# Geoestrategia, Geopolítica

Que será de Turquía I Parte

La noche del pasado 15 de julio asistimos atónitos al quinto intento de golpe de Estado en Turquía en los últimos cincuenta años. Un país que desde 1940 trata de encontrar su camino interno y su proyección externa no sin muchos contratiempos y diversas cortapisas propias o añadidas.  Su larga y tenebrosa historia y pasado, la complejidad de las etnias que complementan sus 80 millones de habitantes, las diferentes tendencias religiosas, su situación geoestratégica, la posibilidad de contar con multitud de recursos naturales y los eternos enemigos que le rodean hacen muy difícil que aquello pueda llegar a buen término.

Es un país en el que la corrupción está muy extendida, los problemas políticos se acentúan con la mezcla de razas, etnias y religiones por lo que le es muy difícil ser querido y apreciado salvo por aquellos que puedan sacar algún provecho de orden económico, militar o de influencia territorial; aunque incluso estos lo hacen tapándose la nariz a la hora de tenderles la mano. Turquía ha heredado muchas fobias de su pasado cuando dirigía el Imperio Otomano que imperaba e influía sobre una gran parte del mundo y que sus hordas y ejércitos participaron en los más importantes conflictos mundiales durante varios siglos. De ahí que estos hechos, unido al carácter retraído, envidioso, ambicioso y poco claro de sus habitantes no sea bien recibido en la mayoría de los foros en los que participa o pretende hacerlo.

Tiene un ansia desmesurada para integrarse en la UE como miembro de pleno derecho lo que provoca el pánico en el seno de la misma por la influencia político-religiosa que su porcentaje de población le otorgaría en los órganos de gobierno de la Unión y la compleja masa de personas que aportaría. Aunque su PIB se viene mejorando con el tiempo, sus necesidades en infraestructuras y elementos de desarrollo de su economía son tantos que absorbería una gran parte de los llamados fondos estructurales durante muchos años. Cualidades todas estas que le hacen poco merecedor de un apoyo masivo a sus intenciones de integración o más bien de una repulsa grande. La mayoría de sus dirigentes se han caracterizado por su energía y decisión al igual que por el retraso en el desarrollo y aplicación de los derechos humanos y en la lucha despiadada contra aquellas poblaciones que se les oponen o reclaman determinados derechos históricos que les fueron abolidos sin piedad.

Mustafa Kemal Atatürk, un oficial del ejército turco y célebre estadista fue el fundador de la República de Turquía; previamente se consagró como general de renombre al mando de una división en la batalla de Galípoli. Tras muchos avatares derivados del desastre para el Imperio por su participación en la Primera Guerra Mundial, la República de Turquía fue fundada el 29 de octubre de 1923, y Kemal elegido como su primer presidente, cargo que conservaría hasta su muerte. Este militar de fuerte carácter, no solo entendió cuál debería ser el camino político para su país, sino que interpretó que el cáncer del mismo estaba en su no laicidad y por ello encargó a modo de testamento, que fuera precisamente el Ejército el garante de dicho precepto para mantenerlo al margen del islamismo. Herencia que todo militar turco recibe como una “orden” venida de su propio “padre”[1] desde sus primeros pasos en las academias militares o en el momento de adquirir su compromiso con la bandera nacional.  Razón esta que ha forjado y fomentado parte de los golpes de estado que ha sufrido el país en los últimos años y aunque habrá que dejar un cierto tiempo al tiempo para proceder a un análisis mucho más cualificado, todo parece apuntar a que podría ser el motivo fundamental que ha impulsado este último golpe fallido aunque otros muchos factores hayan podido influir en ello de forma más o menos proporcional.

Factores tales como los intentos de acaparar todos los poderes en las manos de su actual Presidente, un hombre de colérica disposición, Recep Tayyip Erdoğan quien en sus más de 30 años en política le han llevado a ocupar diversos cargos a todos los niveles e incluso le han costado varios años de cárcel por defender sus ideologías. El odio compulsivo a sus oponentes en general y a los kurdos en particular. Su tirria a los militares a los que considera una casta llena de privilegios y por entender que son y serán sus principales opositores a su máxima aspiración, reinstaurar la islamización de Turquía, por saberlos herederos del mandato de Atatürk y a los que siempre les ve como traidores por lo que les ha purgado en varias ocasiones sin ningún tipo de miramientos. Su política cuasi personal con respecto al conflicto en Siria. Y por último, su forma de imponer su criterio y política sin ningún prejuicio pasando por la destitución de todos aquellos civiles y militares que se oponen o tratan mínimamente de frenarle en sus aspiraciones. Son conocidas sus negociones o más bien imposiciones a la UE para tratar de paliar el problema derivado del flujo de refugiados sobre la misma aprovechando su posición geográfica. Sus coléricas reacciones ante cualquiera que se ponga por delante como en el caso del reciente derribo de un avión ruso en su frontera con Siria. Sus disputas con sus vecinos árabes e Israel con respeto al terrorismo yihadista. Su arrogancia en temas económicos de interés general y sus descalificaciones a todo el mundo cuando se le tacha de no ser defensor de la libertad de prensa o la aplicación de los derechos humanos en sus territorios nacionales y aledaños o cuando se acusa a Turquía de la responsabilidad de la matanza de los armenios entre 1894 y 1896.

