había aumentado de las 10 divisiones que permitía el Tratado de Versalles hasta 53 divisiones, protegidas y apoyadas por la mejor fuerza aérea de Europa. Las enormes victorias conseguidas por el ejército alemán desde la invasión de Polonia, en septiembre de 1939, hasta la Batalla de Moscú en diciembre de 1941, son un poco engañosas. Dan la impresión de que se consiguieron con una máquina de funcionamiento impecable que se lanzaba contra sus enemigos con arreglo a una serie de planes detallados. Y esto no es así. El Ejército debió sus triunfos tanto a la desunión, la timidez y la falta de preparación material de sus enemigos como el Alto Mando Alemán. Hay que admitir que la superioridad técnica dio espléndidos dividendos en Polonia, en donde los profundos ataques acorazados no podían verse amenazados por contraataques acorazados igualmente fuertes. SE estimaba que la idea de utilizar los bombardeos en picado de la Luftwaffe como “artillería volante” para el apoyo de las tropas que avanzaban, funcionaba bien. Pero había continuos altercados entre la infantería alemana y los generales “panzer” sobre el verdadero papel de los carros: ¿Debían éstos avanzar por su cuenta o quedarse y ayudar a la infantería, e ir reduciendo las bolsas de tropas enemigas que se rendían? También es fácil olvidar que Polonia fue conquistada por el Ejército Rojo (que la invadió el 17 de septiembre) tanto como por la Wehrmacht, lo que limitó las operaciones del Ejército alemán a las dos terceras partes más occidentales del país. Desde luego hubo pruebas suficientes de que el Ejército alemán poseía unas impresionantes dotes de flexibilidad, como cuando un inesperado contraataque polaco atravesó el río Bzura fue brillantemente rechazado por el Grupo de Ejército del Sur del general Von Rundstedt[9]. A pesar del entusiasmo inicial de Hitler por la idea, en 1939 no podía ni pensarse en un asalto inmediato en el Oeste. El despliegue llevaría mucho tiempo y había que constituir los depósitos de munición. Además, el plan del Estado Mayor del Ejército para el ataque “Plan Amarillo”[10] era poco más que un refrito sin imaginación del famoso “Plan Schlieffen”[11] de 1914. A Hitler no le gustaba. Ni tampoco al jefe del Estado Mayor de Von Rundstedt, el general Von Manstein, cuyas repetidas sugerencias de una ruptura central en Sedan, sobre el Mosa, y en avance hacia el Canal fueran estimulados por Brauchitsch y Halder. Hasta enero de 1940 Hitler no tuvo noticias de la idea; pero la aceptó enseguida. Pero, antes de que pudiera intentarse el plan de ataque de Manstein en el Oeste, Hitler había tomado la repentina decisión de invadir Dinamarca y Noruega.

Esta era ideal desde el punto de vista de la Armada; pero fue una operación de diversión enloquecedora para Brauchitsch y Halder, que no supieron nada hasta el último momento. Todo el plan (“Ejercicio Wesser”) dependía de que la marina desembarcase simultáneamente una división en los puertos clave de Noruega, después las tropas avanzarían tierra adentro y enlazarían entre ellos. De nuevo hubo tropiezos. El desembarco en Oslo fue rechazado inicialmente; unos desembarcos franceses e ingleses amenazaban la cabeza de playa alemana en Trondheim; las tropas de montaña del general Dietl[12] fueron arrojadas fuera de Narvik por otro desembarco aliado. Se salvó el día gracias a la Luftwaffe, que hizo imposible a los barcos de guerra británicos y franceses el transportar los suministros a las tropas aliadas desembarcadas, así como gracias a la rapidez con que las tropas alemanas desembarcadas en el sur empezaron su victoriosa marcha hacia el norte. Antes de que los aliados se retiraran de Noruega en la primera semana de junio –pero no antes de consolidar la ocupación alemana de la parte central y meridional de Noruega –, la mayor parte del Ejército alemán atacó en el Oeste, con una fuerza de 136 divisiones. Una vez más los resultados fueron espectaculares. El arma más joven de la Wehrmacht, los paracaidistas y aerotransportados, tan sólo le bastaron 24 horas para capturar “la fortaleza más inexpugnable del mundo”: el fuerte belga de Eben-Emael, sobre el Canal Alberto. Las divisiones Panzer – siete en total, concentradas en el Panzergruppe al mando del general Von Kleist[13]—rompieron el centro de la línea aliada en Sedan y se lanzaron hacia el Oeste, hacia el Canal, aislando a las tropas aliadas (francesas y británicas) que habían avanzado hasta el interior de Bélgica, todo según el plan establecido. Una vez más, hubo –errores casi fatales–. En Rotterdam, un corte absurdo de las comunicaciones aire-tierra dio como resultado el que fuera arrasado el centro de la ciudad cuando se estaban realizando conversaciones para la rendición. En la Haya, las fuerzas aerotransportadas atacantes fueron completamente derrotadas y expulsadas de sus objetivos, después de sufrir un fuerte castigo. El avance fulminante del Panzergruppe a través del Mosa sembró el pánico entre los altos mandos, desde Kleist, Brauchitsch y Halder, hasta el propio Hitler. El avance fue tan rápido gracias a la brillante insubordinación de Guderain con su Cuerpo de Ejército Panzer. Guderain interpretó las cautas órdenes que recibía a la luz de la situación en el frente y, como resultado, llegó al Canal de la Mancha en cinco días. Lo mismo que ocurrió en Polonia, un inesperado movimiento aliado obligo a una rápida respuesta poco ortodoxa: el día 21 de mayo, el general Rommel con la 7ª División Panzer, detuvo un ataque blindado británico (fue la primera vez que se utilizó el cañón antiaéreo de 88 mm contra los tanques).

