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La Resiliencia como Factor de la Decisión

Cor. F. Javier Blasco Robledo (Reserva)
Publicado originalmente en la Revista Ejército, nº 905, septiembre 2016
Es sobradamente conocido por todos que los llamados Factores que profusamente se deben estudiar para fundamentar una Decisión son: la Misión, el Ambiente, el Terreno, el Enemigo y los Medios. Cada uno de ellos tiene una gran correlación con los demás, mucha influencia en la decisión final y pueden llegar a poner en peligro que se pueda adoptar una Decisión con las suficientes garantías de éxito si, tras su completo y veraz estudio, aparecen determinadas incompatibilidades insoslayables. Por ello, todos y cada uno son muy relevantes, e incluso concluyentes.
Los Estados Mayores y las propias Unidades Tácticas se esfuerzan en el estudio de todos ellos con la profusión necesaria y en función del Escalón de referencia en el que, respectivamente, se encuentran para así identificar los elementos de juicio necesarios para la elaboración de diferentes alternativas o Líneas de Acción, con el objetivo de favorecer la toma de decisiones de la forma más acertada y conveniente acorde con el cumplimiento de la misión recibida con la mayor eficiencia.
No quisiera dar rienda suelta a los recuerdos y pensamientos que me vienen a la memoria de mis ya lejanos años como Coronel Profesor Principal del Grupo Específico de Tierra en la Escuela Superior del Ejército (ESFAS) donde dedicábamos mucho tiempo a desgranar el estudio de cada uno de aquellos con todo detalle por entender que, tanto un buen Oficial de Estado Mayor como nuestros Oficiales Generales deben ser conscientes de que no es fácil soslayar el mínimo efecto nocivo o permisivo de cada uno de los factores en ninguna de las Líneas de Acción, ni mucho menos en la elegida finalmente.
No tendríamos tiempo ni espacio para ello y, además, asumo que son partes de un conjunto armónico de sobra conocido por todo aquel que se presta a la lectura de esta revista de prestigio internacional. Hoy quisiera hablar de un concepto, que se presenta como novedoso pero que no es nuevo en absoluto, aunque tiene una implicación directa en todos y cada uno de los anteriormente referidos factores. Me refiero a la Resiliencia; concepto este que a pesar de su relativa juventud como tal, posee ya diversas definiciones y variadas acepciones tanto en el mundo empresarial, social, psicológico así como militar.
Para evitar tener que estudiar todas estas con sus correspondientes matices diferenciadores, quisiera traer a colación una mezcla de varias de ellas, que es lo suficientemente escueta y completa por entender que es la que realmente define el concepto con suficiente claridad.
Así, podríamos definir la Resiliencia como “La capacidad de una Persona, Grupo, Empresa, Ejército, Territorio o Estado para seguir proyectándose en el futuro de forma determinante a pesar de haber sufrido los efectos nocivos de acontecimientos desestabilizadores o padecido una crisis, grandes cambios, la bancarrota o una derrota de cierta relevancia”.
El concepto en sí es muy sencillo, no hace falta grandes cavilaciones para comprenderlo, ni tampoco para entender las repercusiones que esta cualidad, o factor, puede tener en el estudio de la mayoría de los referidos factores de la decisión, aunque a simple vista lo podamos confundir solo como un sinónimo del viejo concepto de capacidad de recuperación o de resistencia del enemigo ante nuestros inesperados embates, o tras los sucesivos o progresivos ataques prolongados en el tiempo de una larga campaña.
En realidad, es bastante más que esto; supone tratar de encontrar en cada factor, las razones, posibles causas o motivos que puedan favorecer determinados cambios precisos con los que el adversario llegue a poner en peligro nuestra propia maniobra. En definitiva, consiste en estudiar, apreciar y valorar dichos factores aunque no solo desde nuestra perspectiva de empleo favorable para maniobrar adecuadamente, sino en tratar de encontrar los peligros que estos puedan suponer sobre aquella por su posible transformación negativa.
