# Historia Militar

La Guerra de Movimientos en la Primera Guerra Mundial 1914-1918 III Parte

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En 1914, los europeos pensaban que la guerra sería corta. Pero los generales, que habían estudiado las guerras napoleónicas, estaban equivocados en su enfoque inicial del enfrentamiento, basado en el uso masivo de la infantería. Respondiendo a la enorme eficacia de las armas (fusiles, armas automáticas y artillería pesada), las fortificaciones fueron reforzadas. La caballería sería inútil como medio para romper el frente. Al comienzo de la guerra los dos bandos trataron de obtener una victoria rápida mediante ofensivas fulminantes. Hay que pensar que la guerra de movimientos y la estrategia de ambos contendientes era buscar la “batalla”, por un lado el Ejército alemán, buscando un enfrentamiento sabiéndose superior a otros ejércitos, y por otro lado el Ejército francés que se ve superado por la guerra de movimientos y retrocede buscando un campo de batalla acorde con sus necesidades estratégicas. Los alemanes avanzaban y avanzaban, y apenas había prisioneros, el Ejército francés se retiraba más rápido de lo que los alemanes eran capaces de avanzar y estiraban sus líneas más de lo que sus comunicaciones e impedimenta logística era capaz de llegar. La guerra de movimientos fracaso porque los alemanes no supieron adoptarse a sus “éxitos” y se rigieron en exceso en su plan básico “El Plan Schlieffen[1] El Ejército francés se mantuvo firme y se dejo machacar, pero aguantó hasta el final, destrozando la estrategia de movimientos del Ejército alemán. Los franceses agruparon sus tropas en la frontera con Alemania, entre Nancy y Belfort, divididas en cinco ejércitos. Previendo un ataque frontal en Lorena, organizaron el Plan XVII[2]. Los alemanes tenían un plan mucho más ambicioso. Contaban con la rapidez de un movimiento de contorno por Bélgica para sorprender a las tropas francesas y marchar hacia el este de París (Plan Schlieffen de 1905) y luego enfrentarse a las fuerzas enemigas y empujarlas hacia el Jura y Suiza. Tan sólo ubicaron una parte de sus tropas sobre la frontera para resistir el ataque frontal en Alsacia-Lorena.

El grueso de sus fuerzas atravesaría Bélgica, para emprender luego —desde el norte y con el máximo de medios en el ala derecha— una ofensiva para cercar al ejército francés, destinada a la destrucción total de las tropas aliadas. Una vez conseguido este objetivo, deberían volverse hacia la frontera rusa, cuya movilización militar sería más lenta. Schlieffen no tardó en encontrar problemas. El ejército alemán debería extenderse hacia el norte con una potente ala derecha pero sin debilitar el centro y la izquierda, pues allí se esperaba el ataque francés principal. Para ello le faltaban divisiones y hombres. No podía esperar que el ejército regular (el que se mantiene en épocas de paz) pudiera asumir tan largo frente. Pero se le ocurrió una solución innovadora: usar los reservistas. Los reservistas eran considerados soldados mediocres y únicamente aptos para labores de ocupación y retaguardia, no para la lucha, pero Schlieffen decidió sumarlos al frente. Así pudo mantener una ala derecha potente y el centro y la izquierda lo suficientemente fuertes como para detener el ataque francés. El plan, basado según el propio Schlieffen en la táctica seguida por Aníbal[3] en la Batalla de Cannas[4], nunca se llevó a cabo. Schlieffen falleció en 1913, y el plan de batalla fue modificado posteriormente por su sucesor en el Estado Mayor, Helmuth Johan von Moltke[5], sobrino del famoso militar prusiano Helmuth von Moltke. Principalmente, rechazó la idea de oponer la totalidad de las fuerzas armadas alemanas en el ataque contra Francia, reservando una parte de los ejércitos para la defensa de la ofensiva rusa. Este cambio, que ha sido tema de debate para todos los especialistas en historia militar desde entonces, se considera el mayor error de Moltke. La invasión de Francia, tal y como se llevó a cabo finalmente, fracasó al encontrar más oposición de la esperada en la Batalla del Marne[6] (1914), que salvaguardó París y forzó a los alemanes a fortificarse en el río Aisne, donde daría comienzo una mortífera guerra de trincheras que caracterizaría los combates sucesivos en el Frente occidental. La invasión de Bélgica le valió además a Alemania una declaración de guerra por parte del Imperio Británico, garante de la independencia belga desde el nacimiento de ésta en 1830. El propio Káiser Guillermo II solicitó a Moltke que abortara o modificara el plan en el último momento, con el fin de no ganarse otro gran enemigo en la contienda, pero éste se limitó a replicar que el plan «Una vez asentado, no puede cambiarse». El plan Schlieffen era la gran apuesta alemana por lograr un desenlace rápido de la guerra. La realidad de la historia ya la conocemos, pero como tantas veces, podemos dejar correr la imaginación y tratar de argumentar qué habría ocurrido si…  Con la muerte de su autor, el plan perdió a su mayor valedor. Schlieffen tenía claro lo acertado del plan y estaba dispuesto a poner toda la carne en el asador, empeñando al grueso de las mejor tropas alemanas en la ofensiva. Puede que la apuesta resultase arriesgada, pero a la vista de los hechos, con la actitud más conservadora de su sucesor, el plan no alcanzó sus objetivos. Es posible que habiendo empeñado las mejores tropas en el ataque inicial, el avance sobre Bélgica hubiese resultado más rápido, siendo capaces las fuerzas alemanas de alcanzar París antes de que las tropas francesas y británicas pudiesen hacerles frente como lo hicieron en la batalla del Marne. Quién sabe si no se habría logrado un derrumbamiento del ejército francés con la caída de la capital y el grueso de sus tropas encerrado entre tropas alemanas y la frontera Suiza. Es posible que los franceses se hubiesen visto obligados a capitular antes de que las tropas británicas pudiesen haber hecho acto de presencia de manera efectiva.

