# Geopolítica

LA FALSEDAD DEL ESTADO PALESTINO, QUE JAMÁS HA EXISTIDO. (LA MENTIRA HISTÓRICA DE PALESTINA)

A menudo escuchamos afirmaciones como “los palestinos llevan en estas tierras 5.000 años” Nos encontramos ante un debate politizado y es importante preguntarnos que es realidad y que es ficción ante la falsedad del “Estado Palestino”. Año tras año, hemos podido observar siendo testigos de las constantes mentiras propagadas por el liderazgo palestino y los países y organizaciones que los apoyan. A su vez, la difamación en contra del Estado de Israel y el “antisionismo” se han transformado en la forma políticamente correcta de manifestar el antisemitismo.

El nombre Palestina fue creado por el Emperador romano Adriano. Durante su mandato, Adriano arraso a la población judía en el Reino de Judea y reubicó a la mayoría de los habitantes en el exilio. Adriano estuvo determinado a eliminar miles de años de historia judía en la tierra de Israel, la cual se remonta a la época de la Biblia. Las evidencias arqueológicas demuestran una continua presencia judía, que comienza en el 1.300 a.C. El Emperador Adriano decidió renombrar la provincia de Judea como Siria-Palestina. En referencia a los adversarios de los judíos, los filisteos. Los filisteos fueron un pueblo ancestral que al igual que muchos otros desaparecieron con el tiempo, y no tienen ninguna conexión con los llamados “palestinos” otra de las muchas falsedades que la propaganda palestina ha hecho creer.

Aunque Adriano exilio a muchos, los judíos mantuvieron una presencia continua en la tierra de Israel desde esos tiempos, construyendo comunidades fuertes en Jerusalén, Safed, Hebrón y Tiberias en el transcurso de los años. Judea fue el último estado independiente que existió en la tierra. Siglo tras siglo, los judíos restantes así como también otros grupos vivieron bajo el mandato de otros imperios consecutivos que llamaron a la zona de diversas maneras. Pero en Europa, la palabra romana Palestina permaneció siendo la denominación geográfica que fue usada más frecuentemente. Así que cuando la tierra cayó en manos de los británicos al final de la Primera Guerra Mundial la llamaron Palestina. Aunque para entender la aparición de las nuevas fronteras y estados en Oriente Medio deberíamos analizar los pormenores del Tratado de Sykes-Picot. Este famoso acuerdo conocido oficialmente como el Acuerdo de Asia Menor, fue un acuerdo secreto entre el Reino Unido y la República francesa para definir las propuestas de las esferas de influencia y control de los dos países en el Próximo Oriente si acaso la Triple Entente obtuviera la victoria en contra del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial. Las negociaciones se desarrollaron entre noviembre de 1915 y marzo de 1916 ​ se firmó el acuerdo el 16 de mayo de 1916.

Se considera que el acuerdo le dio forma a la región. Se definieron las fronteras de Irak y Siria, y ha llevado hasta el conflicto actual entre Israel y los llamados “Palestinos”. ​ Muchas personas ven el acuerdo como un punto de inflexión en las relaciones entre el mundo Occidental y el mundo árabe. La arquitectura geopolítica fundada por Sykes-Picot favorecería circunstancias que dan a lugar cosas como la protección que disfrutaron las minorías religiosas y étnicas en el Medio Oriente, las cuales son motivos de conflictos. ​ El Estado Islámico dijo que una de sus metas en su insurgencia, es revertir los efectos de Sykes-Picot.

Se repartió a los británicos el control de las áreas desde la línea de la costa del Mar Mediterráneo hasta el río Jordán, Jordania, el sur de Irak y una pequeña área que incluyó los puertos de Haifa y Acre para dejar acceso al Mediterráneo. ​ Se repartió a los franceses el control del sureste de Turquía, el norte de Irak, Siria y Libano.​ El Imperio ruso iba a recibir Estambul, los Estrechos Turcos y Armenia. Se dejaron libres a los poderes para decidir las fronteras dentro de sus propias áreas. Se esperaron más negociaciones con otros poderes incluyendo a Rusia y Husayn Ibn Ali, jerife de la Meca para determinar la administración Internacional.