Con respecto a la Misión debemos entender que ésta siempre encierra una deseada Situación Final a Alcanzar. Por lo que en función de ella, sería muy conveniente estudiar y conocer las posibles capacidades, y potenciales reacciones civiles y militares en nuestra contra, por parte del adversario a que mantengamos la presencia en su territorio, ejerzamos el control sobre su población civil o manejemos la explotación de sus recursos. Debemos conocer su moral, espíritu de lucha y capacidad de reacción contra el opresor y sobre todo, su grado de aceptación de nuestras formas, usos y costumbres de vida.
No es la primera vez que, tras una verdadera derrota militar, el agravio recibido por ella o la simple presencia del vencedor, con sus costumbres y modos de regir la vida de las personas, son lo suficientemente fuertes y contrarias a su modus vivendi. Esto hace que, si permanecemos en la zona por mucho tiempo, de forma progresiva e irremediablemente, aparezcan reacciones o escaramuzas de baja intensidad que, fácilmente, pueden terminar en la derrota final del ocupante. Baste recordar como ejemplos la presencia rusa en Afganistán o la francesa en España durante la guerra de Independencia.
Ejércitos mal equipados o masas de guerrillas con fuerte convicción, encolerizadas contra el agresor y dotadas de alta moral, pueden llevar al traste, a la derrota y hasta provocar la evacuación de grandes ejércitos, perfectamente organizados y mucho mejor equipados (las dos últimas guerras en Vietnam contra los franceses y contra los norteamericanos al pretender estos cambiar sus sistemas políticos).
Con respecto al Ambiente; fácilmente se puede entender que debido a la gran cantidad de elementos, físicos y humanos que intervienen en él, es un factor que puede ser modificado de muy diversas formas. Un ejemplo muy práctico de ello han sido las reacciones y rechazos de los habitantes de ciertos países musulmanes contra la presencia de soldados occidentales, simplemente por su religión, costumbres y diferentes maneras de entender la vida.
Este aparente simple motivo ha sido causa suficiente, y seguirá siendo, en el origen de revueltas, atentados y emboscadas sobre dichos ocupantes de tal forma que provocan la adopción de elevadas medidas de protección, con el consiguiente retraimiento de capacidades; graves restricciones de movimientos y hasta la salida apresurada de dichos territorios (las dos guerras del Golfo y las últimas misiones en Afganistán).
Es precisamente la importancia de este factor la que, oficialmente, ahora aconseja la no participación masiva de tropas occidentales en la lucha contra el autodenominado Estado Islámico en Iraq y Siria y la que influyó a la hora de la intervención militar aliada en Libia en tiempos de Gadafi.
Aunque la discusión sobre este punto podría ser objeto para un tema de debate aparte, la realidad es que la mayoría de los aliados, y alianzas, consideran que deben ser tropas de países cercanos y hermanos las que lleven a cabo las acciones de combate terrestre, y la ocupación del territorio para evitar graves ofensas sobre estos pueblos, sus razas, y religiones. Con ello, potencialmente, se pretende evitar que se vuelva a rememorar la afrenta realizada sobre aquellas tierras y gentes durante las famosas Cruzadas medievales lo que pueda conllevar a determinadas represalias sobre personas y territorios directamente implicados o no en la contienda
El Terreno, aunque parece que no tenga alma, tiene una gran capacidad de resiliencia, porque sobre él actúan directamente factores climatológicos, que le producen grandes variaciones en cuestión de días e incluso de horas. Estos cambios o trasformaciones pueden favorecer o entorpecer tanto la maniobra propia como las capacidades de reacción del contrario, llegando a constituir un efecto mucho más potente que el del más sofisticado de los armamentos.