Al contrario, en caso de haber resultado una apuesta demasiado ambiciosa, es posible que los que hubiesen sufrido una derrota rápida y decisiva fuesen los alemanes. Es posible que los franceses hubiesen sido capaces de hacer una resistencia efectiva contra el ataque de las mejores tropas y el poco adiestrado y equipado pero muy numeroso ejército ruso fuese capaz de haber superado a los defensores alemanes en el frente oriental. Vista la escasa efectividad que mostraron las tropas austro-húngaras, es posible que los rusos pudiesen haber logrado una victoria decisiva en ese frente, que hubiese cambiado el signo de la guerra en los Balcanes y globalmente se hubiese producido una pronta derrota alemana. De todas formas, pese a que los planes de Schlieffen modificados finalmente no resultaron bien, esta estrategia más conservadora no distó mucho de lograr el éxito. El rápido avance inicial alemán llegó a 40 kilómetros de París. No sería descabellado pensar que existían posibilidades reales de que resultase un plan exitoso. El hecho de que los alemanes se buscasen un nuevo enemigo con la invasión de Bélgica me parece un tanto inevitable. Desde el punto de vista estratégico, ante el “choque de trenes” que se habría producido si se hubiese dado un choque frontal únicamente el la frontera franco-alemana, el flanco descubierto que suponía Bélgica (aliado de Gran Bretaña) era un gran peligro. Además, dado el sistema de alianzas existente desde antes de la guerra, estoy seguro de que más pronto que tarde el Reino Unido habría entrado en guerra al lado de Francia con una u otra excusa. Por lo tanto, puestos a tener que enfrentarse con Bélgica antes o después, a mi juicio resulta más ventajoso hacerlo antes, con el factor sorpresa, con iniciativa y antes de que tropas británicas pudiesen asentarse como apoyo en su territorio. Al hablar de la Primera Guerra Mundial[7] suelo compararla con un enorme tablero de ajedrez, donde encontramos dos bandos y al única forma de poder lograr el tan ansiado “jaque mate” es con mucha paciencia, y sobre todo, con gran agilidad mental para poder mover las piezas de la mejor manera posible, empleando la mejor de las estrategias. Esta es la forma que suelo dirigirme a mis alumnos para que se logre comprender el momento de la guerra en sí mismo, que es un tanto más entreverado que explicar las causas o las consecuencias de la misma. Pero para poder hablar de los acontecimientos en sí mismos, no sólo debemos comparar a la Triple Alianza y a la Triple Entente marcando el poderío de unos y otros, sino que debemos tratar dos aspectos fundamentales en referencia a la estrategia empleada. Es justamente estrategia la que les permitirá a unos o a otros ser los ganadores de la que fue llamada Gran Guerra, por emplearse elementos que nunca antes en la historia se habían apreciado, como armas, tanques de guerra, aviones y un sinfín de cosas más. Dos guerras estratégicas se disputaron simultáneamente en este período, por un lado una guerra de movimientos[8] en el año 1914, y por otro una guerra de posicionamientos entre 1915 y 1916.

