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La Guerra global, Los niños del terrorismo

El último informe de Unicef señala que 14 millones de niños se han visto afectados en diferente medida por el conflicto sirio y la guerra desatada por el Estado Islámico (EI) y el yihadismo terrorista. Otras informaciones indican que en Nigeria, Boko Haram, el grupo asociado al EI, ha asesinado a más de 4.000 niños en tres años y que en durante 2017 obligó a 83 menores, en su mayoría niñas secuestradas y violadas, a morir convertidas en bombas humanas. La crisis en Irak, tan estrechamente relacionada con la de Siria, ha obligado a más de 2,8 millones de niños a abandonar sus hogares. Unos 20.000 niños sirios han muerto en la guerra y casi 2 millones malviven refugiados en Líbano, Turquía, Jordania y otros países. A ellos hay que sumar otros 3,6 millones de niños igualmente refugiados.

Los datos facilitados por Unicef y otras organizaciones de derechos humanos y protección de la infancia sobre los efectos de la guerra global dibujan claramente un panorama en el que los niños y las niñas tienen un dramático protagonismo como víctimas de una violencia que ocasionalmente los convierte en obligados verdugos y mártires. Los ideólogos que están detrás del ahora territorialmente fracasado Estado Islámico y de su potentísimo e inalterable mensaje han dedicado desde el primer minuto una especialísima atención a los niños y niñas a su alcance.  A los niños, para convertirlos en instrumentos de matar del presente y del futuro y a las niñas para convertirlas en mártires involuntarias con bombas adosadas a sus cuerpos o en prematuras esposas para orgullosos soldados del califato a los que les han prometido de premio una bella compañera sexual en esta tierra.

El Estado Islámico en su excelente vídeo propagandístico “Flames in War I”, grabación que no falta en el ordenador de cualquier simpatizante yihadista, no descuida a los niños. El documental incluye imágenes que muestran a un grupo de muy pequeños que vestidos de militar leen el Corán en pacífica armonía junto a sus armas. En esta grabación las niñas no aparecen. Las niñas y la mujer son tratadas aparte en las publicaciones del EI o de Al Qaeda (AQ). Su misión es otra o, mejor dicho distinta a la de los varones, aunque no se les niega la proposición de participar activamente en la guerra contra los apóstatas y los infieles.

Las imágenes y grabaciones de niños asesinando prisioneros también forman parte del conjunto de elementos de captación del yihadismo. Los servicios de contraterrorismo occidentales han logrado parcialmente eliminar del nivel convencional de internet muchas de estos contenidos, especialmente las más crudos; pero siempre es posible encontrar alguno de ellos en la red de redes.  Sin embargo estas imágenes junto con otras de extrema crueldad y ensañamiento siguen siendo de consumo obligado por parte de las células auto consideradas del Estado Islámico o de Al Qaeda camufladas por todo el mundo.

La atención sobre los niños no se limita a las zonas convencionales de conflicto como puede ser Siria e Irak, Nigeria, Libia o incluso Afganistán; países en los que se han detectado escuelas coránicas que adoctrinan en el extremismo terrorista. La captación infantil también se dirige ocasionalmente a los niños que viven en occidente. Recientemente se ha sabido del intento de creación de “un ejército de niños yihadistas al este de Londres”,  en palabras del comandante Dean Haydon, jefe de lucha contra el terrorismo en Scotland Yard. El principal protagonista de este episodio de corrupción infantil es Umar Haque, un hombre calificado de extremista peligroso, seguidor del Estado Islámico, acusado de intentar radicalizar a los niños en una mezquita de Ripple Road.

Haque, de 25 años de edad, dio clases de estudios islámicos muy probablemente durante dos años a pesar de no estar formalmente cualificado para ello. Este radical, fiel seguidor de la doctrina que impregna las publicaciones de todo tipo que emanan del EI y AQ supervisó clases de niños de 11 a 14 años, durante las cuales representó ataques contra la policía y mostró a los estudiantes los vídeos referidos anteriormente descritos como de “decapitaciones, sangre, heridas y personas que caen de edificios”. Consta que en alguna ocasión el extremista mostró a sus “alumnos” la exhumación del cadáver un niño y les dijo que el cuerpo que veían estaba deteriorado porque había sido golpeado después de la muerte cuando no pudo responder a las preguntas que le hicieron los ángeles.

Los agentes británicos calculan en más de un centenar los niños afectados por esta intoxicación intelectual, algunos de los cuales están recibiendo ayuda psicológica. Un auxilio similar al que están percibiendo en el Campamento iraquí de Rawanga los niños y niñas, mayoritariamente yazidíes, secuestrados por el EI. Como imitó el extremista de Londres, el Estado Islámico lavó el cerebro de los menores secuestrados en un proceso de adoctrinamiento multitudinario. Los psicólogos que ahora los desprograman nos recuerdan que aunque estos pequeños pueden parecer violentos y agresivos son en realidad víctimas y que ningún niño es insalvable.