Dada la derrota eventual del 1918 y la subsiguiente partición del Imperio Otomano, el acuerdo efectivamente dividió las provincias árabes de los otomanos fuera de la Península Arábiga en áreas de influencia y control de los británicos y franceses, con lo que ​se propuso una «administración internacional» para Palestina. ​ Los británicos formaron el Mandato Británico de Palestina entre 1920 y 1948 y el Mandato Británico de Irak desde 1920 hasta 1932, mientras el Mandato francés de Siria y Líbano duró desde 1923 hasta 1946. Los diplomáticos británicos y franceses Mark Sykes y François Georges-Picot negociaron los términos del acuerdo. El gobierno de los zares en Rusia fue una parte menor en el acuerdo y cuando ocurrió la Revolución rusa, fueron los bolcheviques quienes publicaron el acuerdo el 23 de noviembre de 1917, resultando que «los británicos se avergonzaron, los árabes se consternaron y los turcos se alegraron».

La Liga de Naciones anterior a las Naciones Unidas les concedió como hemos visto diversos mandatos a las potencias vencedoras de la Gran Guerra, como Francia y Gran Bretaña para controlar el Medio Oriente. Esta zona fue llamada durante el Mandato Británico como “Palestina”. Dos pueblos vivieron bajo el mandato británico, el árabe y el judío. Aunque los árabes en su mayor parte prefieren verse a sí mismos como parte de la Gran Siria, mientras que los judíos adoptan su nueva asociación como residentes de Palestina. En 1947 el Mandato expira y las Naciones Unidas decidieron separar la tierra en un Estado independiente judío y uno árabe. Los judíos aceptaron la resolución de Naciones Unidas y le llamaron el Estado de Israel. El mundo árabe sin embargo rechazó el plan de dos Estados, y justo cuando el último soldado británico partió atacaron al nuevo Estado vecino, con la intención de masacrar y exterminar al pueblo judío. Israel se defendió, tal y como ha venido haciendo desde 1948, ante la creciente hostilidad de unos pueblos árabes que solo han buscado la destrucción de Israel. Contra todo pronóstico, el pueblo judío sin un ejército o fuerza aérea regular, como David contra Goliat, pudo vencer a todos los ejércitos enemigos  que vinieron a destruirles. Tras la guerra, Jordania se anexionó Cisjordania y Egipto se adjudicó la Franja de Gaza.

Ambas zonas que les fueron adjudicadas a los árabes como parte del plan de partición. Con lo cual, ningún país vio la necesidad de establecer un estado independiente en esta área. Como resultado un estado árabe independiente no se materializó dentro de las fronteras del ex – Mandato Británico de Palestina. En 1964 la Liga Árabe fundo la OLP,  la Organización de Liberación de Palestina. Esta fue la primera vez que este grupo árabe que previamente se denominaba así mismo como asirios y egipcios comenzaron a llamarse “Palestinos” La OLP exigió la totalidad de la zona del Mandato y llamo a la destrucción de Israel, pero no se enfrentó ni al mandato jordano ni al egipcio. Las aspiraciones árabes continuaron enfocándose solamente en eliminar al Estado de Israel y asesinar a todos los judíos que vivían allí. Los árabes instigaron otra guerra en 1967, en la que Israel obtuvo el control sobre los territorios del ex – Mandato en Cisjordania y Gaza.

Podemos afirmar que no existe, por lo tanto, ni la más mínima semejanza – de hecho, ni una pulgada cuadrada de coincidencia – entre el territorio reclamado por los palestinos como su “patria” cuando por primera vez supuestamente formularon sus aspiraciones nacionales, y la “patria” que reclaman hoy. De hecho, las dos visiones de los territorios “patria” no sólo son incompatibles entre sí, sino que se excluyen mutuamente. De hecho, nada podría reivindicar mejor la afirmación de que el concepto de “patria palestina” es una construcción fabricada, conjurada para promover la búsqueda árabe de erradicar cualquier rastro de una patria judía soberana. Fue el rey Hussein de Jordania el que subrayó que el surgimiento de una identidad colectiva palestina no era más que una estratagema para oponerse a reivindicaciones judías de territorio considerado “árabe”. En la reunión de la Liga Árabe en Amman en noviembre de 1987, declaró: “La aparición de la personalidad nacional palestina se presenta como una respuesta a la afirmación de Israel de que Palestina es judía”. Esto implica necesariamente que la “personalidad palestina” carece de existencia independiente, deriva de la ficción, y fue fabricada sólo para contrarrestar las reivindicaciones territoriales judías.