Baste recordar que dos de las campañas más importantes en la historia de las guerras mundiales han sufrido los efectos de este fenómeno cambiante y además sobre el mismo terreno. Me estoy claramente refiriendo a Rusia y a las campañas de Napoleón y de Hitler para su conquista. Ambos grandes estrategas, pero que no supieron ver que esta capacidad de cambio brusco del terreno, por motivo de las grandes variaciones en las condiciones climáticas, pudiera ser la causa de las mayores derrotas de sus vidas y contiendas y que, además, se convertirían en el preludio de su decadencia total y absoluta.

Cuadro que refleja lo tremendo de los combates bajo el intenso frio durante el repliegue de las fuerzas francesas del frente ruso
Los grandes y bruscos cambios en el terreno no solo se producen por efectos de la aparición inopinada de fenómenos naturales como el frio, el calor, la lluvia torrencial, los huracanes o las fuertes nevadas. En algunas ocasiones, se pueden producir por el efecto de la mano del hombre como ha consistido en varias campañas con la voladura o toma de puentes estratégicos sobre ríos infranqueables; la ocupación de importantes presas hidráulicas, cortando así el suministro de agua o electricidad a grandes zonas, o la famosa inundación parcial de Holanda en el invierno de 1944, cuando el ejército alemán, en plena retirada, destruyó una parte importante de los diques y puentes holandeses para inundar dicho país al máximo posible e impedir así el avance de tropas aliadas; ocasionando además, una tremenda hambruna entre la población civil, lo que obligó a retraer víveres y enseres a las tropas aliadas con las consiguientes repercusiones en su maniobra
El estudio del terreno debe ser mucho más amplio de lo que a simple vista podría entenderse, se debe realizar desde la perspectiva de su uso y de su posible transformación, tanto por las fuerzas propias como por las enemigas, y nunca debe ceñirse a periodos cortos de tiempo. Por muy bien que las campañas se den inicialmente, nunca se está seguro de que estas acaben en el periodo de tiempo previsto. Y aunque se hayan realizado con éxito, debemos ser plenamente conscientes de los cambios que se pueden producir en el terreno siempre que nuestra presencia, y movimientos sobre él, se prolonguen en el tiempo.
Es sobre el Enemigo donde mejor podemos entender el concepto de resiliencia. La moral y capacidad de sus mandos y de su pueblo en la retaguardia son cualidades a estudiar con todo tipo de detalle. Hace tiempo que los elementos de inteligencia se fijan en ello con mucho cuidado. El análisis profundo de las lecciones aprendidas sobre sus actuaciones pasadas es una herramienta muy útil para la determinación de posibles reacciones por su parte.
El grado de instrucción, experiencia o bisoñez y el adiestramiento de sus tropas; el tiempo que llevan sobre el teatro de combate, su moral y espíritu de lucha; así como el manejo de las posibilidades y el conocimiento que les ofrece su propio terreno pueden hacer muy difíciles e incluso imposibles, algunos planeamientos que, a simple vista, podrían ser los más aconsejables.
No hay que dejar fuera de lugar todas las posibilidades sobre las diferencias en las tácticas, técnicas y procedimientos del enemigo; el grado de formación y experiencia de sus jefes principales así como el tipo de sus reacciones habituales y huir de dejarse caer en la autocomplacencia tras las victorias iniciales propias cuando estas ocurran. Conocer todas estas características y cualidades en detalle es un elemento sustancial para estar en condiciones de poder adelantarse a las acciones o reacciones del contrario en el tiempo, modo y manera más conveniente.