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De ambas es que parte el ideal de la comparación con el ajedrez, un error de cálculo, una pequeña falla nos puede costar el jaque mate y en este momento el costo sería muy alto. Como describiríais vosotros la Guerra de Movimientos durante el año 1914? Cuales fueron las estrategias del Ejército Alemán y cuales las de los Aliados. Más que la Guerra de Movimientos yo la llamaría la Guerra del Movimiento, pues prácticamente durante toda la guerra sólo hubo un movimiento. Y fue la intención por parte del ejército alemán de cumplir con el Plan Schlieffen, pero este además de ser modificado por Moltke adolecía de algún fallo, especialmente logístico. El Plan consistía en avanzar en 40 días hasta París pero en un amplio movimiento de flanqueo a través de Bélgica y utilizando el Canal de la Mancha como foso protector del flanco derecho alemán. Pero el plan fue modificado en número de efectivos y nadie había contemplado la capacidad de resistencia del ejército belga. Por lo que los alemanes se entretuvieron en combates en torno a Lieja, Namur y otros puntos fortificados y al no cumplirse el plan de avance, pues era imposible al no haberse tenido en cuenta el número de efectivos a desplazar y que en 1914 aún la infantería se movía a pie, los embotellamientos en las carreteras de Bélgica dificultaron aún más el avance. Por lo que los alemanes optaron por reducir la distancia a recorrer hacia el objetivo que era París, con lo que destaparon su flanco derecho dando espacio por donde los franceses podían envolverlos a ellos a su vez. Y esa fue la opción elegida por Joffre[9], que era la lógica y acertada, aunque me parece excesivo que se pueda calificar como magistral la acción francesa en el Marne. Después de esta batalla derivó en una carrera para establecer un frente que terminase en el Canal de la Mancha cambiando para siempre las posibilidades estratégicas en este teatro de operaciones. En el frente Este, la situación era la contraria. Alemania mantenía una actitud totalmente defensiva a la espera de resultados en el Oeste, por lo que la iniciativa fue tomada por los rusos que lanzaron dos ejércitos a la conquista del objetivo lógico que no era otro que Prusia Oriental. Pero allí se encontraron con un ejército que aunque inferior en número contaba con superioridad en material y sobre todo en mandos. Y ante la descoordinación de los rusos en mantener un avance paralelo de ambos ejércitos, el del norte se detuvo dando la ocasión a los alemanes de derrotarlos de forma separada en dos batallas consecutivas, Tannenberg[10] y los Lagos Masurianos[11]. Con lo que Alemania había obtenido el tiempo necesario para estabilizar este frente a la espera de la llegada de la movilización masiva rusa. Ya en el frente que correspondía a los austriacos los acontecimientos fueron variados, en un principio lograron triunfos frente a Serbia pero acabaron perdiendo todos los objetivos tomados a la vez que fracasaron en su ataque a Rusia a través de Galitzia. Lo que provocó que los alemanes debieran desviar refuerzos de sus frentes principales para evitar el desmoronamiento de los frentes austriacos. Además de la entrada de Italia del lado de la Entente y la apertura de un segundo frente en Austria. En los inicios del conflicto, nadie esperaba una guerra que se extendería durante más de cuatro años. Los ingenuos soldados que iban al frente aún sonreían y los estados mayores tenían unos planes basados en la derrota rápida del enemigo.

Frente Occidental Frente Oriental Otros frentes
 

Plan Schlieffen: ataque alemán contra Francia a través de la neutral Bélgica. Moltke dirige las tropas germanas.

El ejército francés, al mando de Joffre, consigue frenar el ataque alemán en la batalla del Marne. (noviembre 1914)

Estabilización de los frentes: se inicia la guerra de trincheras.

 

Tras un inicial avance ruso, los alemanes se imponen, aunque no de forma definitiva, en la batalla de Tannenberg (agosto 1914)

Avances rusos ante Austria-Hungría.

Las tropas austro-húngaras fracasan en su ataque a Serbia.

 

 

Japón entra en guerra el 20 de agosto y se anexiona Tsingao (posesión alemana en China). En adelante, se desvincula prácticamente de la guerra

Turquía entra en guerra en noviembre.

 

Hay que matizar que la estrategia militar francesa durante la I Guerra Mundial fue conocida como el Plan XVII, fue creada inicialmente por Ferdinand Foch[12], el plan consistía en utilizar la fuerza bruta y una creencia mítica en el espíritu de lucha francés o “elan”. La pérdida de las provincias de Alsacia y Lorena ante el Imperio Alemán en 1871, habría creado el sentimiento de revancha francés, siendo uno de los principales objetivos del Plan XVII para recobrar dichas provincias. Para llevar a cabo este plan, cuatro ejércitos franceses  avanzarían por ambos lados de Metz y de Thionville, esto dejaba solamente un ejército para defender el norte de Francia, ya que los planificadores franceses estaban convencidos de que el Imperio Alemán no invadiría Francia a través de Bélgica, pero esta conduciría a la partición británica en el conflicto (en el Tratado de Londres[13] de 1839, el Reino Unido había garantizado la neutralidad e independencia del territorio belga). Desafortunadamente para Francia, los alemanes miraron al Tratado de Londres como papel “inservible” (y pensaban que los británicos harían lo mismo) aplicaron su Plan Schlieffen, creado para realizar un ataque a través de Bélgica y del norte de Francia para cercar París. Cuando estalló la guerra en 1914, la ejecución del Plan XVII terminó en un total fracaso. El comienzo del plan trascurrió perfectamente para el Reich. Sus tropas avanzaron sobre Bélgica el 4 de agosto, lo cual provocó la intervención inglesa. Posteriormente derrotaron al ejército francés en diversas batallas. Los franceses lanzaron simultáneamente el Plan XVII, pero resultó un fracaso debido a las armas automáticas que frenaron cualquier asalto y a un repliegue prematuro de las tropas hacia sus líneas. Semanas después estaban ya ubicados en el río Marne, donde chocaron con el Cuerpo Británico y el ejército francés, quienes frenaron el avance alemán. La derrota germana frustró el plan original y acabó con las expectativas de una conflagración breve, marcando el abandono definitivo de los planes anteriores a la guerra. En ese momento comenzó la «carrera hacia el mar»: los dos Ejércitos marcharon hacia el Mar del Norte; ataques y contra-ataques se sucedieron. La contienda se desarrollaría en territorio francés y belga. Las tropas británicas no tardaron en intervenir en mayor número, junto a los restos del ejército belga. Mientras tanto, Austria-Hungría fracasó en su intento de tomar Belgrado, lo cual lograría después con ayuda alemana, en agosto del 1915. Rusia invadió Prusia Oriental, pero los generales de estado mayor prusianos Hindenburg[14] y Ludendorff[15] los batirán contundentemente en Tannenberg. En el curso de 1915, dos nuevos países entraron en la guerra: Italia del lado de los Aliados y Bulgaria al lado de las potencias centrales, que con este apoyo derrotan y ocupan a Serbia. Desde el comienzo de la guerra, el Vaticano y Suiza intentaron infructuosamente sondeos por la paz. Durante la I Guerra Mundial, hay que recordar que Italia se unió a la Entente Cordiale contra Alemania, su antigua aliada, con la promesa de Gran Bretaña de entregarle las costas occidentales de los Balcanes. Al concluir la guerra, Italia reclamó su deuda, pero sólo recibió un minúsculo territorio alrededor de la ciudad de Trieste. Italia había perdido 500.000 hombres en la guerra y no había obtenido ningún beneficio  por eso, un débil gobierno italiano, que no puede enfrentarse a los veteranos de guerra que protestaban todos los días en las calles de Italia, y la crisis económica convirtieron a Italia, en uno de los países más atrasados de Europa, incluyendo a su Ejército, factor que le traería muchos problemas durante la II Guerra Mundial.