Desde que fue nombrado Primer Ministro y ahora como Presidente, Erdogan ha afirmado y mantenido con mucha frecuencia que el destino le ha hecho víctima propiciatoria de múltiples conspiraciones diseñadas especialmente para deponer y destruir tanto a él como a su partido neo islamista actualmente en el poder aunque no con mayoría absoluta, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP). Por lo general, estos supuestos ataques están dirigidas por enemigos residentes en el extranjero. Su particular bestia negra es Fethullah Gülen, un ex aliado suyo y ahora exiliado en Estados Unidos. Aunque otras veces, como ayer mismo, también los busca en clérigos, políticos, juristas  y militares que aún ejercen determinada influencia dentro de su país. Razones estas que le llevan a rodearse constantemente de personas tremendamente leales a los que no duda en deponer a la menor sospecha o pérdida de confianza. Algunos analistas aprecian que este carácter enérgico, duro y casi despreciativo le viene de su dura y pobre infancia en Estambul y de los múltiples problemas que ha tenido que vencer para hacerse un hueco en la política. Pero la verdad, es que sea cual sea la razón de ello, no es suficiente para que ejerza su mando con tanta energía, desconfianza, desprecio y ambición personal. De momento, se desconoce quiénes están verdaderamente detrás del último intento de golpe fallido aunque inicialmente pudo ser efectivo como casi todos los anteriores en su historia. Han sido precisamente las redes sociales y la prensa libre, a las que tiene amordazadas o cuasi cerradas desde hace tiempo, las que han propiciado que llegara su mensaje de boicot al toque de queda decretado por los militares golpistas y que una gran multitud de gente, animada por las insistentes llamadas desde las mezquitas, invadiera las calles y plazas de las grandes ciudades haciendo imposible su control por mucho que los escasos militares realmente implicados lo intentaran.

Aunque es relativamente un tanto precipitado hacer un análisis profundo y no son muchas las informaciones que se han filtrado, por las imágenes difundidas por la propia televisión turca no aparecen entre los detenidos más que personas de poco rango y aunque se menciona un cierto número de generales (sin determinar su graduación) y algunos coroneles, el número total de militares detenidos no llega a 3.000. Es muy raro es que si este hubiera sido de una cierta importancia, la propia CIA no hubiera estado al tanto del mismo, máxime cando EEUU tiene tantos soldados y elementos nacionales desplegados en el terreno y en contacto casi permanente con los militares más influyentes. Otro elemento raro, raro, raro es que los propios servicios de inteligencia turcos no hubieran detectado nada tras pasar por largas temporadas de purgas, arrestos y degradaciones de múltiples militares. Los carros de combate, los aviones y helicópteros de combate y algunas naves no aparecen en medio de la noche y de forma coordinada sin que nadie sepa nada.  Igualmente, las declaraciones de apoyo de los dirigentes internacionales no tardan tanto en hacerse públicas; les había cogido por sorpresa. En cualquier caso, ha sido un golpe mal preparado, muy mal dirigido,  con una participación poco masiva y sin elementos de convencimiento que hicieran que fuera fácilmente aceptado por la población civil como ocurrió en ocasiones anteriores. A pesar de la enorme violencia finalmente desatada y el elevado número de bajas y heridos, no ha servido para nada bueno, aunque sus repercusiones puedan ser fatales para el país. Al contrario, pienso que este fallido intento dará alas a Erdogan para que este tome enormes represalias, porque al final la gente que ha combatido y ganado contra los golpistas se ha mostrado partidaria de su líder por propio convencimiento o porque entienden que ya está bien de golpes militares, demasiados en su historia reciente y que deben ser las urnas y el parlamento los que decidan el camino que debe tomar su país. Aunque puede que la islamización de Turquía haya ya calado tanto, que sea imposible quitársela de encima sea cual sea el sistema que se emplee para intentarlo.

El temor ahora es que le veamos aprovechar los efectos nocivos del levantamiento no sólo para purgar el ejército sino para intensificar su guerra personal contra la minoría kurda en el sureste; fustigar a los políticos de la oposición pro kurda y a otras minorías que no le apoyan; que vea expedito el camino para llevar a cabo sin resistencia política o reticencias en la calle los polémicos cambios constitucionales que persigue desde hace tiempo y que le permitirán mejorar sus poderes presidenciales y aumentar el acoso de su gobierno a los medios independientes, periodistas, académicos, clérigos y juristas. Casualmente ya van por 2.745 los jueces destituidos después del fracaso del golpe. ¿Cuál es la razón de ello? Las propias y muy duras declaraciones de Erdogan a su llegada al aeropuerto de Estambul y que hoy mismo ya haya anunciado la posibilidad de la reinstauración de la pena de muerte en Turquía no son un buen presagio de lo que pueda ocurrir aunque prometió en los primeros momentos que no tomaría represalias contra los que se rindieran.

Todo ello hace indicar que cualquiera, incluso algunos elementos afines al propio Erdogan pueden estar detrás del mini golpe por los importantes beneficios que ello pueda reportar. Es muy posible que Erdogan consiga fácilmente todo lo que se propone y como digo sin resistencia interna alguna e incluso mayores apoyos incondicionales; pero lo peor es que la simpatía internacional que ha creado saliendo al mundo con una fotografía de Atatürk a su espalda y defendiendo la democracia, así como la necesidad que los máximos dirigentes internacionales tienen de él  al igual que los propios  organismos vitales como la OTAN y la UE, la barra libre esté más que asegurada y a partir de ahora mismo todos nos volvamos ciegos y sordos con respecto a lo que ocurra en Turquía y a cierto número de turcos que para su desgracia serán empleados como cabeza de ídem.

[1] No en vano hay que saber que el sobrenombre o título de Atatürk es un nuevo apellido que le asignaron unánimemente a Mustafa Kemal como resultado de la Ley sobre los apellidos de 1934. Anteriormente la población carecía de éste, siendo conocidos por su población de origen u ocupación. Esta ley aprobada por la Asamblea Nacional le adjudicó el apellido de «Atatürk» (que significa «Padre» o «antepasado» turco) el 24 de noviembre de 1934