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EL EXTRAÑO CASO DE TRINIDAD Y TOBAGO EN EL CARIBE, FUENTE DE ENROLADOS EN EL ESTADO ISLÁMICO

El pequeño país, ubicado frente a las costas de Venezuela, tiene apenas 1,3 millón de habitantes. Y al menos cerca de 130 alistados han sido registrados en las filas yihadistas. Hace veintisiete años, un grupo musulmán protagonizó un golpe de Estado en Trinidad y Tobago, con un saldo de casi treinta muertos. Al cabo de seis días, los golpistas aceptaron rendirse una vez que les fue otorgada la aministía.  Las autoridades judiciales de Trinidad y Tobago, una pequeña isla caribeña ubicada frente a las costas de Venezuela, luchan para bloquear la oleada de jóvenes musulmanes que viajan a Siria, donde toman las armas para apoyar al Estado Islámico. A las autoridades estadounidenses les preocupa tener un semillero extremista tan cerca de Estados Unidos y temen que los rebeldes trinitenses puedan regresar de Medio Oriente y atacar a diplomáticos estadounidenses, a las instalaciones petroleras de Trinidad o que tomen algún vuelo a Miami, que se encuentra a tres horas y media de viaje.

En el pasado, Trinidad ha estado relacionada con el extremismo islámico: un grupo musulmán radical fue responsable del fallido golpe de Estado de 1990 que duró seis días y en 2012 un trinitense fue sentenciado a cadena perpetua por su participación en una conspiración para estallar una bomba en el Aeropuerto Internacional Kennedy. Los musulmanes apenas conforman el seis por ciento de la población y los combatientes suelen provenir de los estratos marginados de la sociedad; algunos son prófugos que tienen cargos criminales. Según los expertos, se trata de personas que vieron pocas oportunidades en una nación rica en petróleo, cuya economía se ha deteriorado con la caída de los precios del crudo. Algunos eran miembros de pandillas que se convirtieron o radicalizaron en la prisión, mientras que otros fueron influidos por imanes locales que estudiaron en el Medio Oriente, de acuerdo con los líderes musulmanes y las autoridades estadounidenses. Los jóvenes encontraron un desahogo en los sitios web islamistas radicales y las redes sociales. Y en la llamada a la Yihad en la lucha contra los infieles.

El Islam y Trinidad y Tobago: Hoy en día, la huella de aquel traumático evento sigue marcando la vida de los musulmanes trinidenses. El rechazo social, junto con las condiciones de pobreza y violencia, ha provocado que muchos jóvenes sean atraídos por el Estado Islámico, quien en un par de años ha hecho de Trinidad y Tobago el lugar de mayor reclutamiento per capita de terroristas en occidente.

Una pequeña isla cerca de Venezuela podría convertirse en la sede más importante del Estado Islámico en América El islam tiene raíces profundas en Trinidad y Tobago. Los primeros musulmanes que llegaron a la isla eran esclavos traídos de África. Seis por ciento de la población es musulmana, y es el único país occidental con una insurgencia islámica. Las cifras oficiales indican que alrededor de 130 musulmanes han viajado a Medio Oriente para recibir entrenamiento militar del Estado Islámico (ISIS). Pero el número podría ser mayor. Hay políticos como Roodal Moonilal, miembro del parlamento, que aseguran que son más de 400 los que se han radicalizado. “El gobierno tiene información sobre la amenaza del Estado Islámico infiltrándose en nuestro país y en el Caribe.

Independientemente de sus motivos, para los jóvenes es fácil convertirse en miembros de ISIS: nada se lo prohíbe. En Trinidad y Tobago es legal unirse al Estado Islámico. Incluso pueden regresar a la isla con sus derechos y privilegios como ciudadanos intactos. Esa ha sido la política desde siempre, y esa fue la política en 2017. Apenas a inicios de febrero, de 2018 el gobierno trinidense anunció que modificará su ley antiterrorismo. Las reformas también buscarán incorporar medidas para detener el financiamiento de  grupos terroristas, penalizar la entrada a áreas “de terrorismo”, y detener a sus adeptos cuando todavía se encuentren en etapas preparatorias. El gobierno de los Estados Unidos está al tanto de la situación. La semana pasada, el presidente Donald Trump se comunicó con el primer ministro de Trinidad y Tobago para discutir estrategias conjuntas que pueden aplicar para combatir el terrorismo. El interés del Estado Islámico sobre esa isla no sólo se debe a la cantidad de adeptos que está consiguiendo. Su ubicación es estratégica, se encuentra cerca de fuentes de petróleo. Forma parte del Caribe, así que sus ciudadanos no necesitan visa para viajar dentro de la región. Desde Trinidad y Tobago es muy sencillo llegar a las Bahamas, y de ahí, a Miami.