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[1] Se denomina Plan Schlieffen al plan propuesto durante la Primera Guerra Mundial por el jefe del Estado Mayor del II Reich alemán, Alfred Graf von Schlieffen. El plan consistía en que Alemania sacrificaría en el este la Prusia Oriental y se retiraría al Bajo Vístula, en beneficio de un poderoso frente ofensivo en la frontera francesa. El Ejército Alemán movilizaría 1.500.000 hombres para el ataque en el Oeste, mientras mantendría 500.000 en el Este para rechazar el ataque de los rusos, que sumaban 2.700.000 hombres. Los franceses y británicos movilizarían cerca de 3.901.000 hombres en las primeras semanas para rechazar al enemigo. El grueso de sus fuerzas atravesaría Bélgica, para emprender luego —desde el norte y con el máximo de medios en el ala derecha— una ofensiva para cercar al ejército francés, destinada a la destrucción total de las tropas aliadas. Una vez conseguido este objetivo, deberían volverse hacia la frontera rusa, cuya movilización militar sería más lenta.

[2] La estrategia militar francesa ofensiva en la Primera Guerra Mundial conocida como Plan XVII fue creada inicialmente por Ferdinand Foch. El plan consistía en utilizar la fuerza bruta y una creencia mística en el espíritu de lucha francés o “élan“. La pérdida de las provincias de Alsacia y Lorena ante el Imperio Alemán en 1871 había creado el sentimiento de revancha francés, siendo uno de los principales objetivos del Plan XVII recobrar dichas provincias. El general Joseph Joffre adoptó este plan cuando se desempeñó como comandante en jefe en 1911. Para hacer esto, cuatro ejércitos franceses avanzarían por ambos lados de Metz y de Thionville. Esto dejaba solamente un ejército para defender el norte de Francia, ya que los planificadores franceses estaban convencidos de que el Imperio alemán no invadiría Francia a través de Bélgica, pues esto conduciría a la participación británica en el conflicto (en el Tratado de Londres (1839), el Reino Unido había garantizado la neutralidad e independencia del territorio belga). Desafortunadamente para Francia, los alemanes miraron el Tratado de Londres como “un papel inservible” (y pensaban que los británicos harían lo mismo) y aplicaron su Plan Schlieffen, creado para realizar un ataque a través de Bélgica y del norte de Francia para cercar París. Cuando la guerra estalló en 1914, la ejecución del Plan XVII terminó en un total fracaso. La defensa alemana de la Alsacia-Lorena resultó ser más efectiva de lo esperado, y en pocas semanas, Francia estaba de regreso en sus posiciones iniciales; mientras, los alemanes habían avanzado por Bélgica y el norte de Francia casi sin oposición y amenazaban París, como lo habían previsto en el Plan Schlieffen. El hecho de que el Alto comando alemán había dividido sus tropas (enviando una parte hacia el Frente Oriental, y otra hacia un contraataque fallido en la Alsacia-Lorena, que fue repelido), permitió que Francia y sus aliados británicos (los que habían adherido al Tratado de Londres y declarado la guerra al Imperio Alemán después de la invasión de Bélgica) detuvieran el avance alemán en la Batalla del Marne.