Se ha criticado duramente la decisión de Hitler y Rundstedt de no lanzarse contra Dunkerque. Rundstedt argumentaba que la Batalla por Francia estaba aún por librarse y que sería una locura enviar a las divisiones Panzer a un choque frontal en un terreno poco favorable. De esta forma, se dejó escapar a las fuerzas británicas, pero las divisiones Panzer –reagrupadas ahora en tres nuevos Panzergruppen- estaban casi intactas cuando el 10 de junio comenzó el asalto final sobre Francia. Los franceses combatieron espléndidamente en las líneas del Somme y del Aîsne, pero no quedaba nada detrás de ellos después de que los Panzergruppen rompieran el frente. Hacia el 22 de junio, los franceses habían solicitado y firmado un armisticio; para entonces, las vanguardias alemanas no sólo habían llegado a la frontera Suiza sino que se habían adentrado hacia el Sur hasta puntos tan lejanos como Lyon y los alrededores de Burdeos. Las hostilidades cesaron finalmente el 25 de junio. Entre el 10 de mayo y el 25 de junio, el Ejército alemán había destruido completamente el dispositivo anglo-francés en el Oeste, y había ocupado Holanda, Bélgica, Luxemburgo y el norte de Francia. Pero esto le había costado a su ejército 27.074 muertos, aunque las cifras sobrepasarían finalmente los 35.000; unos 112.000 heridos y cerca de 20.000 desaparecidos. La Campaña del Oeste no fue un paseo militar como la ocupación de Polonia, estaríamos hablando de unas 170.000 bajas. Y como el armisticio holandés, belga y francés obligaron a una devolución inmediata de los prisioneros alemanes, resulto que la mayor parte de los “desaparecidos” estaban muertos.  Con la Gran Bretaña resuelta a luchar bajo el mando de Churchill, se hizo evidente la vacuidad de la gran victoria porque no era imposible invadir la Gran Bretaña. La marina alemana también había tenido enormes pérdidas durante la campaña de Dinamarca y Noruega, las fuerzas aerotransportadas alemanas habían tenido un desgaste similar en el Oeste. Y, cuando la Luftwaffe no pudo lograr sobre la Gran Bretaña una superioridad aérea que le garantizase un paso del Canal sin resistencia, la guerra continuó. Frustrado en el Oeste, Hitler volvió su atención al gigantesco envite de terminar la guerra a principios de 1942, aplastando a la Rusia soviética.  La gran invasión – “Operación Barbarroja[14]”—estaba preparada para principios de abril de 1941; pero en esas mismas fechas, Hitler tuvo que enviar un contingente numeroso de tropas alemanas a los Balcanes. La inoportuna invasión de Grecia por Mussolini había resultado un desastre y Yugoslavia se había negado a unirse al Eje. Yugoslavia y Grecia fueron reducidas con facilidad y la isla de Creta fue conquistada por los paracaidistas alemanes, con fuertes pérdidas; unos 4.000 hombres junto con unos 346 aviones de transporte Ju-52. Los paracaidistas tuvieron tantas pérdidas que el arma aerotransportada alemana no fue capaz nunca más de montar durante la guerra una operación de la magnitud de la de Creta. Con la invasión de Rusia el 22 de junio de 1941, se vio lo mucho que los alemanes habían aprendido de las campañas anteriores. El apoyo de la Luftwaffe fue soberbio. Los avances