“¿Por qué se unieron a ISIS?”

Esa es la pregunta que se hacen autoridades, académicos y líderes religiosos de Trinidad y Tobago. Pero los jóvenes trinidenses, aquellos que están en Siria entrenando para combatir a “infieles”, ya la han contestado. En 2015, surgió en internet un vídeo propagandístico del Estado Islámico titulado Aquellos que creen y hacen la Hégira (peregrinación), donde aparecen cuatro hombres trinidenses contando cómo habían llegado allí.

 

Abu Khalid, joven de familia cristiana que ahora forma parte de ISIS

“Soy su hermano, Abu Khalid, de Trinidad y Tobago” dijo el primero de los hombres del vídeo. Khalid menciona que su familia era cristiana, muy estricta. Lo obligaban a aprenderse de memoria fragmentos de la biblia. Durante quince años vivió como cristiano. Entonces, encontró el islam y todo cambió. A pesar de llevar una buena vida en Trinidad, algo le decía “no pertenezco aquí”, explica.

 

 

 

Abu Zayd al-Muhajir y sus tres hijos

Abu Zayd viajó de Trinidad a Siria con su esposa y sus tres hijos. Los niños estudian en una escuela de ISIS. Dicen que cuando crezcan quieren luchar por la causa. “Mis hijos no pueden crecer en un lugar donde no pueden practicar su islam”, expresa Abu Zayd. Los otros dos, Abu Abdullah y Abu Mansour al-Muhajir, llamaron a sus compatriotas a unirse y pelear contra los “aliados de Satanás”.

 

 

Abu Abdullah y Abu Mansour al-Muhajir

 

 

 

Yasin Abu Bakr, autor del golpe de Estado de 1990, acusa al gobierno de generar condiciones hostiles para los musulmanes. Lo cierto es que su intento de insurgencia hace casi treinta años sigue teniendo repercusiones en Trinidad y Tobago.

 

“Ese golpe afectó a la nación, a la sociedad, física y psicológicamente. Mostró debilidad. Cuando la debilidad es expuesta, muchos tratan de aprovecharse”, dijo para VICE Roger Alexander, miembro de las fuerzas de seguridad de la capital. Él, como muchos otros, está de acuerdo en que se trata de un suceso que cambió el país para siempre. Hasta ahora, ningún reclutado trinidense ha regresado a su país, pero eso podría cambiar. Conforme el Estado Islámico pierde terreno en Medio Oriente, el gobierno estadounidense analiza hacia dónde se desplazarán los jihadistas. Ya sea como refugio, o como nueva base de operaciones, Trinidad y Tobago parece ser un buen lugar.

 

 

 

 

 

Abu Sa’d at-Trinidadi, un joven trinitense que se convirtió al islamismo y se sumó al ISIS en Siria, aparece en la revista Dabiq, del grupo extremista.

En julio de 2016, Dabiq, una revista de propaganda del autodenominado Estado Islámico (EI), publicó una larga entrevista con Abu Sa’d at-Trinidadi. La publicación presentaba al joven combatiente como «un ex-cristiano quien se convirtió al Islam y ahora es uno más de los muchos combatientes de Trinidad y Tobago bajo la bandera de Estado Islámico». La revista parece no exagerar. Mientras reportes señalan que el número de extranjeros que emigran para sumarse a grupos como Estado Islámico y al-Qaeda se redujo significativamente el año pasado, la pequeña isla caribeña no ha dejado de exportar militantes a este grupo extremista. De hecho, hoy por hoy, Trinidad y Tobago es el mayor exportador per cápita de combatientes para grupos extremistas del hemisferio occidental.  Esta realidad no sólo preocupa al gobierno trinitense, sino que la cantidad de personas de la isla caribeña que optan por convertirse en yihadistas también llamó la atención del presidente de EE.UU., Donald Trump. Las causas, según los expertos, son los elevados niveles de violencia y criminalidad en Trinidad y Tobago, las condiciones socioeconómicas precarias en importantes sectores del país y la creciente población que abraza la religión musulmana. Este país insular tiene una superficie de 5.128 kilómetros cuadrados, lo significa que entraría 178 veces en el territorio de Venezuela, su país vecino más cercano.