[3] Aníbal Barcaconocido generalmente como Aníbal, nacido en el 247 a. C. en Cartago (al norte de Túnez) y fallecido en el 183 a. C. en Bitinia (cerca de Bursa, en Turquía), fue un general y estadista cartaginés, considerado como uno de los más grandes estrategas militares de la Historia. Su vida transcurrió en el conflictivo período en el que Roma estableció su supremacía en la cuenca mediterránea, en detrimento de otras potencias como la propia República cartaginesa, Macedonia, Siracusa y el Imperio seléucida. Fue uno de los generales más activos de la Segunda Guerra Púnica, en la que llevó a cabo una de las hazañas militares más audaces de la Antigüedad: Aníbal y su ejército, en el que se incluían elefantes de guerra, partieron de Hispania y atravesaron los Pirineos y los Alpes con el objetivo de conquistar el norte de Italia. Allí derrotó a los romanos en grandes batallas campales como la del lago Trasimeno o la de Cannas, que aún se estudia en academias militares en la actualidad. A pesar de su brillante movimiento, Aníbal no llegó a capturar Roma. Existen diversas opiniones entre los historiadores, que van desde carencias materiales de Aníbal en máquinas de asedio a consideraciones políticas que defienden que la intención de Aníbal no era tomar Roma, sino obligarla a rendirse. No obstante, Aníbal logró mantener un ejército en Italia durante más de una década, recibiendo escasos refuerzos. Tras la invasión de África por parte de Publio Cornelio Escipión el Africano, el Senado púnico le llamó de vuelta a Cartago, donde fue finalmente derrotado por Escipión en la batalla de Zama. El historiador militar Theodore Ayrault Dodge le llamó «padre de la estrategia». Fue admirado incluso por sus enemigos —Cornelio Nepote le bautizó como «el más grande de los generales» —, de hecho, su mayor enemigo, Roma, adaptó ciertos elementos de sus tácticas militares a su propio acervo estratégico. Su legado militar le confirió una sólida reputación en el mundo moderno y ha sido considerado como un gran estratega por grandes militares como Napoleón I o Arthur Wellesley, el duque de Wellington. Su vida ha sido objeto de muchas películas y documentales. Bernard Werber le rinde homenaje a través del personaje del «Libertador», y de un artículo en L’Encyclopédie du savoir relatif et absolu mencionada en su obra Le Souffle des dieux.

[4] La batalla de Cannas (o Cannæ) tuvo lugar el 2 de agosto del año 216 a. C., entre el ejército púnico, comandado por Aníbal Barca, y las tropas romanas, dirigidas por los cónsules Cayo Terencio Varrón y Lucio Emilio Paulo, en el marco de la Segunda Guerra Púnica. Desarrollada en la ciudad de Cannas, en Apulia, al sudeste de Italia, la batalla terminó con la victoria del ejército cartaginés, a pesar de la acusada inferioridad numérica de éstos. Tras la misma, Capua y varias otras ciudades estado italianas abandonaron el bando de la República romana. Aunque la batalla no supuso la victoria final cartaginesa en la Segunda Guerra Púnica, se la recuerda como uno de los más grandes eventos de táctica militar en la historia, y la más grande derrota de la historia de Roma. Tras recuperarse de las pérdidas de las anteriores batallas y, en concreto, de la batalla del Trebia (218 a. C.) y la batalla del Lago Trasimeno (217 a. C.), los romanos decidieron enfrentarse a Aníbal en Cannas con aproximadamente 87 000 soldados romanos y aliados. Con su ala derecha desplegada cerca del río Aufidus (hoy llamado río Ofanto), los romanos colocaron a su caballería en los flancos y agruparon su infantería pesada en el centro, en una formación con mayor profundidad de lo normal. Para contrarrestar ese plan, Aníbal utilizó una táctica de tenaza: tras colocar a la infantería, en la que confiaba menos, en el centro, con los flancos compuestos de caballería cartaginesa, sus líneas fueron adoptando una forma de luna creciente, haciendo avanzar a sus tropas veteranas de los laterales. En el momento álgido de la batalla, las tropas cartaginesas del centro de la formación se retiraron ante el avance de los romanos y, al avanzar éstos, se encontraron sin darse cuenta dentro de un largo arco de enemigos que les rodeaban. Atacados desde todos los flancos y sin vía de escape, el ejército romano fue destruido. Se estima que entre 60 000 y 70 000 romanos murieron o fueron capturados en Cannas, incluyendo al cónsul Lucio Emilio Paulo y a ochenta senadores romanos.

[5] Helmuth Johann Ludwig von Moltke (Gersdorf, 25 de mayo de 1848 – Berlín, 18 de junio de 1916), también conocido como Moltke el Joven, fue un sobrino de Helmuth von Moltke y sirvió como jefe del estado mayor entre 1906 y 1914. Su papel en el desarrollo de los planes de guerra alemanes y la instigación de la Primera Guerra Mundial son muy controvertidos

[6] Ha habido dos combates que reciben el nombre de Batalla del Marne, ambos en el curso de la Primera Guerra Mundial. El término designa en general a la primera, que sucedió en el otoño de 1914. La batalla se desarrolló del 5 al 9 de septiembre y marca el fracaso del plan Schlieffen y el comienzo de la guerra de posiciones o de trincheras. Los alemanes llegaron al Marne y amenazaron con encerrar a los ejércitos del este el 2 de septiembre. Gracias a los primeros aviones, que hicieron su aparición en el campo militar como simples observadores, los franceses se dieron cuenta de la amenaza. El general Joffre creó un nuevo ejército en París. Además una transmisión de radio alemana fue detectada gracias a la antena de 24 m colocada justo en la cúspide de la Torre Eiffel. En dicha transmisión, que por error no se envió codificada, se transmitía que el ejército alemán estaba bloqueado debido al agotamiento de sus tropas. El 5 de septiembre, el VI Ejército Francés, comandado por el general Maunoury, inició el combate contra el I Ejército Alemán, al mando del general von Kluck, entre Nanteuil-le-Haudouin y Meaux. El general Joseph Gallieni, gobernador de París, reunió a todos los taxis de la ciudad (unos 600, Renault AG principalmente) para enviar con urgencia 6.000 reservistas al campo de batalla, donde el general Maunoury sufría un violento ataque alemán el 7 de septiembre. Las tropas alemanas, más expuestas, menos numerosas y alejadas de sus bases, cedieron y se replegaron el 10 de septiembre hasta el 13 de septiembre.