de los Panzer superaban cualquier precedente. Los alemanes capturaron unas “bolsas” de prisioneros tan enormes que, en el mes de diciembre, dos tercios de efectivos del Ejército Rojo de antes de la guerra habían sido barridos. Pero el Ejército Rojo siguió combatiendo. Trajo refuerzos del Lejano Oriente, de Siberia: tropas de élite, bien equipadas para el invierno ruso. El 6 de diciembre, los rusos contraatacaron y obligaron a retirarse a las tropas alemanas de las puertas de Moscú, cuyas unidades de vanguardia de las divisiones Panzer habían llegado a tan sólo 35 kilómetros de los suburbios de Moscú. Por primera vez, el Ejército alemán del Tercer Reich, se vio forzado a luchar por su vida. ¿Qué es lo que había pasado? El punto de vista básico de los generales alemanes era que nada les hubiera impedido entrar en Moscú de no ser por Hitler y el barro pegajoso del invierno ruso. Pero este argumento no parece lo suficientemente consistente, como tampoco lo era, en esencia, el propio plan “Barbarroja”: Tres grupos de Ejército; el Norte, el Centro y el del Sur, tenían que avanzar a lo largo de los ejes que conducían a Leningrado, Moscú y Kiev y destruir al Ejército Rojo lo más al Oeste posible. Pero hubo dos grietas que hicieron resquebrajarse el plan “Barbarroja”. La primera el tamaño de Rusia, que ampliaba el formato ya ensayado de la Blitzkrieg hasta desenfocarlo. Para la Luftwaffe era imposible eliminar o desgastar a los ejércitos soviéticos que estaban hacia el Este—por hablar de Siberia—e impedir entrar en la batalla. Las enormes distancias a cubrir agotaban a los soldados, enviaban por centenares a los imprescindibles Panzer a los batallones de reparación sólo con el desgaste ordinarios. Aparte de la solitaria “autopista” Minsk-Smolensko-Moscú, las carreteras asfaltadas eran inexistentes y desaparecían en el barro cuando llovía y las líneas férreas rusa tenían que ser trabajosamente convertidas al ancho de vía alemán. Sólo estos dos factores hacían inevitable que el avance alemán perdiera presión, antes o después. Cuanto más al Este iba el Ejército más amplia era la dispersión y más difícil de concentrarse en caso de emergencia y, en cambio, era más fácil para el Ejército Rojo obtener una superioridad local en sucesivos ataques de desgaste. Y, sobre todo, ¿dónde iba a detenerse el avance alemán? La famosa línea “A-A” (Arcángel-Astrakán) no era la respuesta, porque no tenía obstáculos naturales defensivos. Y, desde luego, no había ninguno a lo largo del frente que unía Leningrado con Moscú y el Mar Negro. El avance iba a ser en un frente amplio y esto suscitaba la delicada cuestión de la cooperación entre los grupos de Ejército. No podía haber objetivos irrevocables para cada uno de los comandantes de Grupo de Ejército, porque era imposible prever con precisión en donde estaría la masa de la fuerza enemiga una vez que la línea del frente se había adentrado tanto en el interior de Rusia. Es decir que, si los acontecimientos hacían aconsejable que el Grupo de Ejércitos del Centro apoyase al Grupo de Ejércitos Norte, lo normal sería una rápida orden desde arriba y la cooperación decidida de los comandantes de Ejército.