Baste recordar en este punto la reacción alemana en la conocida como la Batalla de la Ardenas durante la II Guerra Mundial cuando los Aliados corrían hacia Berlín en el pleno convencimiento de una fácil victoria y que no había frente a ellos una fuerza suficiente como para poner en peligro su imponente, aunque incipiente despliegue. En este caso, la conjunción de una estrategia y decisión acertada, un potente material no empleado hasta el momento, un terreno despreciado fatalmente por los aliados por segunda vez, al ser considerado como poco favorable al tránsito de Unidades acorazadas, y unas condiciones climáticas favorecedoras para los alemanes, pudieron llegar a ser la causa de una segunda derrota aliada tipo a la que sufrieron en Dunkerque al principio de la contienda

Unidad Acorazada alemana avanzando entre los bosques y protegido por la densa niebla durante la batalla de las Ardenas

Gran parte del éxito obtenido hasta la fecha por el ya mencionado Estado Islámico, se debe a su gran capacidad de resiliencia; llevamos años combatiéndoles con todo tipo y profusión de medios sofisticados muy superiores a los por ellos empleados aunque, a fuer de ser sincero, con resultados variados y bastante alejados de los esperados. A pesar de todo ello, de las diferentes alianzas creadas para combatirles, y los acuerdos internacionales para restringir sus capacidades logísticas con las que puedan alimentar su batalla, se mantienen en gran parte del terreno conquistado y, hasta de vez en cuando, son capaces de resurgir de sus propias cenizas y poner en jaque a los mejores expertos militares internacionales, llegando incluso a recuperar algunas de las zonas pérdidas y restablecer sus medidas de coordinación sin dejar nunca de incrementar sus efectivos, material y medios de financiación.
Hace tan solo unos pocos años, una lucha tan desigual como esta no hubiera sido posible ser mantenida por tanto tiempo por los yihadistas y con tan escasos resultados para los aliados sin la participación coordinada de: los avances de la tecnología, grandes fuentes de financiación, la internacionalización del conflicto, un decisivo liderazgo, el arraigo y apoyo encontrado en las zonas conquistadas una vez saneadas, su capacidad de resistencia, sus fuertes creencias y cohesión y los poco descifrables medios de comunicación que emplean y, en definitiva, a su gran capacidad de resiliencia. No haber valorado adecuadamente este factor, es sin duda, la causa del fracaso de la estrategia adoptada inicialmente para combatirles.
Con referencia a los Medios hay multitud de ejemplos a lo largo de los enfrentamientos y campañas que pueden validar esta realidad, siendo uno de los más espectaculares los avances alcanzados por Alemania tras la Primera Guerra Mundial. La firma del Tratado de Versalles en junio de 1919 implicó para Alemania no sólo su desmembramiento territorial y la aceptación de una elevada deuda, sino un desarme casi total del ejército, y la flota, además debió desmontar la totalidad de su industria de armamento. Pese a ello, trabajando a hurtadillas y con la explotación de sus recursos naturales y tecnologías, fueron capaces de crear, en muy pocos años, el ejército más potente jamás visto hasta la fecha, siendo verdaderamente punteros en todas las Ramas y Armas con la aportación de grandes adelantos en la aviación, la guerra naval, el combate terrestre, los primeros misiles de largo alcance y los adelantos suficientes para la consecución del arma atómica, que más tarde aprovecharon los norteamericanos para sus ataques sobre Hiroshima y Nagasaki.
El estudio de las capacidades de los medios propios y su comparación con los del enemigo debe incluir, sin lugar a dudas, su capacidad de desarrollo industrial y tecnológico; los recursos a su disposición; las alianzas a las que pertenece, los ocultos tratos comerciales, y las posibilidades que tengan de burlar todo tipo de bloqueo o prohibición. Sorprendentes han sido los recientemente descubiertos avances alcanzados por Irán y Corea del Norte quienes, ambos, a pesar de los embargos, bloqueos y prohibiciones internacionales, han sido capaces de desarrollos importantes de armamento variado, misiles de largo alcance e intercontinentales y con respecto a la posible fabricación del arma nuclear.

Uno de los logros iraníes en materia de misiles, a pesar del embargo al que el país se encuentra sometido en este concepto

Los avances tecnológicos, los nuevos combustibles, el grado de precisión y alcance de los actuales misiles, el empleo de eficaces y cada vez más destructivos drones o UAVs, la ciberguerra y las posibilidades de las redes sociales como medio de comunicación rápido, eficaz, y difícilmente detectable en muchos casos, son herramientas que pueden suponer grandes ventajas y posibilidades para la resiliencia de un enemigo considerado menos potente o poco preparado para la guerra convencional.