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[7] La Primera Guerra Mundial, también llamada la Gran Guerra, se desarrolló entre el 28 de julio de 1914 y el 11 de noviembre de 1918. Involucró a todas las grandes potencias del mundo, que se alinearon en dos bandos enfrentados: por un lado, los Aliados de la Triple Entente, y, por otro, las Potencias Centrales de la Triple Alianza. En el transcurso del conflicto fueron movilizados más de 70 millones de militares, incluidos 60 millones de europeos, lo que lo convierte en una de las mayores guerras de la Historia. Murieron más de 9 millones de combatientes,[] muchos a causa de los avances tecnológicos de la industria armamentística, que hizo estragos contra una infantería que fue usada de forma masiva y temeraria. El asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero del trono del Imperio austro-húngaro, el 28 de junio de 1914 en Sarajevo, fue el detonante inmediato de la guerra, pero las causas subyacentes jugaron un papel decisivo, esencialmente el imperialismo de las políticas exteriores de grandes potencias europeas como el Imperio Alemán, el Imperio austro-húngaro, el Imperio Otomano, el Imperio Ruso, el Imperio Británico, Francia e Italia. El asesinato de Francisco Fernando por el nacionalista serbobosnio Gavrilo Princip dio como resultado un ultimátum de los Habsburgo al Reino de Serbia. Las potencias europeas invocaron diversas alianzas formadas años y décadas atrás, por lo que sólo unas semanas después del magnicidio las grandes potencias estaban en guerra. A través de sus colonias, el conflicto pronto prendió por el mundo. El 28 de julio, el conflicto dio comienzo con la invasión de Serbia por Austria-Hungría, seguida de la invasión de Bélgica, Luxemburgo y Francia por el Imperio Alemán, y el ataque de Rusia contra Alemania. Tras el avance alemán en dirección a París se llegó a un alto, y el Frente Occidental se estabilizó en una guerra estática de desgaste basada en una extensa red de trincheras que apenas sufrió variaciones significativas hasta 1917. En el frente oriental, el ejército ruso luchó satisfactoriamente contra Austria-Hungría, pero fue obligado a retirarse por el ejército alemán. Se abrieron frentes adicionales tras la entrada en la guerra del Imperio Otomano en 1914, Italia y Bulgaria en 1915 y Rumania en 1916. El Imperio ruso colapsó en 1917 debido a la Revolución de Octubre, tras lo que dejó la guerra. Después de una ofensiva alemana a lo largo del Frente Occidental en 1918, las fuerzas de los Estados Unidos entraron en las trincheras y los Aliados de la Triple Entente hicieron retroceder al ejército alemán en una serie de exitosas ofensivas. Tras la Revolución de Noviembre de 1918 que forzó la abdicación del Káiser, Alemania aceptó el armisticio el 11 del mismo mes. Al final de la guerra cuatro potencias imperiales, los Imperios Alemán, Ruso, Austro-Húngaro y Otomano, habían sido derrotados militar y políticamente y desaparecieron. Los imperios alemán y ruso perdieron una gran cantidad de territorios, mientras que el austro-húngaro y el otomano fueron completamente disueltos. El mapa de Europa Central fue redibujado con nuevos y pequeños estados y se creó la Sociedad de Naciones con la esperanza de prevenir otro conflicto similar. Los nacionalismos europeos, espoleados por la guerra y la disolución de los imperios, las repercusiones de la derrota alemana y los problemas con el Tratado de Versalles se consideran generalmente como factores del comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

[8] Se conoce como guerra de movimientos a una fase de la Primera Guerra Mundial que tuvo lugar en 1914, llevada a cabo por Alemania, que pretendía derrotar a Francia para posteriormente centrarse en Rusia, mediante una estrategia de desplazamientos rápidos de material y de tronco En el frente occidental, los alemanes, pretendían una guerra rápida, clave para su victoria, siguiendo las previsiones del plan Schlieffen, basado en el cálculo de que el ejército Ruso, necesitaría varias semanas para colocar en el frente toda su potencia. Los alemanes invaden Bélgica el 4 de agosto y se lanzan sobre Francia, donde el mariscal Joffre lleva a cabo un contra ataque desesperado que logró contener el avance alemán en el río Marne en el mes de septiembre de 1914. Con esta batalla los franceses consiguen que los alemanes se retiren de parte del territorio que habían conquistado. A partir de ese momento ambos ejércitos se establecieron en sólidas líneas defensivas. De esta manera comenzó en el oeste la guerra de trincheras, que sustituyo a la inicial guerra de movimientos.