[1] Paul von Beneckendorff und von Hindenburg, fue un militar, estadista y político alemán que dirigió en gran parte la política de Alemania durante la segunda mitad de la Primera Guerra Mundial y ejerció como presidente de Alemania desde 1925 hasta su muerte en 1934.

[2] Werner Eduard Fritz von Blomberg fue un militar alemán que alcanzó el rango de Generalfeldmarschall (Mariscal de campo), Ministro de la Guerra y Comandante en jefe de las Fuerzas armadas alemanas hasta enero de 1938.

[3] Ernst Julius Günther Röhm fue un militar alemán, cofundador y comandante de las SA (1931-1934), y ministro sin cartera del gabinete de Adolf Hitler (1933).

[4] Thomas Ludwig Werner Freiherr von Fritsch fue el primer general alemán en morir durante la Segunda Guerra Mundial. Fristch y Werner von Blomberg contribuyeron enormemente al rearme alemán, si bien Fristch siempre se opuso a la guerra, asegurando que Alemania aún no estaba en condiciones de enfrentarla. Fritsch murió en combate durante la Invasión de Polonia, cerca de Varsovia, mientras inspeccionaba personalmente el frente. El periodista e historiador norteamericano William Shirer en su libro Berlin Diary (Diario de Berlín) asegura que el general se negó a recibir ayuda médica, dejándose desangrar, probablemente ofendido por las infames acusaciones que Himmler y Göring habían hecho en su contra.

[5] Wilhelm Bodewin Johann Gustav Keitel fue un Mariscal de Campo alemán y destacado líder nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Entre 1937 y 1945 fue comandante del Oberkommando der Wehrmacht (OKW), lo que le convirtió en el comandante del Estado mayor que coordinaba a las Fuerzas armadas alemanas (HeerKriegsmarineLuftwaffe)

[6] Alfred Jodl fue oficial de la Wehrmacht y ayudante personal de Wilhelm Keitel. Conoció a Adolf Hitler en 1923. En 1935 fue nombrado jefe de Defensa Nacional de la Wehrmacht. El 26 de agosto de 1939 ascendió a General. Durante la Segunda Guerra Mundial fue Jefe del Departamento de Mando y Operaciones en el OKW, siendo consejero estratégico de Hitler. A la muerte de este fue nombrado jefe de Estado Mayor de Karl Dönitz, firmando la capitulación incondicional de Alemania en Reims el 7 de mayo de 1945. Detenido por el Ejército británico el 23 de mayo de 1945, fue recluido en el campo de prisioneros de guerra de Flensburg y condenado por el Tribunal de Núremberg de crímenes de guerra, crímenes contra la paz y crímenes contra la humanidad. Fue ejecutado en la horca el 16 de octubre de 1946. El 28 de febrero de 1953 fue rehabilitado a título póstumo por un tribunal de desnazificación, que lo declaró no culpable de crímenes contra el derecho internacional.

[7] Franz Halder fue militar y estratega alemán que participó en la primera y segunda guerras mundiales, alcanzando el rango de Coronel General en esta última. Fue responsable de las estrategias de invasión a Polonia, Francia e Inglaterra. Fue Jefe del Estado Mayor del Alto Mando del Ejército Alemán desde 1938 hasta 1942 y participó en las primeras conspiraciones militares contra Hitler.

[8] La Línea Sigfrido (Siegfried-Linie o Westwall, Muro del Oeste) fue el nombre que dieron los Aliados a una línea defensiva alemana contrapuesta a la Línea Maginot francesa durante la Segunda Guerra Mundial. El nombre que los alemanes dieron a la línea fue Muro del Oeste, siendo la original Línea Sigfrido una sección de la Línea Hindenburg que se había construido durante la Primera Guerra Mundial. La Línea Sigfrido fue un sistema de defensa a lo largo de 630 km, que consistía en más de 18 000 búnkeres, túneles y trampas para tanques. Empezaba a la altura de la ciudad de Cléveris, en la frontera sur con los Países Bajos, y terminaba a la altura de Weil am Rhein en la frontera con Suiza. A diferencia de la Línea Maginot, fue pensada con propósitos propagandísticos y construida entre 1938 y 1940

[9] Karl Rudolf Gerd von Rundstedt fue un militar alemán que alcanzó el rango de Mariscal de Campo (Generalfeldmarschall), conocido por ser uno de los mejores generales de la Wehrmactt durante la Segunda Guerra Mundial y por tener un punto de vista apolítico a lo largo de toda su carrera.