Entonces son ciertos esos reclamos históricos que hacen los llamados “palestinos” Tal y como hemos leído en alguna afirmación realizada por Mahmoud Al-Abbash “No hubo período en la historia sin la presencia del pueblo palestino en esta tierra” Esta afirmación es falsa, el nombre de Palestina fue una invención del Emperador Adriano en el 134 d.C. y la población que vivió en Israel durante el Mandato Británico empezaron a llamarse a sí mismos como palestinos en 1964.  De hecho no existe el llamado “Pueblo Palestino”, o una cultura, historia o lengua palestina. Jamás se han hallado restos arqueológicos o monedas de una civilización palestina. Los actuales “palestinos” son un pueblo árabe, de cultura, lengua o historia árabe. Los Estados modernos árabes solo existen desde hace un siglo, tras el final de la Primera Guerra Mundial, cuando fueron creados por las potencias vencedoras de la Gran Guerra, los cuales aparecieron para contrarrestar la emigración judía.  Los “palestinos”  eran jordanos (aunque también debemos matizar que es una ficción británica) ya que tampoco ha existido ningún pueblo llamado jordano, antes del Tratado Sykes-Picot. Después de la Guerra de los Seis Días, en la que Israel derrotó de manera categórica a sus enemigos, una coalición de nueve Estados árabes que se habían levantado en armas para destruir a Israel y expulsar a los judíos al mar. El ejército israelí, consiguió una gran victoria y obtuvo legítimamente el control de la posesión de Judea y Samaria. Los habitantes árabes de esas regiones experimentaron una especie de transformación antropológica y descubrieron de la noche a la mañana su nuevo estatus como miembros de una nueva civilización perdida denominada como “palestinos

Con lo cual al crearse una nueva identidad, se tenía que construir artificialmente una nueva historia acorde con su falsedad. Es decir debían robar la historia de alguna otra civilización, y la única solución plausible ante este hecho, era que esas personas a quien se les sustraía su historia, no existieran. Entonces los líderes palestinos se hicieron suyos dos linajes contradictorios de antiguos pueblos que habitaban en la tierra de Israel: Los canaeos y los filisteos. En realidad los antiguos filisteos y los modernos palestinos tienen algo en común, ambos son invasores de otras tierras. No es una denominación étnica, sino un adjetivo aplicado a ellos: “Pelashet”, del verbo “Pelesh” secesionistas, intrusos, invasores. Fueron un pueblo originario del Bronce Reciente, del cual existen testimonios en diferentes fuentes textuales (egipcias, hebreas, asirias) o arqueológicas. Los documentos más antiguos que harían referencia a los filisteos son los documentos egipcios sobre los «pueblos del mar», donde se menciona a los «parusata» (transcrito convencionalmente como peleset), junto a otras poblaciones hostiles a Egipto. La patria original del grupo dominante en la federación filistea, o sea los pelasati era la isla de Creta. Estos antiguos cretenses que llegaron al sur de Canaan eran conocidos como “Pelastin o Keretin” por los hebreos y cananeos, que se aliaron para combatir contra ellos. El origen geográfico de los filisteos sigue siendo un tema de debate académico. Las evidencias más sólidas del origen de los filisteos son arqueológicas y apuntan hacia el mar Egeo, aunque también se ha sugerido que la cultura material filistea sea simplemente una continuación de la cultura cananea de la edad del bronce. Yasser Arafat, que se impuso no democráticamente a los árabes que se llaman a sí mismos palestinos, fue un aficionado a crear el mito absurdo de que los árabes palestinos, eran descendientes de los cananeos y los filisteos. Como sabemos, cuanto más grande es la mentira más grande es el número de personas que lo van a creer. Las grandes mentiras de los palestinos parecen estar cogiendo más impulso, no menos. De acuerdo con David Meir Levi en su libro La Historia al revés, Arafat, una marioneta del KGB, aprendió estas habilidades de los comunistas: “Usando los métodos soviéticos, Arafat remarcó los ataques a los judíos que se habían sucedido desde los años 20, motivados por las obligaciones religiosas de la Yihad, como un nacionalismo secular motivado por la demanda de auto-determinación. Desde entonces los árabes nunca han atacado a los judíos, han “resistido” frente a ellos.  El general Giap (estratega de Ho Chi Minh) le dijo a Arafat que la OLP necesitaba trabajar de manera que ocultara sus objetivos reales, permitiera el engaño estratégico y diera la imagen de moderado. “Deja de hablar de aniquilar Israel y en vez de ellos convierte tu guerra de terror en una lucha por los derechos humanos; entonces tendrás al pueblo americano comiendo en tu mano.” De manera similar Ion Mihai Pacepa, antiguo jefe de la inteligencia rumana, que desertó a Occidente, escribió “En marzo de 1978, llevé a Arafat en secreto a Bucarest para darle instrucciones de cómo comportarse en Washington: “Tú simplemente tienes que continuar fingiendo que romperás con el terrorismo y reconocerás a Israel, una y otra vez y otra”, le dijo Ceausescu por enésima vez. Otra herramienta de propaganda que los líderes palestinos aprendieron de los soviéticos fue “el contra-discurso” por ejemplo, diseminar información que es exactamente la contraria de la verdad.