[9] Joseph Jacques Césaire Joffre, (12 de enero de 1852 – 3 de enero de 1931) fue un militar francés. Comandante en Jefe del Ejército Francés de la Primera Guerra Mundial, durante los años 1914 y 1916. Principalmente conocido por la retirada del Ejército Aliado y la derrota alemana en la Primera Batalla del Marne en 1914. Debido a su popularidad se le dio el apodo de Papa Joffre. Joffre nació en Rivesaltes, Rosellón, de familia catalana. Cursó los estudios primarios en su pueblo natal y los secundarios en el Liceo François Aragó de Perpiñán. Ingresó en la École polytechnique (Escuela Politécnica) en 1870 para convertirse en oficial de carrera. Sirvió activamente durante el Sitio de París en la Guerra Franco-Prusiana y en las colonias francesas como ingeniero militar. A su regreso a Francia, fue nombrado Comandante en Jefe del Ejército Francés (1911), tras la declinación de Joseph Gallieni, adoptando la estrategia ideada por Ferdinand Foch conocida como Plan XVII. Joffre fue nombrado Comandante a pesar de nunca haber comandado un ejército y habiendo sido mal evaluado anteriormente. Al estallido de la guerra, el plan francés cayó estrepitosamente con el Plan Schlieffen de Alemania. Joffre auxilió a revertir la situación mediante retiradas y contra-ataques en la Batalla del Marne. Combinó las divisiones 9ª y 10ª del ejército dentro de la 6ª durante dos semanas regresándolas a la división de Gallieni. Después de la tremenda derrota de Verdún y la ofensiva Anglo-Francesa en el Somme, fue reemplazado por el General Robert Nivelle, el 13 de diciembre de 1916. Como aún era popular, fue nombrado Mariscal de Francia, el primer hombre en recibir ese rango durante la Tercera República, sin embargo su papel fue menos que ceremonial. Fue director de la misión militar francesa a Estados Unidos en 1917 y líder del Concilio Supremo de Guerra en 1918. Ese mismo año Canadá nombró al Monte Joffre en homenaje a él. Se retiró en 1919 y fue nombrado miembro de la Academia Francesa. Había sido también investido Gran Cruz de la Legión de Honor y Caballero de la Orden del Baño del Reino Unido. En 1920 presidió los Juegos Florales de Barcelona, el tradicional concurso literario catalán. Muere el 3 de enero de 1931 en París y es enterrado en Louveciennes. Sus memorias, de dos volúmenes, fueron publicadas póstumamente en 1932.

[10] La Batalla de Tannenberg de 1914 enfrentó a los Imperios Ruso (I y II Ejércitos) y Alemán (VIII Ejército) al comienzo de la Primera Guerra Mundial. Este enfrentamiento resultó ser uno de los más decisivos enfrentamientos de toda la Guerra, y tuvo lugar del 23 de agosto al 2 de septiembre de 1914. La batalla tuvo como consecuencia la casi total aniquilación del II Ejército, y una serie de batallas inmediatamente posteriores destruyeron la mayor parte del I Ejército también, lo cual dejó a los rusos tambaleantes hasta la primavera de 1915. Este enfrentamiento es notable por la rápida movilización de tropas alemanas por tren, lo cual permitió a un solo ejército presentar un único frente de batalla contra un ejército ruso mayor.

[11] La Primera Batalla de Los Lagos Masurianos fue una batalla de la Primera Guerra Mundial disputada entre el 8º Ejército Alemán y el 1º Ejército Ruso en Prusia del Este desde el 9 al 14 de septiembre de 1914. La Primera Batalla de Los Lagos Masurianos fue la segunda victoria alemana en el frente oriental sobre los rusos. Después de haber acertado un duro golpe al 2º Ejército Ruso al mando del General Samsonov en la Batalla de Tannenberg, el 8º Ejército Alemán de Paul von Hindenburg giró su atención al 1º Ejército Ruso al mando del General Rennenkampf (ruso, de origen alemán). Hindenburg planeaba realizar un maniobra envolvente sorbre el 1º Ejército de Rennenkampf, perforando las líneas rusas en un punto débil. Para ello, 8º Ejército Alemán contaba con 21 divisiones, de las cuales 18 eran de infantería y tres cabellería. El 1º Ejército Ruso se encontraba avanzando entre Königsberg y Los Lagos Masurianos. Sin embargo cuando su comandante Rennenkampf se enteró de la derrota del 2º Ejército de Samsonov en Tannenberg, ordenó a sus tropas a retroceder a una posición más firme entre el sur de las costas del Mar Báltico y Angerburg. Los alemanes realizaron un ataque preliminar el 7 de septiembre, el cual duró dos días, desde ambos lados de los lagos del sur. Su objetivo era empujar a los rusos hacia las costas. Ante este ataque temprano, las primeras unidades rusas se desperdigaron y los alemanes continuaron avanzando in dirección norte, en busca del cuerpo principal del 1º Ejército. Rennenkampf, quien temía ser rodeado, ordenó a sus tropas retroceder aun más el 9 de septiembre, realizando pequeños contraataque para cubrir su retirada más al este. Sin embargo el 11 de septiembre las tropas rusas con muchas bajas ya habían retrocedido a una línea entre Intersburg y Angerburg. Ante el constante avance alemán, Rennenkampf ordenó una gran retirada general hacia territorio ruso. El día 14 de septiembre, Hindenburg ordenó a sus alas acelerar la marcha, pero los rusos pudieron escaparse, aunque a un gran costo. Tras la Batalla de Los Lagos Masurianos Prusia del Este había sido liberada de tropas rusas. El diezmado 1º Ejército Ruso sufrió 125.000 bajas y la pérdida de muchas piezas de artillería y equipos militares que fueron abandonados en la marcha forzada para escapar de los alemanes.

