# Sin categoria

Europa quiere estrangular las finanzas del terrorismo

La derrota exclusivamente militar del Estado Islámico (EI) en el territorio sirio e iraquí está provocando la dispersión de “soldados del califato” hacia diferentes frentes bélicos africanos y asiáticos al tiempo que nutre de terroristas con experiencia al invisible ejército yihadista que atenta en las calles europeas. Este escenario incrementa la posibilidad de atentados y enciende más las alarmas entorno a la financiación de un terrorismo que apenas necesita dinero para cometer sus atentados callejeros pero que maneja grandes sumas cuando se trata de sostener guerras o de potenciar su aparato de propaganda y captación. Un terrorismo que en conjunto maneja capitales procedentes del delito común en todas sus facetas, de la confiscación de todo tipo de bienes en los territorios que ocupa, de las aportaciones procedentes de determinados Estados bajo sospecha y de sus simpatizantes dispersos en todo el mundo.

Aunque el fondo ideológico-religioso es el mismo, las necesidades logísticas de los yihadistas son muy distintas en función de los lugares donde operan y de los objetivos inmediatos que persiguen, muy especialmente desde que el EI implantó el terrorismo “low cost” al que desde hace unos meses Al Qaeda se apuntó sin demasiado entusiasmo. Es decir, no precisan la misma cantidad de dinero unos terroristas camuflados en una ciudad europea que pretenden alquilar o robar un pequeño camión para cometer un crimen como el de Barcelona o Niza que los combatientes en Yemen, el Sinaí o Afganistán. En cualquier caso es un hecho que la pista del dinero ayuda al contra terrorismo.

El terrorismo yihadista tiene como objetivo la imposición universal de un modo de vida basado en una interpretación particular del Corán con el fin de que el mundo se transforme por la vía de la fuerza en un único Califato regido por la charia. En ese marco,  capitales de todo origen circulan en todas direcciones para favorecer el planteamiento y estimular a minorías extremistas para que se conviertan en “soldados del califato”.  Por lo que respecta a las células terroristas que campan por Europa estas se suelen financiar con poco dinero, incluso sólo con el del trabajo de sus componentes o, en otras ocasiones, por la vía de la delincuencia común menor como el trapicheo con drogas. Pero muchas veces, agrupaciones yihadistas más numerosas y complejas han recibido en diversas partes del mundo sustanciales aportaciones de dinero a través de entidades caritativas tapadera o por el sistema Hawala de transferencia monetaria informal que no deja huella.

La guerra es global y la amenaza más cercana reside en los seguidores extremistas y los retornados dispuestos a morir matando por sus creencias de modo que el control de su financiación, sea cual sea, es una gran herramienta para obstaculizar el terrorismo.  El asunto lo ha abordado el Parlamento de Europeo esta semana aprobando, la comisión parlamentaria de Asuntos Extranjeros, un informe de iniciativa del eurodiputado Javier Nart sobre medidas para frenar la financiación del terrorismo. Estas medidas se recogen en un texto de recomendaciones para los Estados miembros de la UE  que ha sido elaborado “con el respaldo unánime de todos los grupos parlamentarios tras haber recibido 283 enmiendas”; según confirmó el eurodiputado en conferencia de prensa habida en la oficina de la UE en Barcelona.

Para cortar el flujo de fondos a los terroristas, los países de la UE propugnan compartir información de Inteligencia de manera más proactiva, realizar un seguimiento de las transacciones más de cerca y reprimir la financiación del comercio ilícito de bienes, armas de fuego, petróleo y drogas.

Dos de los puntos analizados por el proyecto europeo para evitar estos flujos monetarios plantean cambios de mentalidad que se anuncian muy difíciles.  El primero es el que se refiere al control del origen y destino del azaque o zakat, la aportación para pobres y necesitados que todo musulmán hace y que constituye el tercer pilar del Islam. El otro es el que modificaría al Hawala, el sistema informal de transferencia de dinero muy arraigado en Estados Unidos, Asia, parte de Europa, parte de África y zonas de América del Sur. La idea es que el Hawala deje de ser anónimo en Europa de modo que sus transferencias puedan seguirse igual que las de cualquier banco tradicional. No obstante, el calado de este método es tan profundo que la dificultad para acercarlo a los controles occidentales se antoja grande pues si los hawalard -los trasmisores del dinero-, tienen que dejar ante las autoridades constancia formal de las transacciones que hacen, el sistema podría regresar por sí mismo a la clandestinidad.

En cuanto al zakat, el Paramento europeo desearía que las mezquitas, asociaciones culturales o entidades similares informaran del reparto que hacen de los fondos que reciben tanto del exterior como del interior de la UE. Igualmente la UE está por la centralización informativa de estas transacciones. En definitiva, se trata de poner en marcha un control del origen y destino de fondos para evitar su distribución maliciosa o imprudente con fines terroristas. Un grupo de medidas cuyo espíritu nada tiene que ver con la religión y mucho con que en la UE las normas respecto al dinero sean iguales para todos.