Los cananeos, sin duda, fueron los primeros habitantes conocidos de la Tierra de Israel antes de los hebreos, Abraham, Isaac, Jacob y sus esposas, se establecieron allí, y antes de que Moisés trajera a sus descendientes de vuelta a la Tierra Prometida, durante el Éxodo de Egipto. El marco temporal para la utilización del término Canaán suele estar comprendido desde el año 3.000 a.C. hasta que los romanos, durante su extensa dominación, le cambiaron el nombre por Palestina como represalia inmediata contra los hebreos tras sofocar su rebelión de los años 132 a 135. Los cananeos vivían tanto a lo largo de la planicie costera y en las regiones de montaña, que funcionan como una columna vertebral por el territorio bíblico de Samaria y Judea. Su lenguaje era similar al hebreo y su territorio se extendía hacia el norte en nuestros días, el Líbano e incluyó en la actualidad los Altos del Golán. Los cananeos fueron finalmente sometidos durante el reinado del rey David. La mayoría de los cananeos fueron asimilados gradualmente en el pueblo judío. Después del siglo VIII a.C, los cananeos ya no existían y las únicas personas, por lo tanto, que remontan un vínculo histórico con la antigua Canaán son los Judíos, no los árabes palestinos. Esto solo cuenta como un disparate de Arafat, financiado por la vasta riqueza del petróleo árabe, para engañar al mundo.

Los modernos “árabes palestinos” son principalmente los descendientes de aquellos árabes itinerantes que inundaron ilegalmente el Mandato Británico de Palestina, desde territorios árabes tan lejanos como Sudán, Egipto, Siria y lo que era Mesopotamia (actual Irak). Ellos fueron atraídos durante las primeras décadas del siglo XX por las nuevas oportunidades de empleo proporcionadas por los pioneros judíos, cuyos esfuerzos heroicos fueron convirtiendo el desierto de nuevo en un hábitat donde poder vivir y restaurar los siglos de abandono que la tierra de Israel, había soportado bajo una sucesión de invasiones.

El primer intento de los Judios para reclamar su independencia del yugo represivo de la ocupación romana, terminó cuando los guerreros judíos y sus familias huyeron a la fortaleza de Masada de Jerusalén. Los romanos habían destruido la capital judía junto con el Segundo Templo judío. Masada es conocida por su destacada importancia en los compases finales de la primera guerra judeo-romana (también conocida como la Gran Revuelta Judía), cuando el asedio de la fortaleza por parte de las tropas del Imperio romano condujo finalmente a sus defensores a realizar un suicidio colectivo al advertir que la derrota era inminente. Setenta años después de la muerte de Herodes, en el año 66 d. C., dio comienzo la primera guerra judeo-romana debida a las tensiones religiosas entre judíos y griegos. La principal fuente de información es la mencionada “La guerra de los judíos del historiador Flavio Josefo. Es una obra que debe tomarse con cierta cautela debido a su carácter apologético, constituyendo no obstante la única fuente coetánea existente que narra los acontecimientos acaecidos durante ese conflicto. Según Josefo, los zelotes (en hebreo קנאים, kana’im, “celosos de Dios“) fueron el grupo principal que llevó el peso de la sublevación para liberar la provincia de Judea de la dominación romana. Otro de los grupos que también se sublevó fue el de los sicarios, rivales no obstante de los zelotes y otros grupos judíos. De esta forma, en el mismo año de la rebelión, un grupo de rebeldes sicarios liderados por Menájem, hijo de Judas el Galileo, tomó Masada por sorpresa y degolló a la guarnición romana apostada en la fortaleza. Ésta se hallaba compuesta por una de las diez cohortes de la Legio III Gallica, que se hallaba estacionada en Masada desde el despliegue de la legión en la provincia en el año 44​ cuando Judea pasó a ser gobernada de nuevo por un procurador romano tras la muerte de Herodes Agripa I. Para conjurar los problemas que causaban los rebeldes de Masada el gobernador romano de Judea, Lucio Flavio Silva, marchó hacia la fortaleza dispuesto a asediarla con un ejército compuesto por una legión romana (la Legio X Fretensis), cuatro cohortes auxiliares (una de ellas miliaria y otra equitata) y dos alas de caballería. Para albergar estas tropas dispuso la creación de ocho campamentos que rodearan la fortaleza, ubicados tanto en la planicie occidental como en la llanura costera oriental, que pudieran acoger un contingente de 9.000 hombres, entre legionarios y auxiliares, a los que habría que sumar seguidores y prisioneros judíos esclavizados.