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[12] Ferdinand Foch (2 de octubre de 1851 – 20 de marzo de 1929). Mariscal de Campo francés, Comandante en jefe de los ejércitos Aliados durante la Primera Guerra Mundial. Nace en Tarbes, Francia. Se alista en la infantería francesa en 1870, combatiendo en la Guerra Franco-Prusiana. En 1871 ingresa en la academia militar francesa siendo destinado al arma de artillería en 1873. Publicó “Des Principes de la Guerre” (“Los Principios de la Guerra”) en 1903 y “De la Conduite de la Guerre” (“Sobre el Desarrollo de la Guerra”) en 1904. Tras estallar la Primera Guerra Mundial, manda el XXX Cuerpo de ejército en Nancy en agosto de 1914. Contuvo el avance de las fuerzas alemanas durante la Ofensiva de Primavera de 1918 en la Segunda Batalla del Marne, en julio de 1918, lanzando el contraataque que se convertiría en la semilla de la derrota germana. En julio de 1918 fue nombrado Mariscal de Francia, y más tarde aceptó la rendición alemana en noviembre. Tanto por su consejo durante la Guerra Polaco-Bolchevique de 1920 como por la presión sobre Alemania durante la revuelta en Polonia, en 1923, fue honrado con el título de Mariscal de Polonia. También fue nombrado Mariscal de Campo Británico en 1919. Expresó su descontento sobre el Tratado de Versalles al manifestar y profetizar sobre aquel con la famosa frase: “Este no es un tratado de paz, sino un armisticio de veinte años” Cuando el Armisticio de Compiègne fue convertido en memorial nacional, se erigió en el lugar una estatua en honor a Foch. (anecdóticamente, la estatua de Foch fue el único monumento dejado indemne por los nazis, tras la destrucción exhaustiva del lugar, destinada a privar a los franceses de cualquier recordatorio del armisticio de 1918). Su nombre fue utilizado para bautizar al portaaviones FS Foch.

[13] La independencia de facto de Bélgica se había establecido tras nueve años de combates intermitentes, período conocido como la Revolución Belga. El Tratado de Londres de 1839, llamado también la Convención de 1839, se firmó el 19 de abril de 1839. En este tratado las potencias europeas (el Reino Unido, Austria, Francia, Prusia, Rusia y los Países Bajos) reconocen oficialmente la independencia y neutralidad de Bélgica. Por insistencia del Reino Unido, su Artículo VII requería que Bélgica permaneciese perpetuamente neutral y, consecuentemente, obligaba a las partes signatarias a resguardar dicha neutralidad en caso de invasión. Desde 1815 Bélgica había sido parte del Reino Unido de los Países Bajos. A partir de la firma del tratado, las provincias del sur se constituyeron en el Reino de Bélgica, mientras que la provincia de Limburgo se dividió en una parte belga y otra holandesa. Lo mismo sucedió con el Gran Ducado de Luxemburgo, repartido entre Bélgica y el actual Luxemburgo, que permaneció hasta 1867 en unión personal con los Países Bajos durante el reinado de Guillermo III de los Países Bajos. La Zelanda Flamenca (Zeeuws-Vlaanderen) fue separada de Bélgica y unida a la provincia holandesa de Zelanda porque los holandeses no querían compartir el control del estuario del Escalda. A cambio tuvieron que garantizar la libre navegación del Escalda hasta el puerto de Amberes.

El Tratado también le garantizaba a Bélgica el derecho de tránsito por ferrocarril o canal a través de territorio holandés, como salida al Ruhr alemán. Este derecho fue reafirmado por la Tribunal Permanente de Arbitraje de La Haya el 24 de mayo de 2005 en una disputa entre Bélgica y los Países Bajos sobre la línea férrea del Ijzeren Rijn (Rin de Hierro). Cuando los alemanes violaron el Tratado al invadir Bélgica en agosto de 1914, el Reino Unido le declaró la guerra (el 4 de ese mes). Cuando el embajador británico le informó los motivos, el canciller alemán Theobald von Bethmann-Hollweg exclamó, al parecer, que no podía creer que fueran a la guerra por un trozo de papel.

[14] Paul Ludwig Hans Anton von Beneckendorff und von Hindenburg (Posen, Reino de Prusia (actualmente Poznań, Polonia); 2 de octubre de 1847 – Neudeck, 2 de agosto de 1934) fue un mariscal de campo del Imperio alemán y segundo presidente de la República de Weimar.

[15] Erich Friedrich Wilhelm Ludendorff (llamado erróneamente Erich von Ludendorff) (9 de abril de 1865 – Tutzing, Baviera, Alemania; 20 de diciembre de 1937) fue un oficial del ejército alemán que destacó como general durante la I Guerra Mundial y que apoyó a Hitler en el Putsch de 1923.

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