La capacidad de resiliencia propia también debe ser tenida en consideración por nosotros mismos, ello nos dará una clara visión de nuestra capacidad de reacción y recuperación en todos y cada uno de los aspectos hasta ahora estudiados y debe completarse con el conocimiento del verdadero apoyo y soporte de nuestros pueblos ante campañas que indudablemente supondrán lo que W. Churchill anunció al principio de la segunda Guerra Mundial: “Sangre, Sudor y Lágrimas”. Desconocer lo que piensan al respecto o no estar soportados por un pueblo dispuesto a estos y otros sacrificios supondrá un hándicap para un dirigente que ose entrar en una contienda aunque sea contra un enemigo, “aparentemente” mucho más débil o peor preparado.
La capacidad de resiliencia propia también debe ser tenida en consideración por nosotros mismos, ello nos dará una clara visión de nuestra capacidad de reacción y recuperación en todos y cada uno de los aspectos hasta ahora estudiados, y que debe completarse con el conocimiento del verdadero apoyo y soporte de nuestros pueblos ante campañas que indudablemente supondrán, como sabiamente anunció W. Churchill al principio de la segunda Guerra Mundial, “Sangre, Sudor y Lágrimas”. Desconocer lo que piensan al respecto o no estar soportados por un pueblo dispuesto a estos y otros sacrificios supondrá un hándicap para un dirigente que ose entrar en una contienda, aunque sea contra un enemigo “aparentemente” mucho más débil.
Como consecuencia de todo lo anteriormente expuesto, considero que la Resiliencia posee los méritos suficientes para ser incluida como uno más de los factores de la Decisión aunque tal y como creo haber dibujado, no es un fenómeno realmente nuevo para el estamento militar, lo veníamos estudiando bajo otra denominación al pensar que no se manifiesta o estudia de forma aislada. Una vez aceptada su importancia, debemos entender que al igual que los demás factores, tiene una tremenda interrelación con todos y cada uno de los anteriores.
Su inclusión como un Factor más de los que amoldan la Decisión nos servirá para tenerla siempre presente por su valor intrínseco e importancia durante el estudio parcial de los tradicionales factores y para recordar que, tal y como se está comprobando en los recientes enfrentamientos armados, su presencia y valor es tal que, en ocasiones, puede llegar a ser uno de los más importantes.
La aplicación de este concepto en el ámbito civil, recientemente, ha venido ampliándose a elementos como: el Liderazgo, la Economía, la Inversión Industrial, la Capacidad o la Inteligencia Empresarial, la Empatía y las Relaciones con el Equipo. Aplicaciones, que son tan válidas como todo lo expuesto hasta el momento. Aunque, quisiera dejar bien claro, que así como dicha aplicación sobre estos es aún objeto de estudio y discusión; en el ámbito militar, lo hemos venido aplicando, aunque sin denominarlo como tal, durante siglos y siglos.
La reciente y cada vez mayor aplicación del concepto de resiliencia a elementos como el liderazgo, la economía, la inversión industrial, la inteligencia empresarial, la empatía y la relación con el equipo, son tan válidas como todo lo expuesto hasta el momento. Pero quisiera dejar bien claro que, así como dicha aplicación sobre estos es aún objeto de estudio y discusión, en el ámbito militar lo hemos venido aplicando durante siglos y siglos sin saber que así se llamaba.
Realmente su traducción en estos campos es bien sencilla y muy parecida a la expuesta anteriormente. Muchas veces solo consiste en cambiar algunas palabras como Enemigo por Competencia o Población por Clientela. Por lo que, en definitiva, es un concepto más de los muchos descubiertos, estudiados y aportados por los militares al desarrollo del mundo social y empresarial que, como casi todos aquellos, nació de la necesidad de saber de nuestros tácticos y estrategas para poder afrontar las campañas con mayores garantías de éxito.