Flavio Josefo da como fecha tradicional de la caída de Masada el día 15 de Jántico o Nisán,​ el primer día de Pésaj, del quinto año de la rebelión judía, el año 3833 en el calendario hebreo. En el calendario juliano esta fecha se ubica en el mes de abril del año 73, pudiendo corresponder a días tan dispares como el 14, el 16 o incluso el 10 de abril. ​ Otros análisis mencionan la posibilidad de que la conquista de la fortaleza pudiera haber sucedido en la primavera del año 74, un año después de lo tradicionalmente aceptado; se fundamentan principalmente en inscripciones epigráficas que narran el cursus honorum de Silva y que discuten que fuera gobernador de Judea antes de abril de ese mismo año. Si se acepta la fecha del 15 de Jántico, la correspondencia con el calendario juliano para ese año establece la fecha del 31 de marzo del año 74. Después de la supresión de la Segunda Revuelta Judía en el año 135 d. C. en contra de la ocupación romana, el emperador Adriano sustituye el nombre de Judea (Yehuda en hebreo de donde el nombre Yehudim, Judios, se origina) a Siria-Palestina, después de los “filisteos” que eran los antiguos enemigos de los israelitas. Adriano lo hizo con el propósito explícito de borrar cualquier rastro de la historia judía. El nombre Palestina no está escrito en la Biblia, ni en las Escrituras Hebreas ni en el Testamento cristiano, ni siquiera en asiria, en las fuentes persas, griegas, o del propio Ptolomeo u otras fuentes griegas. No hay gente “palestina” nunca fueron mencionados, ni siquiera por los romanos que inventaron el término. Si los llamados palestinos supuesta mente son los habitantes históricos de la Tierra Santa, ¿por qué no lucharon por la independencia de la ocupación romana, como los judíos lo hicieron? ¿Cómo es posible que ni un solo líder “palestino” se rebeló contra los invasores romanos o se mencionan en ningún registro histórico? Saladino, un kurdo, sabía de los judíos y los invitó a establecerse en Jerusalén. Él no tuvo problemas en reconocer a Jerusalén como su capital eterna y el territorio como su Patria que le corresponde. Pero él no sabía de ningún pueblo palestino y de la reivindicación de los palestinos como un pueblo originario de la Tierra de Israel, la Tierra de Israel, no sólo es contraria a la historia secular, sino también se opone a la historia islámica. Jerusalén, conocida también como Sión, es la eterna capital judía de hace más de 3.000 años. Tal vez lo que único que vincula en los días modernos a los árabes, que se hacen llamar a sí mismos “palestinos” con los filisteos antiguos, es que ambos son invasores. Los filisteos querían tomar de los israelitas la Santa Arca de la Alianza, mientras que hoy los llamados “árabes palestinos” desean tomar del pueblo judío la Ciudad Sagrada del Pacto, Jerusalén.

Israel vive tiempos conflictivos y convulsos, y se hace imprescindible mostrarle al mundo la verdad de Israel, y para mostrar a la comunidad internacional que Israel debe ser sólida en sus acciones, Israel tiene la verdad y no debe pedir disculpas por defender su tierra y a su pueblo y menos cuando están ejerciendo su legítimo derecho a defenderse de quienes pretenden aniquilar al pueblo del Rey David.