En el corazón del Caribe, recostada sobre la plataforma continental venezolana, Trinidad y Tobago siempre fue emblema del carnaval y la alegría. Pero en los últimos años se transformó peligrosamente para convertirse en una de las principales fuentes de reclutas y de fondos para los yihadistas del ISIS. Una metamorfosis que causó asombro, pero que estaría ligada a las complejas características coloniales de estas islas. “Soy uno de los muchos francotiradores aquí en el Califato. Salgo regularmente con mi equipo y consigo tomar parte en muchas feroces batallas contra los enemigos del Estado Islámico”. El relato es de Abu Sa’d at-Trinidadi, un joven trinitense católico de aspecto amigable, más propenso al reggae que al kalashnikov, que en 2015 decidió convertirse al islamismo e ir a luchar en Siria con los yihadistas.

En la entrevista, Abu Sa’d at-Trinidadi relata que, después de juntarse con otros trinitenses que profesaban la religión musulmana, hicieron contactos y juntaron dinero para emprender un viaje de más de 9.500 kilómetros. El yihadista hizo una escala en Venezuela para encontrarse con su esposa y juntos partieron rumbo a Medio Oriente en fechas no reveladas. Reportes de organizaciones independientes y gobiernos señalan que, al igual que Abu Sa’d at-Trinidadi y su esposa, existen entre 125 y 400 personas nacidas en Trinidad y Tobago que optaron por sumarse a las filas de EI.  Según Abu Sa’d at-Trinidadi, 60% de los combatientes de EI provenientes de Trinidad y Tobago vienen de familias musulmanas, mientras el resto se convirtió del cristianismo. La religión musulmana representa entre el 5 y el 8% de la población de la isla caribeña.  Cuando Estado Islámico proclamó el Califato en 2014, el radicalismo religioso ya no era una novedad en Trinidad y Tobago. Trinidad y Tobago declaró su independencia de Reino Unido recién en 1962 y se convirtió en República en 1976. Su población está compuesta en su mayoría por descendientes de africanos, indios, chinos, sirios y libaneses.

At-Trinidadi apareció a mediados del año pasado en la tapa de Dabiq, la revista digital del ISIS, que lo presentó como una especie de símbolo de la conversión y la lucha por el Califato. Fue captado por un sector musulmán en la isla y convencido de sumarse a los yihadistas. Viajó con su esposa a Venezuela y de ahí a Turquía, para finalmente cruzar la frontera a Siria. Abu es uno de los 130 habitantes de Trinidad y Tobago que los servicios internacionales tienen fichados como combatientes del ISIS. Según el Índice de Terrorismo Global, publicado por el Instituto para la Economía y la Paz en 2016, sólo Estados Unidos cuenta con más combatientes (250) que Trinidad y Tobago en el hemisferio occidental. Pero, claro, la población estadounidense alcanza los 320 millones, mientras en la isla caribeña no superan los 1,3 millones. Algunas agencias de inteligencia llevan a 400 el número de trinitenses afiliados al grupo extremista. El fenómeno es llamativo. En agosto del año pasado las autoridades turcas detuvieron a un reclutador del ISIS que trasladaba hacia Siria a nueve ciudadanos de Trinidad y Tobago para sumarlos a esa fuerza. Resulta tan convocante el extremismo en las islas que la propia agrupación fundamentalista difundió un video convocando a los trinitenses a formar un califato en las islas. Muchos se preguntan cómo dieron tantos yihadistas las islas de Trinidad y Tobago, ex colonia británica donde aún la lengua oficial es el inglés. Para los especialistas, tiene que ver con patrones locales como la alta criminalidad y la marginación que se potenciaron con la situación internacional. Trinidad y Tobago detentan un legado histórico de radicalismo musulmán que poco se conoce. En julio 1990 un grupo islamista llamado “Jamaat Al Muslimeen” intentó tomar el poder, pero fracasó. Unos 250 integrantes de la organización tomaron el Parlamento y la Casa de Gobierno, secuestraron al primer ministro y a otros funcionarios y los mantuvieron cautivos durante seis días. Rodeados por la policía, decidieron rendirse. Pero para hacerlo pactaron una amnistía que impidió luego encarcelarlos.