[10] Plan Amarillo, (Fall Gelb), fue el nombre código de la operación militar alemana que invadió Francia y los Países Bajos durante la Segunda Guerra Mundial. Fue pergeñado por Erich von Manstein y puesto en marcha el 10 de mayo de 1940. A pesar de su similitud con el Plan Schlieffen de la Primera Guerra Mundial, el plan establecía dos puntos de ataques; el primero sería los Países Bajos (Holanda y Bélgica), para engañar y atraer el grueso de las tropas anglo-francesas hacia Bélgica; el segundo punto, que sería el ataque principal y era guardado en forma ultrasecreta por el alto mando alemán, era el bosque de las Ardenas, a la altura de Sedan, el cual sería llevado a cabo por el Grupo de Ejércitos A, comandado por Gerd von Rundstedt, y que contenía el grueso de las divisiones blindadas al mando de Hermann Hoth, Heinz Guderian, y Erwin Rommel. El plan establecía que el ataque a los Países Bajos comenzaría primero, y sería ejecutado por el Grupo de Ejércitos B, al mando de Fedor von Bock. El Plan Amarillo fue ideado con el objetivo de eludir las rígidas y estáticas defensas de la Línea Maginot que se extendía a lo largo de la frontera franco-alemana, al sur de ambos puntos de ataque. Sin embargo, la aparentemente inexpugnable línea defensiva francesa también fue rebasada exitosamente por un tercer ataque alemán (Fall Rot) puesto en marcha en el 5 de junio de 1940.

[11] Se denomina Plan Schlieffen al plan propuesto desde principios del siglo xx por el jefe del Estado Mayor del II Reich alemán, Alfred Graf von Schlieffen, para la invasión y la derrota de Francia, que fue el empleado en el momento del estallido de la Primera Guerra Mundial. Consistía en que Alemania sacrificase en el este Prusia Oriental para retirarse al Bajo Vístula, en beneficio de un poderoso frente ofensivo en la frontera francesa. El Ejército alemán movilizaría entonces 1 500 000 hombres para el ataque en el oeste, mientras mantendría 500 000 en el este para rechazar el ataque de los rusos, que sumaban 2 700 000 hombres. Los franceses y británicos movilizarían cerca de 3 901 000 hombres en las primeras semanas para rechazar al enemigo. El grueso de sus fuerzas atravesaría Bélgica, para emprender luego —desde el norte y con el máximo de medios en el ala derecha— una ofensiva para cercar al ejército francés, destinada a la destrucción total de las tropas aliadas. Una vez conseguido este objetivo, deberían volverse hacia la frontera rusa, cuya movilización militar sería más lenta.

[12] Eduard Dietl. Fue un militar alemán (Generaloberst) de la Segunda Guerra Mundial, condecorado con la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro con Hojas de Roble y Espadas. Fue el primer soldado alemán en recibir las Hojas de Roble después de la Batalla de Narvik, ​ recibiendo las Espadas para su medalla a título póstumo tras su muerte en un accidente de aviación.

[13] Paul Ludwig Ewald von Kleist fue capitán general y mariscal de campo alemán durante la Segunda Guerra Mundial

[14] La Operación Barbarroja, emprendida el 22 de junio de 1941, fue el nombre en clave dado por Adolf Hitler al plan de invasión de la Unión Soviética por parte de las Fuerzas del Eje durante la Segunda Guerra Mundial. Esta operación abrió el Frente Oriental, que se convirtió en el teatro de una de las operaciones más grandes de la guerra, escenario de las batallas más grandes y brutales del conflicto en Europa. El nombre de la operación es un homenaje a Federico I Barbarroja cuyo nombre está unido al nacionalismo alemán del siglo XIX. La Operación Barbarroja significó un duro golpe para las desprevenidas fuerzas soviéticas, que sufrieron fuertes bajas y perdieron grandes extensiones de territorio en poco tiempo. No obstante, la llegada del invierno ruso acabó con los planes alemanes de terminar la invasión en 1941. Durante el invierno, el Ejército Rojo contraatacó y anuló las esperanzas de Hitler de ganar la batalla de Moscú La operación acabó el 5 de diciembre de 1941 con la retirada del ejército alemán.

Profesor David Odalric de Caixal i Mata: Director General de SECINDEF (Security, Intelligence and Defense) Israel International Consulting / Homeland Intelligence Security-Israel / Università degli Studi di Bari/ Analista colaborador en terrorismo del US Homeland Security Defense University / University and Agency Partnership Initiative US Center for Homeland and Defense/ US Naval Posgraduate School/ Profesor del Máster de Relaciones Internacionales de la Universidad de Nebrija. Membership research projects in support of Veterans of The Armed Forces of the United Kindom. Membership in support of the AUSA (Association of the United States Army)