De esa agrupación provienen algunos de los extremistas que se sumaron al ISIS. “¿Por qué los jóvenes de sitios como Trinidad y Tobago,  dejan a sus familias y se van a un sitio donde la muerte es casi segura? ¿Por qué hacen eso? Yo considero que la culpa es del gobierno, el actual y los del pasado”. El trasfondo de esta llamativa situación es la complejidad social de las islas, convertidas en productoras petroleras. Las islas fueron descubiertas por Colón, pero su dominio fue disputado por españoles, ingleses, holandeses y franceses, y acosada invariablemente por piratas temerarios y salvajes. En 1802 quedó en manos de los británicos, y recién en 1962 se independizó. Se convirtió en república 14 años más tarde.

En el medio, su población indígena fue sustituida por esclavos africanos utilizados para las plantaciones de caña de azúcar y tabaco. Después, cuando la esclavitud ya no daba beneficios, se optó por mano de obra barata proveniente de India, China, Líbano y Siria. Hoy, la república caribeña es una amalgama de razas, con diferentes religiones. La principal sigue siendo la católica (26%), pero también es fuerte el Hinduismo y el Islamismo. Una característica se destaca: hay una enorme cantidad de conversiones. Actualmente las islas cuentan con decenas de mezquitas y corrientes musulmanas, algunas radicalizadas. “Me siento responsable en cierta medida de que algunos de estos hermanos se hayan ido a Siria. Siento que pude haber hecho más, que pude haberlos convencido de que no fuesen”, dice Umar Abdullah, director del Frente Islámico del sur de Trinidad, de donde partieron varios actuales integrantes del ISIS. Mientras el ISIS difunde videos y publicaciones que se multiplican clandestinamente a través de las agrupaciones radicales musulmanas, las autoridades lanzaron una campaña de vigilancia. Sobretodo buscaron frenar el intenso flujo de fondos que envían algunas organizaciones hacia Siria. “Siempre hubo preocupación en torno al dinero que sale de Trinidad y Tobago y que podría estar involucrado en actividades terroristas. Pero ahora hay una minoría en la comunidad musulmana que está empeñada en emprender este tipo de acciones”, advierte el ministro de Seguridad Edmund Dillon. Las islas del calipso y el carnaval festivo están mutando, al ritmo de un mundo cambiante donde el terrorismo cobró un papel protagonista.  A las autoridades trinitenses también le preocupan los recursos económicos que salen de la isla destinados a apoyar las actividades de EI.  Por su parte, el fiscal general de la nación peninsular planteó que los viajes a países como Siria o Irak sean controlados y se requieran permisos especiales para frenar el éxodo de futuros combatientes para EI. Al respecto, los musulmanes trinitenses expresaron su molestia porque creen que estas medidas alimentan el estereotipo sobre ellos. Después de conocidos los intentos del gobierno de la isla para limitar los viajes a Medio Oriente, Imtiaz Mohammed, líder del grupo Misioneros Islámicos hizo conocer que la comunidad musulmana no está de acuerdo con las restricciones y afirmó que la mayoría de los viajes de trinitenses a Medio Oriente son por caridad o religión y no para plegarse a algún grupo extremista.  A diferencia de Estados Unidos, en la isla trinitense todavía no está penado por ley incorporarse a organizaciones extremistas como Estado Islámico o Al-Qaeda. Sin embargo, las constantes noticias de nuevos viajeros que parten de la capital trinitense rumbo a Medio Oriente llevaron esta idea hasta el Parlamento.